La vida está llena de incertidumbre: no intentes controlarla, abrázala

Jennifer Delgado
·8 min de lectura
“Para comprender la inseguridad no hay que enfrentarse a ella, sino incorporarla a uno mismo” - Alan Watts [Foto: Getty Creative]
“Para comprender la inseguridad no hay que enfrentarse a ella, sino incorporarla a uno mismo” - Alan Watts [Foto: Getty Creative]

Somos criaturas de hábitos. Nos gusta tener todo – o casi todo – bajo control. Pero a veces la vida nos sacude. Cambian las reglas del juego. Nuestros planes se desmoronan y la incertidumbre llama a la puerta.

En esas situaciones, cuando muchas de las cosas que habíamos dado por sentadas y nos reportaban seguridad revelan su fragilidad, si no somos capaces de gestionar la incertidumbre nos derrumbaremos. Sobrevendrán la ansiedad y la angustia. Y es probable que terminemos tomando malas decisiones apremiados por el deseo de disipar cuanto antes esa sensación de inseguridad que nos invade.

De hecho, nos resulta tan difícil tolerar la incertidumbre que incluso estamos dispuestas a pagar para eliminarla, como demostraron investigadores de la Universidad de Princeton. Sin embargo, la incertidumbre es la única certeza que tenemos en la vida y aprender a abrazarla, en vez de limitarnos a tolerarla, nos traerá múltiples beneficios.

Nuestro cerebro ante la incertidumbre

“En la vida nada es tan importante como crees que es mientras estás pensando en ello” - Daniel Kahneman [Foto: Getty Creative]
“En la vida nada es tan importante como crees que es mientras estás pensando en ello” - Daniel Kahneman [Foto: Getty Creative]

Tenemos la capacidad de proyectarnos hacia el futuro. Podemos imaginar escenarios alternativos, anticiparnos a posibles problemas y buscar soluciones de antemano. Así logramos sentirnos más seguros.

Sin embargo, la incertidumbre interrumpe nuestra capacidad de planificación futura.

Solemos tomar decisiones de cara al futuro en base a nuestras experiencias pasadas. Miramos atrás y analizamos lo que ha funcionado. Hurgamos entre nuestros patrones de respuestas y elegimos el que nos parece más adaptativo.

Pero cuando el futuro es incierto no podemos confiar en las experiencias pasadas porque las reglas del juego no son las mismas. Sin el apoyo del pasado, el futuro parece más amenazante, nos sentimos perdidos y comenzamos a preocuparnos. Nuestro cerebro reacciona ante la incertidumbre activando la respuesta de miedo.

De hecho, cuando neurocientíficos de la Universidad de Tecnología de California analizaron el funcionamiento cerebral de las personas que se veían obligadas a hacer apuestas cada vez más inciertas, comprobaron que cuanta menos información tenían, más irracionales y erráticas se volvían sus decisiones.

A medida que aumentaba el grado de incertidumbre de los escenarios, el cerebro de los participantes cedía el control al sistema límbico, la zona más antigua donde se generan emociones como la ansiedad y el miedo.

Eso significa que cuando nos enfrentamos a la incertidumbre en nuestro cerebro se puede producir un “secuestro emocional” en toda regla. Las estructuras más antiguas toman el mando generando respuestas emocionales inespecíficas y desproporcionadas ante la amenaza.

Así entramos en el círculo vicioso que describieron psicólogos de la Universidad de Virginia: nuestra reacción exagerada ante la incertidumbre nos lleva a percibir los eventos negativos como más desagradables, lo cual alimenta a su vez la angustia y la ansiedad.

La buena noticia es que podemos interrumpir ese mecanismo dando a nuestro pensamiento una dirección más racional.

La incertidumbre no se controla, se acepta

“La incertidumbre es la única certeza que existe. Saber cómo vivir con inseguridad es la única seguridad” - John Allen Paulos [Foto: Getty Creative]
“La incertidumbre es la única certeza que existe. Saber cómo vivir con inseguridad es la única seguridad” - John Allen Paulos [Foto: Getty Creative]

Calmar el sistema límbico y las emociones

Comprender el mecanismo que se desata ante la incertidumbre nos ayudará a reducir la respuesta de ansiedad. Cuando comenzamos a sentir aprensión, miedo o angustia debemos comprender que se trata de una respuesta natural. No necesitamos luchar contra esas emociones sino incorporarlas.

Podemos redirigir nuestra atención de las emociones a los pensamientos para ayudar a nuestro cerebro racional a retomar el control. Un ejercicio sencillo consiste en etiquetar todas las ideas irracionales que acrecientan la ansiedad. Así nos daremos cuenta de que se trata de una respuesta a los escenarios que estamos imaginando, no a la realidad.

Abrazar la incertidumbre como parte de la vida

Todos los días navegamos en un mar de incertidumbre, aunque no seamos plenamente conscientes de ello. Cada día, cuando salimos de casa, no podemos estar seguros al 100% de que volveremos. Cuando tomamos una decisión importante, una pequeña variable que pasamos por alto puede terminar echando por tierra nuestros planes.

La incertidumbre está por doquier. Aceptarla como parte inherente de la vida no nos convertirá en personas más vulnerables, sino que nos permitirá lidiar mejor con los cambios de guion inesperados. Los filósofos estoicos lo llamaban hupexhairesis, una especie de cláusula de reserva en la que asumimos que tenemos cierto control sobre el proceso, pero no sobre los resultados. Como apuntara Séneca: “los comienzos están en nuestra mano, pero la fortuna determina el resultado”.

