Menos correr y más hacer o por qué es absurdo juzgar a Leo Messi por los quilómetros que recorre

Albert Ortega
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BARCELONA, SPAIN - NOVEMBER 07: Lionel Messi of FC Barcelona scores a penalty for his team's third goal during the La Liga Santader match between FC Barcelona and Real Betis at Camp Nou on November 07, 2020 in Barcelona, Spain. Sporting stadiums in Spain remain under strict restrictions due to the Coronavirus Pandemic as Government social distancing laws prohibit fans inside venues resulting in games being played behind closed doors. (Photo by Eric Alonso/Getty Images)
Leo Messi convierte un gol de penalti. (Foto Eric Alonso/Getty Images)

Las críticas exacerbadas se abalanzaron sobre Leo Messi el pasado miércoles tras el encuentro contra el Dinamo de Kiev por no seguir a su defensor en la última jugada del encuentro. El Barça, encallado con el gol, no hallaba la manera de cerrar un partido sencillo ante un rival cargado de bajas. Los de Ronald Koeman llegaban y creaban ocasiones, pero ninguno de sus futbolistas, entre ellos el más decisivo, era capaz de marcar la diferencia en el área rival. Hoy, ante el Betis, sucedía lo mismo, hasta que Leo Messi entró en el terreno de juego para decidir el partido con dos goles y una asistencia sin tocar el balón. Por supuesto, no hubo críticas a su labor sin pelota.

Y es que no tiene sentido medir a Leo Messi al peso. Pensar que el futbolista más determinante de la plantilla debe pasarse el partido persiguiendo rivales de cerca. Corriendo tras el balón y no con él. Primero porque, en caso de hacer eso, el argentino sería incapaz de poder seguir marcando la diferencia desde el regate y el castigo en el área rival a consecuencia del cansancio acumulado y segundo, porque los genios siempre se rigen por normas diferentes. Del mismo modo, para que esta unión sea prolífica, Messi está obligado a seguir pisando el acelerador en la producción ofensiva.

Lo explicaba Pep Guardiola hace un año: “A veces, les dices: ‘no te haré correr 40 metros como al atleta de 20 años del equipo, pero dame una razón para no correr’. Si alguien no corre, pero marca 3 goles en cada partido, puedo aceptar eso, pero solo Leo Messi se acerca a eso”.

El argentino corre tan poco como siempre. Se reserva para el ataque tanto como ha hecho toda la vida. Descansa y administra su fatiga del mismo modo que lleva haciendo prácticamente desde el ecuador de su carrera.

El tema es que cuando pulveriza récords, acribilla porterías y hace saltar todas las alarmas de los sistemas defensivos rivales nadie se fija en la cantidad de esfuerzos defensivos o kilómetros recorridos que ha realizado el ‘10’ culé en el partido.

Del mismo modo que no alberga lógica juzgar al astro rosarino por el número de desmarques al espacio que lanza o los duelos aéreos ganados. No son esos los parámetros adecuados para un genio al que la edad tampoco perdona y lo hace terrenal poco a poco. Porque lo crean o no, Leo Messi sufre el paso del tiempo tanto como el resto de mortales.

A Leo hay que exigirle que siga comandando un equipo demasiado bisoño para andar solo. Que marque la diferencia en el área rival como ha hecho toda la vida. Que si el sistema está ideado para aumentar el ritmo del partido y generar más situaciones de peligro y gol, él sea el multiplicador de esas ocasiones. Que potencie al resto y haga buena la idea gracias a su maquinaria goleadora. En definitiva, que Messi siga siendo Messi hasta que el resto de sus compañeros tengan la capacidad individual necesaria para ganar partidos y coger el relevo. Algo que, Griezmann mediante, aún está por ver.

Si bien es cierto que colocar a Leo Messi en banda derecha en transición defensiva provoca que el rival siempre pueda hallar una vía de escape por ese sector, el equipo debe encontrar los mecanismos defensivos suficientes para compensar esta situación.

Y es que el argentino lleva 3-4 años desentendiéndose de presionar al rival tras perder el balón, pero siempre te va a dar más de lo que te va a restar a base de goles y jugadas imposibles. El equilibrio es la clave para alargar la vida útil de la pieza más crucial en el engranaje culé durante la última década.

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