El dilema británico sobre el coronavirus: ¿aplicar medidas drásticas o permitir un contagio controlado?

Yahoo Noticias
El dilema de Boris Johnson. ¿Acierta o no con la estrategia que está siguiendo para enfrentarse a la crisis del coronavirus. (Imagen creative commons vista en Flickr / crédito: Chatham House).
El dilema de Boris Johnson. ¿Acierta o no con la estrategia que está siguiendo para enfrentarse a la crisis del coronavirus. (Imagen creative commons vista en Flickr / crédito: Chatham House).

Como un moderno Hamlet que se enfrentase (“he ahí la cuestión”) a un gran dilema, el premier británico Boris Johnson ha vuelto a demostrar con su estrategia anti coronavirus, que la divergencia y el “espléndido aislamiento” siguen siendo las señas de identidad del Reino Unido.

Pragmático como pocos, el primer ministro ha parecido aceptar las tesis de no pocos científicos y economistas: parar el mundo de manera indefinida va a ser imposible. Los beneficios de aplicar medidas de control draconianas, como las que hemos visto en China, son rápidamente perceptibles, pero no definitivas. De hecho hay constancia de que en cuanto las medidas se relajen, el número de contagiados en la potencia asiática volverá a subir como la espuma.

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

¿Entonces qué hacer? Los expertos asesores del premier, los reputados científicos Chris Witty y Patrick Vallance, parecen haberle convencido de que es mejor no luchar contra lo inevitable, y que lo más sencillo es ir ralentizando el golpe. Ya que aún no existe vacuna contra el Covid-19 que permita al pueblo británico ganar inmunidad de grupo a la manera tradicional (como sucede con la gripe estacional) la idea es aplicar una estrategia de templanza y permitir – de forma controlada – que un amplio porcentaje de la población acabe infectada y desarrolle su propia inmunidad.

La idea es arriesgada y se apoya en la creencia de que la mayoría de los infectados sufrirá trastornos leves, anticipando que el pico de la infección llegará en tres meses. Cuando llegue el verano habrá tiempo de tomar medidas de control más estrictas. Según la pareja de reputados expertos, si el 60% de la población desarrolla inmunidad al coronavirus, eso construirá un muro que permita la ansiada inmunidad colectiva. Eso sí, el precio a pagar no será leve y Johnson ha advertido a la población que deben prepararse para la pérdida de seres queridos.

La idea, aunque un tanto contracorriente, no es en absoluto absurda. Tal y como explica el matemático Adam Kucharski en este hilo de twitter, en efecto las medidas de control chinas (que tendrán un gran impacto social y se cobrarán un peaje psicológico en la población) lograron reducir la transmisión alrededor de un 55% en un espacio de dos semanas. Sin embargo hay evidencias que muestran que una gran mayoría de la población de Wuhan (alrededor del 95% según datos de finales de enero pasado) sigue siendo susceptible de contagio, y que en cuanto se levanten las medidas de control se podría producir un nuevo brote con la irrupción de casos importados (ciudadanos que regresan a China desde otros países afectados).

De modo que aunque el resto del mundo, tal y como hemos visto en Italia y ahora en España, va a aplicar medidas agresivas de contención inspiradas en las del gigante asiático, como la clausura de colegios y negocios, el cierre de fronteras y la recomendación a la población de que se quede en casa, lo cierto es que estas no se podrán mantener de forma indefinida. Ni siquiera China podrá hacerlo, a pesar de que allí la oligarquía en el gobierno cuenta con poderes inimaginables en las democracias occidentales.

Representación artística de un coronavirus. (Imagen creative commons vista en Pixabay).
Representación artística de un coronavirus. (Imagen creative commons vista en Pixabay).

¿Entonces qué hacer? La respuesta es cualquier cosa menos sencilla, de ahí el dilema hamletiano al que he hecho referencia. De entre todas las opciones, ninguna de las cuales parece buena, deberemos elegir la opción más efectiva y sostenible para minimizar el riesgo para nuestro sistema de salud, incluso aunque su aplicación pueda resultar extremadamente complicada. Lo fácil es criticar la decisión que tome cada gobierno y pensar que el vecino lo está haciendo mejor.

De hecho en el Reino Unido, que como vemos ha optado por una estrategia encaminada a aplanar la curva de forma sostenida, para que el goteo de enfermos sea constante pero sin provocar acumulaciones, ya hay voces muy críticas con la decisión. Es el caso del profesor Martin Hibberd (experto en enfermedades infecciosas) que ha publicado en Science Media Centre una carta quejándose de la respuesta insuficiente y pidiendo que se haga mucho más, tal y como han hecho los chinos; pero también de Richard Horton, director de la afamada revista médica The Lancet, que afirma que el gobierno británico no está preparando al país para una realidad como la vista en Italia.

¿Quién acertará más en su enfoque? La respuesta es imposible de dar en estos momentos, hay que tener en cuenta que las medidas de control, como el cierre de colegios y el aislamiento voluntario, tardan días en mostrar su efecto. Por tanto los expertos se enfrentan a un sistema inestable, exponencial y con retardo, tal y como explica Kiko Llaneras en este hilo en Twitter.

Y es que falta información sobre el índice de mortalidad, sobre el número de enfermos críticos, sobre el número de infectados asintomáticos, etc. con lo cual decidir qué estrategia es más efectiva es dificilísimo. Solo el tiempo, y los diversos resultados cosechados por cada país lo dirá.

Me enteré leyendo The Guardian y El País.

Otras historias que te pueden interesar:



Otras historias