Las iniciativas en los balcones pueden ser una vía de escape, pero también una molestia

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Los balcones y terrazas -ventanas para quien no tenga ni lo uno ni lo otro- se han convertido en una vía de escape y ocio para el confinamiento por el coronavirus. A las ocho de la noche la cita es fija: toca asomarse para aplaudir en reconocimiento a la labor de los sanitarios en esta crisis. Pero, más allá de aplausos y careroladas ocasionales, hay quien ha tirado de ingenio y llegado a celebrar verdaderas fiestas.

Para animar a los niños -con globos y disfraces-, para proyectar a Pablo Alborán o montar conciertos multitudinarios manteniendo las distancias de seguridad. Sin embargo, lo que a muchos les parece una forma de pasar el tiempo, de hacerlo más llevadero y de, incluso, levantar la moral, puede que sea una verdadera molestia para otros. Las voces en contra comienzan a aflorar a medida que pasan los días.

Las fiestas e iniciativas en los balcones son una vía de escape para la mayoría, pero también un incordio para algunos sectores de la población a los que molesta el ruido y les impide descansar. (Foto: Alvaro Hurtado/NurPhoto via Getty Images)
Las fiestas e iniciativas en los balcones son una vía de escape para la mayoría, pero también un incordio para algunos sectores de la población a los que molesta el ruido y les impide descansar. (Foto: Alvaro Hurtado/NurPhoto via Getty Images)
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Esto ha llevado al Ayuntamiento de San Sebastián a pedir sus vecinos que controlen el volumen de estas fiestas improvisadas porque pueden ser perjudiciales y molestar a colectivos vulnerables. Y lo han hecho tras detectar un aumento de las llamadas para denunciar exceso de ruido de vecinos hartos. El concejal de Seguridad Ciudadana y Protección Civil, Martin Ibabe, en declaraciones recogidas por El Confidencial, ha llamado a la responsabilidad porque este tipo de iniciativas “están penalizando a muchas personas”.

Menciona en su llamado a aquellos enfermos que pasan la cuarentena en casa, a los mayores y también al personal sanitario, que, ha dicho, “está sufriendo una carga extraordinaria de trabajo y que no puede descansar debido a este tipo de situaciones con decibelios excesivos”. Lo que ha pedido no es que cesen del todo estas ‘fiestas’ colectivas y vecinales, si no que, al menos, estas no superen los decibelios permitidos por la ley.

Eso ha ocurrido en San Sebastián, donde el Consistorio se ha pronunciado al respecto, pero lo cierto es que es una queja que no afecta solo a la ciudad donostiarra. Basta con asomarse a Twitter -las redes sociales han aumentado durante esta crisis del coronavirus su función como balcón al que asomarse a expresar las quejas de cada uno-, se pueden encontrar protestas de internautas molestos con esos vecinos que deciden compartir su fiesta con el resto sin preguntar.

A quienes se dedican a poner música a todo volumen, berridos y otros ruidos desde sus balcones: hay trabajadores sanitarios y de otros sectores esenciales que cuando llegan por fin a sus casas es para un merecido descanso antes de continuar con jornadas agotadoras. Respétenlos”, pedía un tuitero hace solo unos días.


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