Coronavirus: ¿conocías esta trágica historia del médico que le pidió a sus compañeros que se lavaran las manos?

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Ignaz Semmelweis fue el primero en sugerir a los médicos que se lavaran las manos para prevenir la propagación de enfermedades. Su teoría fue rechazada, cayó en desgracia y murió en un asilo en 1865.

El doctor Ignaz Semmelweis fue el primero en sugerir que los médicos se lavaran las manos para evitar la propagación de enfermedades
El doctor Ignaz Semmelweis fue el primero en sugerir que los médicos se lavaran las manos para evitar la propagación de enfermedades

En estos días, se ha dedicado más tinta y terabytes de datos al acto de lavarse las manos que a cualquier otro tema. Si bien en la actualidad, lavarse las manos parece lo más lógico para evitar contraer coronavirus, la idea encontró una fuerte oposición al ser presentada por primera vez ante la comunidad médica.

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En la década de 1840, un médico húngaro llamado Ignaz Semmelweis empezó a trabajar en una clínica maternal en Viena. Por aquel entonces, la ciudad estaba paralizada por una misteriosa enfermedad que afectaba a las madres y se cobraba su vida. La enfermedad, conocida como fiebre puerperal, en esa época fue llamada la peste del médico, porque se creía que eran los médicos los que llevaban la muerte a las salas de partos.

Y no se equivocaban.

Ahora bien, el hospital de Viena en el que trabajó el doctor Semmelweis tenía dos salas de partos: una con médicos varones y otra que era atendida por parteras. Al estudiar la tasa de mortalidad, el doctor Semmelweis descubrió que el número de personas que moría en la sala atendida por personal masculino duplicaba al de la atendida por parteras.

Trató de dar una explicación a esto, pero, durante mucho tiempo, no lo pudo identificar. ¿Podría ser que las mujeres se avergonzaran al ser examinadas por un médico varón? ¿Tenía que ver con las posiciones en las que se daba a luz a los bebés? Incluso llegó a preguntarse brevemente si los curas y campanas que había en la clínica tenían algo que ver.

No fue hasta que uno de sus colegas se sintió enfermo y murió tras realizar una autopsia a una víctima de fiebre puerperal que se dio cuenta. Fue entonces cuando empezó a fijarse en las rutinas de los médicos y las parteras. Al final, resultó que había diferencias menores pero importantes en sus rutinas.

Mientras los médicos comenzaban el día realizando autopsias de fallecidos el día anterior, las parteras se negaban a tocar cadáveres o a hacer autopsias. El doctor Semmelweis lanzó la hipótesis de que las partículas minúsculas de los cadáveres eran transferidas a los cuerpos de las mujeres a través de las manos de los médicos. Puso a prueba su hipótesis pidiéndoles a sus colegas que se limpiaran las manos y que desinfectaran los instrumentos con una solución de cal clorada. Como era de esperar, el número de casos de fiebre puerperal disminuyó.

Algunos años después presentó esta hipótesis en la prestigiosa Sociedad Médica de Viena, pero en lugar de recibir aplausos por su trabajo, el doctor Semmelweis fue criticado y su teoría rechazada. ¿Por qué? Porque sus colegas médicos lo vieron como un ataque personal. A cambio, el doctor Semmelweis se negó a publicar sus hallazgos. Mientras tanto, el hospital de Viena donde trabajaba volvió a su antigua praxis a pesar de que se había comprobado que esa era la causa de las muertes. Desilusionado, el doctor Semmelweis se mudó a Pest, en Hungría, donde trabajó en la sala de partos de un hospital e implementó sus prácticas de lavado de manos y desinfección de instrumentos quirúrgicos. Las muertes de madres en los partos seguro se redujeron, pero el doctor Semmelweis no pudo digerir su rechazo en Viena y el rechazo de una teoría, la suya, que había demostrado tener efectos positivos.

Finalmente, en 1865, fue internado en un asilo, donde murió pasados apenas 14 días de su admisión supuestamente tras ser golpeado por los guardias. Se cree que murió de una sepsis causada por las heridas infectadas.

Pasarían años antes de que la cirugía antiséptica se convirtiera en una práctica aceptada y de que la teoría de los gérmenes fuera aceptada en la medicina dominante. A día de hoy, en un momento en el que el mundo lucha contra el coronavirus, casi dos siglos después de su muerte, finalmente nos estamos tomando en serio las palabras del doctor Semmelweis.

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