Hay dos coronavirus en esta epidemia y uno es más temido que otro por su capacidad de contagio

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El coronavirus COVID-19 prosigue su expansión por el mundo y ya está presente en decenas de países. Los casos aumentan, pero sigue siendo China, el principal epicentro de la enfermedad, el lugar en el que más está impactando, seguido de lejos por Corea del Sur, Italia o Irán.

Mientras que el mundo entero intenta frenar los contagios, la ciencia trabaja en conocer más detalles sobre un virus que hasta ahora era desconocido. Más allá de los intentos de las farmacéuticas para obtener una vacuna, los investigadores centran sus esfuerzos en saber de dónde viene el virus, de qué se compone o de qué forma afecta a los seres humanos.

Los científicos estudian el origen del coronavirus (Photo by JALAA MAREY/AFP via Getty Images)
Los científicos estudian el origen del coronavirus (Photo by JALAA MAREY/AFP via Getty Images)
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Un estudio, realizado por la Universidad de Pekín y el Instituto Pasteur de la ciudad, ha arrojado un poco más de luz sobre cómo actúa el COVID-19. Ya se sabía que los coronavirus usan ácido ribonucleico (ARN) como material genético para poder mutar y eso es exactamente lo que ha hecho este virus que tiene en jaque al planeta entero.

Tras analizar 103 genomas secuenciados, utilizando las cepas chinas, los investigadores han concluido que existen dos tipos principales de coronavirus, que están siendo los que causan las infecciones en el mundo.

Por un lado, existe uno más agresivo, denominado L, que produce más contagios y que supone el 70% de los casos; y por el otro, existe uno más suave, al que los científicos han llamado S, que supone el 30% restante de los casos y que es el virus ancestral. Es decir, el coronavirus empezó siendo S (con unos síntomas más leves) y rápidamente mutó a L, con mayor capacidad de extenderse.

Pese a que los datos en un principio suenan alarmantes, lo cierto es que los científicos han asegurado que la cepa L (la más potente) fue más frecuente en las primeras etapas del brote de Wuhan y luego fue disminuyendo desde los primeros días de enero de 2020, probablemente gracias a la acción humana.

Prueba de coronavirus en Wuhan, China (Photo by STR/AFP via Getty Images)
Prueba de coronavirus en Wuhan, China (Photo by STR/AFP via Getty Images)

Los científicos creen que las medidas impuestas en China para detener la propagación del virus pudieron ejercer una presión severa sobre el tipo L que redujo su propagación, mientras que el tipo S, al ser menos agresivo, podría haber recibido menos atención aumentando el número de contagios.

El estudio concluye señalando la necesidad de informes complementarios que combinen datos genómicos, datos epidemiológicos y registros gráficos de los síntomas clínicos de los pacientes con coronavirus.

¿Estos datos se pueden extrapolar a Europa?

Este informe chino ha hallado que existen dos cepas diferentes, pero es difícil saber si en Europa están presentes ambas o no. El estudio se ha hecho solo teniendo en cuenta las circunstancias del país asiático, por lo que para obtener respuesta habría que estudiar las posibles cepas que haya en países como Italia.

Sería lógico pensar, teniendo en cuenta que la capa L (la más agresiva) tuvo sus momentos de mayor auge y proliferación a principios de enero y luego decayó, que en Europa no ha golpeado tanto como en China la versión más peligrosa del coronavirus. Cabe recordar que hasta el mes de febrero no empezaron los primeros casos en el viejo continente.

Los efectos del coronavirus se hacen notar en el turismo italiano. (AP Photo/Francisco Seco)
Los efectos del coronavirus se hacen notar en el turismo italiano. (AP Photo/Francisco Seco)

Otro factor a tener en cuenta es la tasa de mortalidad. Mientras que en China se sitúa entre el 2% y el 4%, en el resto del mundo apenas llega al 0,7% según la OMS. Una de las posibles explicaciones puede ser precisamente que al extranjero ha llegado más la versión debilitada del virus, pero también puede haber otros factores como la calidad del sistema sanitario de otros países respecto a China.

Así pues, la única forma de obtener respuestas y certezas es haciendo esos estudios complementarios para conseguir así que el COVID-19 deje de ser un misterio.

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