No, no hay evidencia de que los calvos tengan más riesgo de sufrir síntomas graves de coronavirus

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Zinedine Zidane y Pep Guardiola, dos hombres que no deberían asustarse por su alopecia. (Imagenes creative commons vistas en Wikipedia).
Zinedine Zidane y Pep Guardiola, dos hombres que no deberían asustarse por su alopecia. (Imagenes creative commons vistas en Wikipedia).

Ha vuelto a suceder, un estudio preliminar llevado a cabo con una muestra estadística muy pequeña (apenas 175 pacientes concentrados en una única ciudad) ha generado un titular demasiado bueno como para dejarlo pasar. Tanto es así que muchos medios en España y Estados Unidos no han podido resistirse a publicar sus conclusiones (como muestra un botón).

¿Cuál era ese titular? Los calvos podrían tener un riesgo mayor de sufrir efectos graves por coronavirus. ¡Imaginaos el susto que han debido de llevarse Pep Guardiola y Zinedine Zidane!

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Pese a que la alopecia androgenética y el COVID-19 aparentemente sean dos patologías sin relación alguna, el estudio parecía haber encontrado un nexo de unión: los andrógenos. En efecto, las hormonas sexuales masculinas, ejercen su acción sobre los receptores androgénicos intracelulares presentes en diferentes órganos del cuerpo además de los naturales (próstata y testículos) como son los riñones y pulmones.

¿Pero cómo relacionar la alopecia y el coronavirus? Según el estudio, el vínculo de unión se daría entre los andrógenos y la vía de entrada del COVID a las células pulmonares. Hay que añadir que la tesis inicial no nació en España, sino en Estados Unidos, donde el dermatólogo Andy Goren propuso que los pacientes con formas severas de alopecia androgénica, serían susceptibles de padecer formas de COVID-19 más graves. De hecho, el pre-print aceptado para publicación en la revista dermatológica Journal of the American Academy of Dermatology (JAAD) viene firmado por investigadores de ambos países.

La noticia corrió como la pólvora, más aún si tenemos en cuenta que el trabajo se realizó en nuestro país con pacientes ingresados en tres hospitales públicos de Madrid (casi seguro el Hospital Ramón y Cajal, el Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares y el Hospital Central de la Defensa) entre el 23 de Marzo y el 12 de Abril, cuando más fuerte golpeaba el coronavirus a nuestro sistema sanitario.

¿Pero es verdad o no? Bien, lo cierto es que el estudio no se ajusta a la edad, que es el mayor factor de riesgo en cuanto a la probabilidad de padecer síntomas graves, o incluso de resultar fatal, aunque realiza algunas comparaciones iniciales. Por ejemplo: “los investigadores descubrieron que el 79% de los hombres hospitalizados con coronavirus eran calvos, en comparación con una tasa de calvicie del 31%/53% presente en una población caucásica de edad similar”.

Evidentemente, esas cifras eran demasiado impactantes como para no llamar la atención sobre la relación entre la pérdida del cabello y las oportunidades de padecer una forma grave o fatal de COVID-19. ¡Hasta que caes en la trampa! La fuente en la que se obtuvo ese “31%/53% de personas calvas de edad y raza similar” es un estudio sobre alopecia realizado en Australia en 2003 sobre un grupo de hombres con edades comprendidas entre los 40 y los 69 años. Todo un problema si tenemos en cuenta que los efectos más graves de la COVID-19 se dan en personas con edades por encima de los 70 años.

Lamentablemente (para los autores del estudio) si no tenemos datos precisos sobre el porcentaje de hombres calvos en la población general, diferenciados por grupos de edad, no podemos establecer con claridad esa supuesta correlación entre la pérdida del cabello y las afecciones graves de coronavirus.

Dado que según varios estudios anteriores concluyeron (entre ellos este de 2005 realizado con gemelos daneses) que alrededor de tres cuartas partes de la población septuagenaria masculina caucásica tiene problemas de alopecia, es bastante “de Perogrullo” establecer otra clase de relación. ¿Cuál? Pues que la tasa de “calvicie” observada entre las personas con afecciones severas de COVID-19 del estudio de Madrid, es aproximadamente la que esperaríamos encontrar entre una población general con esas características (es decir entre los mayores).

Por algo habrán añadido esta nota aclaratoria hace apenas dos días, en la que advierten que el estudio no estableció controles por edad:

Actualización del trabajo añadida el pasado 08-06-2020. (Crédito imagen: JAAD).
Actualización del trabajo añadida el pasado 08-06-2020. (Crédito imagen: JAAD).

Además hay que tener en cuenta lo dicho anteriormente, la muestra es escasa y muy concentrada geográficamente. Al mismo tiempo, según aparece en el pre-print “los pacientes fueron examinados aleatoriamente por dermatólogos que ayudaban con la abrumadora cantidad de pacientes ingresados” lo cual, evidentemente, no es el mejor de los escenarios para un trabajo pausado. (Por no citar que se desconoce la composición étnica de la muestra de pacientes de Madrid, que tal vez no sea 100% compatible con la australiana).

Todos estos hechos añadidos dejan abierta la posibilidad de que no estemos ante una muestra verdaderamente representativa de los enfermos de COVID-19.

Resumiendo: soy bastante escéptico con las conclusiones del estudio. No hay por qué echarlo por tierra completamente, pero vendría bien examinar muestras mayores, preferentemente entre pacientes de COVID-19 de grupos étnicos y edades similares, tratados en hospitales de varios países de nuestro entorno.

Hasta ese momento Zidane y Guardiola no deberían perder el sueño por el COVID-19 a causa de su calvicie. Al menos no más de lo que hacemos el resto de mortales, tengamos pelo o no.

Por cosas como esta, algunos colegas (como mi admirado Jorge Alcalde) están ya alertando contra otra pandemia pero de mala ciencia.

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