¿Cómo la NBA puede reiniciar un movimiento que parece haber encontrado un obstáculo temporal?

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<em>Miembros de los equipos de baloncesto </em><a href="https://sports.yahoo.com/nba/teams/washington/" data-ylk="slk:Washington Wizards" class="link rapid-noclick-resp"><em>Washington Wizards</em></a><em> y </em><a href="https://sports.yahoo.com/wnba/teams/was" data-ylk="slk:Washington Mystics" class="link rapid-noclick-resp"><em>Washington Mystics</em></a><em> realizan una manifestación para conmemorar el fin de la esclavitud, el 19 de junio de 2020 en Washington, DC. (Michael A. McCoy/Getty Images)</em>
Miembros de los equipos de baloncesto Washington Wizards y Washington Mystics realizan una manifestación para conmemorar el fin de la esclavitud, el 19 de junio de 2020 en Washington, DC. (Michael A. McCoy/Getty Images)

La creencia de Kyrie Irving de que el baloncesto podría superar la emoción, el miedo y la ira de este nuevo movimiento contra la injusticia social ha sido validada por la calma en la que parece estar sumida la nación, tal vez debido a un momento de fatiga.

Los sentimientos amargos e incluso la ira que provocaron las marchas no han sido tan visibles. El llamamiento de “hoy es un buen día para arrestar a los asesinos de Breonna Taylor” ha sido ligeramente silenciado en las redes sociales y prácticamente reemplazado por la discusión sobre la cuerda con un nudo corredizo que le dejaron a Bubba Wallace, quien no estuvo en la carrera de NASCAR durante el fin de semana.

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Ese silencio ilustra la oportunidad que tiene la NBA en las próximas semanas para llamar la atención del mundo como pocos atletas pueden hacer. Los jugadores tienen una influencia social en el público que no tiene ningún otro deporte profesional, por lo que también tienen la responsabilidad de captar su atención, si lo desean.

La NBA podría reiniciar un movimiento que parece haber tropezado con un obstáculo temporal.

Incluso la discusión sobre NASCAR ha revelado cuán limitados pueden ser sus posibles efectos ya que Wallace se encuentra bajo el escrutinio nacional de una manera que LeBron James y otros jugadores de la NBA conocen muy bien porque lo han vivido durante décadas.

En los días que pasaron entre la revelación de la cuerda en el garaje de Wallace y la conclusión de la investigación del FBI, los jugadores de la NBA sumaron fuerzas para apoyar al piloto. Aunque es probable que ni siquiera conociesen su nombre antes de ese día, las imágenes de una cuerda son escalofriantes.

Sus voces amplificadas tienen el poder de usar esa cuerda como un arma para llamar la atención en otros lugares. En California, Georgia, Nueva York, Oregón y Texas han encontrado afroamericanos ahorcados en árboles. Las autoridades declararon que sus muertes eran un suicidio y las archivaron, pero algunos casos están siendo reexaminados debido a que existen fuertes sospechas.

El poder que tienen para pedir un mayor escrutinio e investigaciones es inconmensurable, de manera que pueden llevar el evento desafortunado de Wallace a otro nivel para abrir una nueva discusión con gran influencia.

Su poder se basa en su excelencia atlética, esa excelencia es su mayor apalancamiento ya que la NBA está intentando recuperar desesperadamente los ingresos que le robó la pandemia de COVID-19

Escudarse tras el pretexto del racismo descuenta la ventaja de 400 años que tienen y si alguien necesita un recordatorio, la oposición silenciosa se la dio al protestar con toda su fuerza cuando la investigación del FBI no reveló ningún juego sucio respecto al incidente de Wallace.

Los jugadores tienen un aliado en el comisionado Adam Silver, quien quiere devolver dinero a los propietarios del equipo con este plan de regreso al juego, pero también quiere estar del lado correcto de la historia y está dispuesto a ayudar a los jugadores que deseen avanzar.

Al menos entiende que los jugadores están asumiendo un riesgo para su salud en medio del brote de Florida. Eso les otorga un poder colectivo que no hemos visto en acción desde “La Decisión” de LeBron hace 10 años.

