El confinamiento salva a un caballito de mar de la extinción

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El confinamiento salva a un caballito de mar de la extinción
El confinamiento salva a un caballito de mar de la extinción

Durante el confinamiento al que nos hemos visto obligados a nivel mundial, han salido muchas noticias sobre cómo la naturaleza “se ha reparado” durante nuestra ausencia. Dejando al margen la opinión que tengamos sobre este tipo de discursos, la realidad es que algunas especies y ecosistemas se han visto beneficiados. Un caso claro es el del caballito de mar espinoso (Hippocampus histrix).

En los últimos días se han podido observar hasta 16 de estos curiosos y sorprendentes animales en la zona de la bahía de Studland, cerca de la costa de Dorset. Pueden parecer pocos, pero es la primera vez en más de dos años que se ven estos animales, y para encontrar un grupo tan grande hay que remontarse hasta 2008.

Pero no es sólo que se hayan visto caballitos de mar de esta especie. Es que en el grupo había hembras, juveniles e incluso machos embarazados. Sí, no es un error: machos embarazados, una de esas características únicas de estos animales.

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En los caballitos de mar, el “embarazo” se reparte entre el macho y la hembra. En realidad, no es un embarazo como tal, ya que estos animales – que pertenecen al grupo de los “peces”, a los actinopterigios en concreto – son ovovivíparos: el embrión se desarrolla dentro de un huevo, pero los huevos quedan en el interior de los adultos en lugar de depositarse en un nido o similar.

Pues bien, en los caballitos de mar el desarrollo de los huevos comienza dentro de la madre, y al cabo de un periodo – más o menos largo dependiendo de la especie – la madre se los transfiere al padre, que es quien termina el desarrollo y “da a luz”.

La pregunta que cabe hacerse es ¿por qué han reaparecido los caballitos de mar? Y la respuesta es menos obvia de lo que parece. No es simplemente “porque el ser humano se ha quedado en casa”. Es por la recuperación de las praderas de vegetación subacuática que el caballito de mar necesita para vivir.

Con el confinamiento, la presión sobre estas praderas y el impacto de las actividades humanas se ha reducido. Y estas praderas tienen una sorprendente capacidad para recuperarse. Al hacerlo han permitido que esta especie, que debía estar escondida, haya vuelto a sus hábitats naturales.

Eso sí, parece que realmente estamos viendo un crecimiento de la población, que no es simplemente que los caballitos de mar hayan vuelto a sus hábitats y ahora se les pueda ver. Diferenciar ambas cosas puede resultar complicado desde un punto de vista científico, al menos de momento, pero es la hipótesis, la idea de trabajo, que manejan los conservacionistas.

Y en este caso, es una noticia muy buena. Esta especie está en serio peligro de extinción. De hecho, que no se hubiesen detectado avistamientos en los últimos dos años hacía plantearse a los especialistas si no habría desaparecido por completo de esta zona. Pero, por suerte, no era así.

La duda es qué va a pasar ahora que se acaba el confinamiento – al menos por el momento – y qué lecciones vamos a aprender de todo esto. Evidentemente, no podemos plantearnos desaparecer de los ecosistemas como hemos hecho durante el confinamiento, no sería viable. Pero ser conscientes de lo que implica que reduzcamos nuestro impacto, y los beneficios que esto tiene, no debería costarnos mucho.

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