Qué tiene que pasar para que se suspendan los Juegos Olímpicos de Tokio 2020

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En la antigua Olimpia, en Grecia, ya se ha celebrado el tradicional encendido de la antorcha de cara a Tokio 2020. Foto: Milos Bicanski/Getty Images.
En la antigua Olimpia, en Grecia, ya se ha celebrado el tradicional encendido de la antorcha de cara a Tokio 2020. Foto: Milos Bicanski/Getty Images.

A nadie escapa que para este verano, concretamente entre el 24 de julio y el 9 de agosto, está prevista la celebración del mayor acontecimiento deportivo del mundo: los Juegos Olímpicos, que en esta edición corresponden a Tokio. Pocas personas quedarán también que no sepan que un brote de coronavirus se ha convertido en una pandemia global que está paralizando el planeta, incluyendo muchas de las competiciones más importantes. La tentación de entrelazar ambos acontecimientos es tan fuerte que, aunque el propio Comité Olímpico Internacional (COI) por ahora no se lo plantea, ya hasta políticos japoneses han pedido desarrollar algún plan B por si no queda más remedio que suspender los Juegos.

Pero ¿qué tiene que ocurrir para que se llegue a tomar una decisión tan drástica? La iniciativa está en manos del propio COI, que es la entidad de la que, en última instancia, dependen los Juegos. Para entender lo que puede pasar hay que comprender la complejísima burocracia aparejada a un acontecimiento de semejante magnitud.

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El documento del COI que regula, entre otras cosas, los aspectos organizativos es la llamada “Carta Olímpica”. En ella se establece que el país elegido para albergarlos tiene que constituir un Comité Organizador de los Juegos Olímpicos (posiblemente el organismo con el acrónimo más inapropiado del mundo: COJO) en el que están representados tanto el COI como el Comité Olímpico Nacional del país correspondiente, así como las autoridades locales. Este COJO se encarga de todas las tareas logísticas y financieras de los Juegos, excluyendo al COI de cualquier responsabilidad al respecto.

La Carta, así como el contrato firmado entre el COI y el COJO, exige que los Juegos se disputen durante el año natural correspondiente, añadiendo que la no celebración “anula los derechos” de la ciudad sede. De ahí que Japón esté muy interesado en que la convocatoria se mantenga, o que, como mucho, se retrase hasta finales de 2020, cuando se prevé que la situación con el coronavirus se haya estabilizado. Esto supondría un perjuicio importante no solo por los quebraderos de cabeza que implicaría replanificar todo ni para la propia actividad deportiva (ya que en algunos casos supondría una interrupción en la temporada regular), sino también a efectos de llegada de visitantes y turistas que no podrían aprovechar las vacaciones de verano en el hemisferio norte. Aun así, mejor esto que tener que cancelarlos. Otra posibilidad sería retrasarlos uno o dos años y mantenerlos en verano, como ha propuesto Haruyuki Takahashi, uno de los miembros del COJO, en entrevista al Wall Street Journal.

Hay que insistir, de todas formas, en que la decisión última es del COI, quien, en virtud del contrato firmado, tiene la prerrogativa de anular los Juegos si cree que no se dan las condiciones de seguridad necesarias. Y ahora mismo Japón se encuentra en estado de alarma: se ha superado ya la barrera de los 1000 casos de infecciones en una población de 120 millones de habitantes. Proporcionalmente en España estamos mucho peor, pero aun así en Japón también se han tomado medidas extremas parecidas a las nuestras, como la disputa de ligas deportivas sin público o el cierre de escuelas.

Tokio sigue preparándose para acoger los Juegos y sus dirigentes están convencidos de que saldrán adelante. Y en principio el COI también quiere continuar; Thomas Bach, su presidente, aseguró la semana pasada que ni cancelar ni posponer está en sus planes... salvo que lo recomiende la Organización Mundial de la Salud. “A menos que haya una situación mundial que sea tan seria que los Juegos no puedan celebrarse o que las autoridades regulatorias prohíban los viajes o este tipo de cosas, seguiremos adelante (...) Pero sería irresponsable seguir adelante sin tener al menos en mente que algo podría suceder”, dijo Dick Pound, miembro del COI en representación de Canadá. Durante las próximas semanas y meses se monitorizará la evolución del virus y se decidirá al respecto, ya que hay tiempo de sobra para que todo vaya mucho peor... o que se arregle.

Las consecuencias de cancelar unos Juegos serían grandísimas; es algo que solo se ha hecho tres veces en toda la historia: Berlín 1916 se suspendió como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, mientras que, debido a la Segunda, se anuló Helsinki 1940, y Londres 1944 se retrasó otros cuatro años (en estos dos últimos casos también se cancelaron los Juegos de Invierno, que entonces no se celebraban de forma alterna sino los mismos años). Es digno de mención que en Melbourne 1956 ocurrió un hecho que, salvando las distancias, puede compararse a lo que vivimos ahora: una epidemia de fiebre aftosa en caballos había establecido una cuarentena de seis meses para los animales que entraban en Australia, lo que hacía inviable la disputa de las pruebas de equitación. Se solucionó llevándose la hípica a Estocolmo, a 15.000 kilómetros de allí. Si las cosas en Tokio se ponen feas, ¿podría tomarse ejemplo de aquello y llevar los Juegos a otro lugar? Londres se ha ofrecido, aunque es poco probable que ocurriera.

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