Prepárate: la ola de positivos de deportistas podría ser nuestro septiembre

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BILBAO, SPAIN - JUNE 20: Lorenzo Moron of Real Betis (L) fights for the ball with Unai Nuñez of Athletic Bilbao (R) during the Liga match between Athletic Club and Real Betis Balompie at San Mames Stadium on June 20, 2020 in Bilbao, Spain. Football Stadiums around Europe remain empty due to the Coronavirus Pandemic as Government social distancing laws prohibit fans inside venues resulting in all fixtures being played behind closed doors. (Photo by Ricardo Nogueira/Eurasia Sport Images/Getty Images)
Photo by Ricardo Nogueira/Eurasia Sport Images/Getty Images

Primero fueron los Fuenlabrada, Almería, Zaragoza, Real Madrid, Sevilla... las polémicas voraces y los play-offs de ascenso a primera aplazados. Las responsabilidades y las culpas. Los enfados. Esta semana, coincidiendo con las vacaciones de muchos deportistas, los positivos entre jugadores se han multiplicado: 6 positivos de golpe en el Athletic de Bilbao, 3 en el Alavés, 2 en el Atlético de Madrid, el Celta, el Huesca y el Valencia... y casos sueltos en el Barcelona, el Osasuna, el Valladolid, el Granada. No es una cuestión solo del fútbol, en baloncesto también hemos visto positivos en el Estudiantes, el Fuenlabrada o el Herbalife Gran Canaria, es decir, el virus está por todos lados.

Una de las primeras reacciones populistas -no mayoritaria pero sí ruidosa- ha sido acusar a los jugadores de irresponsabilidad: se les da dos semanas de vacaciones y mira lo que pasa. Bueno, si tenemos en cuenta que el grupo de edad con más afectados en las últimas semanas es el de jóvenes de 20 a 39 años y que el 95% de los deportistas está en esa franja, digamos que de repente se habían convertido en “grupo de riesgo” y que, sí, podrían haber extremado determinadas medidas. Las imágenes de Iñaki Williams en Ibiza de almuerzo con otros miembros de la plantilla no son un gran ejemplo de precaución, como no lo son los testimonios de una cierta velada de boxeo en Marbella.

Ahora bien, ¿hizo Williams o cualquiera de los contagiados algo prohibido? No. ¿Hizo algo, de hecho, que no veamos cada día cuando abrimos Facebook o Instagram? ¿Es su caso comparable al de Djokovic o Dimitrov, de fiesta en medio de un torneo? No lo creo. La “nueva normalidad” mal explicada lleva a estas cosas: a mediados de julio, el virus se disparó por todo el país. Respetó el final de liga y se desmadró, doblando casos durante dos semanas y manteniendo un crecimiento constante desde entonces. Los jugadores se fueron con sus familias o con sus amigos y tuvieron unas vacaciones como las que tendría cualquier chaval de su edad. ¿Deberían poner ellos el cuidado que no ponen las autoridades? No veo que eso sea una exigencia.

La avalancha de positivos es más bien el humo que surge del fuego en el que se está metiendo España. Se dice a menudo que la situación no es la de marzo o abril y es cierto. Ni se le acerca. Claro que lo vivido en marzo y abril se catalogó como “la mayor amenaza a la salud pública en un siglo” y tampoco vas a tener dos el mismo año. La diferencia entre los deportistas y las demás profesiones es que ellos están continuamente controlados. Que cuando vuelven de vacaciones para empezar su trabajo de nuevo, se hacen un test e inmediatamente tienen el resultado, no tienen ni que esperar tres o cuatro días. Que da igual si son sintomáticos o asintomáticos.

Como alguien explicó en Twitter, los deportistas están siendo “el canario en la mina” de este rebrote. El exagerado número de positivos -porque, sí, 22 en una semana solo en la primera división es exagerado- probablemente corresponda a una situación equivalente en el resto del país que aún no se está detectando del todo. Miles de asintomáticos que no están relacionados con ningún caso detectado y que por lo tanto pueden ir transmitiendo el virus no ya en discotecas sino en reuniones familiares, cumpleaños de amigos, oficinas mal ventiladas...

Lo que estamos viendo en el fútbol, en el baloncesto y lo que vimos en su momento en el béisbol o la NFL es exactamente lo que veríamos en septiembre si nos tomáramos en serio la vuelta de las vacaciones o la temida vuelta a los colegios. ¿Cuántos niños y profesores asintomáticos volverán a las aulas en grupos de 20, 25 o 30 sin una prueba que permita descartar nuevos contagios? ¿Tiene sentido que veinticinco futbolistas o quince baloncestistas requieran de un PCR negativo para volver a entrenar juntos pero millones de estudiantes interactúen sin problema en recintos masificados? Obviamente, lo ideal sería que se pudiera hacer el mismo cribado en ambas circunstancias, pero los medios son los que son.

En definitiva, lo que nos queda es dejar de acusar de irresponsable a todo menor de 40 años que pisa una terraza o una playa, denunciar aquello que realmente pasa de castaño oscuro, y prepararse para un otoño caliente. En cuanto al deporte, quizá haya que hacerse a la idea de unos cuantos meses en blanco o para burbujas puntuales tipo NBA o ACB, aunque es difícil saber cómo se puede hacer eso durante meses y meses, evitando contacto de los protagonistas con nadie de fuera. El deporte estará en otoño y en invierno como esté el resto de la sociedad. Hasta cierto punto, ya digo, nos hacen un favor. Nos sirven de alerta temprana.

Otra cosa es el empeño de los organizadores por seguir adelante con las competiciones desoyendo los mandatos de las autoridades sanitarias. Está claro que el show va a continuar mientras haya once jugadores limpios para saltar al campo o cinco preparados para entrar en pista. Es una batalla perdida. A cualquiera de nosotros, si un compañero de trabajo diera positivo nos pondrían en una cuarentena de al menos diez días. A un futbolista, le piden que vaya a Lisboa a ganar la Champions y que no haga demasiadas preguntas. Canarios en la mina.

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