Abandonar la necesidad de controlar todo

A veces simplemente debemos reconocer que hay momentos en los que no podemos hacer mucho, por más que queramos o nos esforcemos. Hay situaciones que nos sobrepasan, soluciones que no están en nuestras manos. Por eso es importante deshacernos de esa necesidad imperiosa de controlarlo todo y aprender a abrirnos a lo inesperado.

Aceptar nuestras limitaciones no es rendirse. La aceptación es un estado activo en el que conectamos con el presente. No negamos la situación que estamos viviendo, pero tampoco nos ahogamos en las emociones que genera. Decidimos avanzar con el conocimiento que tenemos, siendo conscientes de que todo puede cambiar.

Canalizar la energía hacia lo que se puede hacer

Cuando nos sumergimos en la incertidumbre, es fácil tener la sensación de que todo es incierto, como si todas las certezas que daban forma a nuestro mundo se hubiesen desmoronado, pero generalmente no es así. Para disipar esa sensación podemos hacer un balance de lo que sabemos y lo que no. Recopilar información y centrarnos en lo que realmente está bajo nuestro control.

Enfocarnos en lo que está en nuestras manos nos permitirá ahorrar un tiempo y una energía preciosos que de otra manera malgastaríamos preocupándonos. Cuando el nivel de incertidumbre es elevado quizá no podamos cambiar las circunstancias, pero podemos elegir nuestra actitud, las creencias con las que enfrentamos esa situación y nuestras reacciones emocionales. Y a veces eso es más que suficiente.

“¿Cómo vamos a encontrar seguridad y paz de espíritu en un mundo cuya naturaleza es la inseguridad, la impermanencia y el cambio constante?” – Alan Watts [Foto: Getty Creative]
“¿Cómo vamos a encontrar seguridad y paz de espíritu en un mundo cuya naturaleza es la inseguridad, la impermanencia y el cambio constante?” – Alan Watts [Foto: Getty Creative]

Enfocarse en lo positivo para equilibrar el sesgo pesimista

Tenemos un sesgo atencional hacia lo negativo. Solemos prestar más atención a la información negativa, como reveló un estudio de la Universidad Case de la Reserva Occidental, que a los hechos positivos. Y también tenemos una tendencia a imaginar resultados negativos, lo cual “aumenta nuestra propensión a las respuestas emocionales negativas ante la incertidumbre”, como concluyó un estudio publicado en Frontiers in Psychology.

El temor por el futuro y nuestra tendencia catastrofista añaden más leña al fuego. Para contrarrestar esa propensión a la negatividad debemos centrarnos en las cosas por las que podemos sentirnos agradecidos aquí y ahora. No se trata de abrazar un optimismo ingenuo sino de apreciar todo lo positivo que sigue existiendo en nuestra vida. Así obligamos a nuestro cerebro a salir de la espiral de negatividad que dibuja un escenario gris y nos impide reaccionar de manera adaptativa ante la incertidumbre.

Traer la mente del futuro al presente con la atención plena

Las personas ansiosas tienen alteraciones neuronales que las hacen sobrevalorar las probabilidades de que ocurra un evento negativo o las llevan a exagerar las consecuencias de esos sucesos, arrastrándolas al campo de las expectativas pesimistas, según una investigación de la Universidad Wisconsin–Madison. La atención plena puede ayudarnos a disminuir esa ansiedad basal para gestionar mejor la incertidumbre.

De hecho, un estudio realizado en el Boston College con personas que habían perdido su trabajo encontró que la atención plena redujo el sufrimiento causado por la incertidumbre laboral. Existen diferentes ejercicios de atención plena, una estrategia muy sencilla para traer la mente del futuro al presente consiste en interrumpir las preocupaciones centrándonos en nuestra respiración y en las sensaciones corporales.

Confiar más en nuestra fuerza e intuición

No podemos eliminar la incertidumbre, pero podemos potenciar la autoconfianza. Se trata de creer que, pase lo que pase, seremos capaces de volver a levantarnos. Esa confianza no se basa únicamente en las habilidades que hemos desarrollado sino en nuestra capacidad para adaptarnos. Es la confianza que proviene de la resiliencia y que nos anima a vernos como supervivientes en vez de víctimas en manos de un destino caprichoso.

También debemos aprender a confiar más en nuestro instinto. Un experimento realizado en la Universidad de Ámsterdam concluyó que cuando necesitamos tomar decisiones importantes en un entorno complejo e incierto, nuestra intuición puede ser la mejor brújula. Podemos empezar con cosas pequeñas, de manera que cuando lleguen las grandes encrucijadas de la vida, podamos escuchar alto y claro la voz de la intuición.

Todos estos pasos nos conducen a un cambio de mentalidad en el que ya no necesitamos luchar contra la incertidumbre, sino que la incorporamos a nuestra vida. Entonces podremos jugar con ventaja porque cuando toque a nuestra puerta no solo tendremos los recursos psicológicos necesarios para hacerle frente, sino que incluso podremos zambullirnos en ella para encontrar nuevas oportunidades. La clave radica en comprender que “tú tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza”, como dijera el emperador romano Marco Aurelio.

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