Jugar en medio de una morgue: la cara menos amable de la NBA

Guillermo Ortiz
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LOS ANGELES, CALIFORNIA - MARCH 10:  LeBron James #23 of the Los Angeles Lakers waits during a 104-102 Brooklyn Nets win at Staples Center on March 10, 2020 in Los Angeles, California. (Photo by Harry How/Getty Images)  NOTE TO USER: User expressly acknowledges and agrees that, by downloading and or using this photograph, User is consenting to the terms and conditions of the Getty Images License Agreement.
Photo by Harry How/Getty Images

El pasado sábado 11 de julio, el complejo Disney World decidió abrir sus puertas a miles de familias y algún que otro nostálgico. Fue un día de celebración, euforia contenida, sables láser y unas medidas de seguridad que la prensa invitada calificó de “excelentes”. A la mañana siguiente, el estado de Florida notificó más de 15.000 nuevos casos de Covid-19 en apenas 24 horas. La situación es tan grave que las autoridades ya no saben qué cerrar y qué dejar abierto. El espectáculo debe continuar como un patinador sorteando ataúdes en la morgue del Palacio de Hielo.

Precisamente en el complejo de Disney World es donde la NBA ha decidido instalar su “burbuja”. Lo llaman así porque los jugadores, equipos y demás personal relacionado pretenden vivir aislados del exterior durante un par de meses, ni más ni menos, ajenos e invulnerables a todo lo que pueda pasar fuera. Hay ahí varios aspectos que suenan mal: de entrada, ¿es eso posible? A ritmo de quince mil casos nuevos por día, ¿hay medidas de seguridad lo suficientemente fuertes para poner dique a una pandemia?

La experiencia de la MLS al respecto no es demasiado esperanzadora. Su decisión de volver coincidió también con una burbuja, en este caso de optimismo mágico. Después de las masacres de Nueva York y Nueva Jersey, Estados Unidos volvió a parecer un país seguro y tranquilo… y el virus se convirtió en una cuestión ajena, de brasileños y mexicanos. Sin embargo, el “timing” de la puesta en marcha no ha podido ser peor: el fútbol ha vuelto en medio del tsunami y ha tenido que volver a medias: el FC Dallas no fue admitido en la competición por sumar hasta nueve positivos en sus filas, poco después fue el Nashville SC el que se retiró del torneo y, este fin de semana, la liga suspendió un DC United-Toronto apenas una hora antes de su inicio por casos de coronavirus en uno de los equipos.

La MLS también eligió una burbuja para garantizar la seguridad de todos y la viabilidad del campeonato. “MLS is back” anunciaban los televisores. ¿Y dónde se estableció esa burbuja? En el complejo Disney World, Orange County, Florida. Sí, el mismo que ha elegido la NBA y donde los tests tendrán que ser inmediatos y continuos mientras la población de a pie hace cola durante horas en su saturado “testing center” de turno. Justo la imagen de multimillonarios privilegiados que ha estado intentando evitar Adam Silver durante meses.

Porque el caso es que no hay industria en el mundo tan preocupada por su imagen como la del baloncesto profesional estadounidense. Los jugadores tienen hasta una lista de causas sociales que pueden defender impresas en sus camisetas. Si todo sigue como está previsto, es probable que en diez días, cuando la liga regular se retome de aquella manera, en Florida estén muriendo unas 100-150 personas al día. El viernes ya fueron 118. Hablamos de una población de 21,5 millones de habitantes. La famosa curva es ahora mismo en el estado del sol y las palmeras una línea recta con la pendiente del Mortirolo. Nada indica que esa tendencia pueda modificarse en tan poco tiempo.

Incluso en el improbable caso de que su burbuja fuera realmente impermeable, que los positivos fueran escasos, aislados y controlables sin tener que mandar a unos Lakers o a unos Clippers a su casa, ¿quiere la NBA ser ese patinador entre ataúdes del que hablábamos en el primer párrafo? ¿Tiene sentido celebrar canastas en el último segundo, pases a playoffs, anillos de campeonato… ajenos al drama de la realidad vecina, así durante dos meses? No hablamos tanto de ética como de estética, ¿se podría realmente llamar “espectáculo” a tal ejercicio de autocomplacencia?

Supongo que es tarde para pensarlo: los equipos ya están ahí, como están los periodistas, enfrascados en el fascinante ejercicio de hacer como si nada. No hay tiempo para arrepentimientos ni reflexiones tardías. La NBA empezará salvo que el virus se adelante. Si terminará, ya no lo sabemos. Hay algo de irrealidad en todo el proyecto que resulta hasta molesta. Algo que nos recuerda a febrero de 2020. Y cuando eso lo dice un aficionado, es que algo está fallando. Todos tenemos sed, pero no todos estamos dispuestos a aceptar sin más la primera botella. La vida. Y, después, el resto.

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