<em>El ex jugador de la NBA Stephen Jackson, amigo de George Floyd, hablando durante un mitin frente al Centro de Gobierno del Condado de Hennepin, el 11 de junio de 2020, en Minneapolis. (Brandon Bell/Getty Images)</em>
El ex jugador de la NBA Stephen Jackson, amigo de George Floyd, hablando durante un mitin frente al Centro de Gobierno del Condado de Hennepin, el 11 de junio de 2020, en Minneapolis. (Brandon Bell/Getty Images)

Incluso parte de la llamada disensión entre los jugadores no es tan mala como parece. Cada movimiento tiene diferentes agendas, peculiaridades e inconsistencias, pero a pesar de eso pueden obtener el resultado deseado. Los jugadores que decidan no entrar en la burbuja tienen una oportunidad por su cuenta: pueden conectarse con los líderes de base que no tienen el megáfono, pero tienen el combustible y la energía necesarios para continuar esta lucha.

La evidencia fue clara desde el inicio cuando las calles ardían y los corazones ignoraban la amenaza del coronavirus para marchar juntos a lo largo de docenas de ciudades estadounidenses. La ira y la audacia eran tan palpables que muchos de los que se opusieron con vehemencia a la protesta pacífica de Colin Kaepernick se dieron cuenta de que no tenía nada que ver con una bandera, sino con cuerpos sin vida en las calles y un acto de ocho minutos y 46 segundos ante el que la nación no podía cerrar los ojos.

Los ojos se volverán hacia Disney World cuando se reinicie la NBA, un contexto donde la excepcionalidad afroamericana se exhibirá en todo su esplendor. Esa excepcionalidad puede ser tan cautivante que incluso los detractores a menudo le prestan atención a esas figuras tan carismáticas que poseerán un poco de tu tiempo.

Ali, Russell, Smith y Carlos eran rostros y portavoces, pero también recibieron la ayuda de quienes se encontraban en la base y conectaron los puntos. No se necesitaba perfección sino intenciones puras.

Eso no significa que Irving se equivoque, al menos no sus intenciones. Esto no debería ser una opción de tomar o dejar, sobre todo porque se espera que algunos jugadores evalúen los riesgos y las cuestiones morales contra la recompensa y concluyan que el juego no vale el peso que les quedará en su conciencia más tarde.

No es erróneo suponer que algunos aprovecharán la primera oportunidad para alejarse del mensaje; habrá muchos que cambien de canal, esos a los que nunca convenceremos.

Pero si el movimiento es tan flexible y maleable como debería, ¿cuántos canales tendrá uno que cambiar para evitar mensajes sobre cuestiones importantes como la brutalidad policial en todas partes, las líneas rojas del mercado inmobiliario en Chicago y Nueva York o las prácticas de contratación desiguales en las grandes urbes?

Muchas personas con un gran poder decisional han formulado declaraciones pre confeccionadas sobre su oposición al racismo, pero no han llegado a responsabilizarse por sus propias acciones. Sentirse satisfechos con permitir que los empleados descansen el Juneteenth como muestra de apoyo eclipsa el verdadero compromiso con el bien común.

Se han derribado muchas estatuas de racistas, pero las estructuras que incentivan el racismo siguen en pie. Notar el ritmo lento no es una crítica ya que al menos no indica satisfacción.

Los movimientos rara vez son lineales. Hay arranques, paradas, reinicios e incluso momentos en los que el enemigo tiene la oportunidad de frenar el impulso. Si este movimiento se ha estancado al lado de la carretera, el regreso de la NBA podría darle un impulso muy necesario en lugar de servir como una distracción innecesaria.

La llamada de atención de los jugadores puede hacer eco en sus patrocinadores para inspirar una verdadera legislación mientras el movimiento va cambiando, sin olvidar sus orígenes.

La belleza de todo esto radica en la naturaleza inesperada de sus raíces, se trata de un estallido espontáneo de emociones de aliados inesperados acompañado por años de frustración de los afroamericanos que se han sentido ignorados en medio de evidencias obvias.

Está programado que los playoffs comiencen en agosto, en Orlando. Es un recordatorio de cuán estratégico pueden llegar a ser.

Muy pocos juegos de playoffs se pueden ganar solamente con la emoción y la ira. Se necesita tiempo, inteligencia y dirección para atacar con precisión en el momento adecuado, sobre todo cuando se lucha a través de treguas.

Vincent Goodwill

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