El silencio (en el bus o el vagón del metro) como escudo frente al coronavirus

Mónica De Haro
·5 min de lectura

Hablar menos en sitios cerrados de aire compartido, como los medios de transporte, ayudaría reducir los contagios por coronavirus. Así lo asegura una investigadora del CSIC que apuesta por el silencio en el metro como el nuevo escudo frente a la Covid-19

(Foto: Getty)
La ventilación es uno de los ejes sobre los que se cimenta la prevención del coronavirus, como en el metro es imposible, los expertos recomienda ir "callados". (Foto: Getty)

Desde que estalló la pandemia, una de las grandes preocupaciones que hemos tenido es la de no saber cuándo y cómo podemos estar expuestos al virus. Cualquier descuido o relajación en las medidas podría suponer un riesgo. Con el paso de los meses, las investigaciones llevadas a cabo han ido arrojando datos que nos han ayudado a protegernos y a evitar la propagación.

En este sentido, cada vez son más los científicos que señalan el aire como la principal vía de contagios de la Covid-19. Por eso ahora acabamos de conocer la última recomendación para reducir el riesgo de contagio: Guardar silencio en el autobús, el metro o cualquier otro medio de transporte. De hecho, el CSIC pide no hablar, ni siquiera por teléfono, en el transporte público.

“Callados y con la mascarilla bien ajustada, el riesgo baja muchísimo”, asegura la investigadora en aerosoles atmosféricos del CSIC, María Cruz Minguillón, en una entrevista en el programa Via Lliure de Rac1. “Sería ideal que en el metro indicaran ‘Silencio siempre’, sugiere.

Más atención a la trasmisión aérea

Cuando hablamos por el móvil en el autobús o el metro, con ruido, tendemos a alzar la voz y chillar mas, por lo que emitimos 50 veces más aerosoles. Esas partículas que expulsamos al hablar o al respirar, los expertos no tienen dudas, son una de las principales vías de contagio.

“La evidencia es apabullante: los aerosoles dominan la transmisión”, confirmó a Nius José Luis Jiménez, profesor de Química y Bioquímica de la Universidad de Colorado en Boulder, quien asegura que el peligro viaja en “esas diminutas partículas que emitimos al hablar o al gritar, incluso al respirar, y que pueden permanecer en el aire durante horas. Si tienen carga vírica y se inhalan, infectan”.

En otra una carta publicada en la revista Science, investigadores estadounidenses liderados por Kimberly A. Prather, del Instituto Scripps de Oceanografía (Estados Unidos), reivindicaban que "existe evidencia abrumadora" de que la inhalación del virus del COVID-19 a través de aerosoles representan "una importante vía de transmisión de la enfermedad".

Además, también se ha confirmado que las gotas que se expulsan al reír, cantar o hablar más fuerte (como al toser o estornudar) son más grandes que los aerosoles que emitimos al hablar o, simplemente, respirar. Y normalmente cuando llevamos la mascarilla y hablamos con alguien que puede ir a nuestro lado en el autobús o el metro, solemos subir el tono de voz para que nos escuche bien. Igual que hacemos al hablar por el móvil.

Desde el inicio de la pandemia nos hemos preguntado si el transporte público es un caldo de cultivo para el virus. La Consejería de Transportes madrileña asegura que el riesgo de contagio se sitúa entre el 1 y el 0,005 % teniendo en cuenta el uso obligatorio de la mascarilla, las desinfecciones intensivas, la renovación de aire en los vehículos y una baja interacción social. Esto último incluye lo de no hablar por el móvil. (Foto: Getty)
Desde el inicio de la pandemia nos hemos preguntado si el transporte público es un caldo de cultivo para el virus. La Consejería de Transportes madrileña asegura que el riesgo de contagio se sitúa entre el 1 y el 0,005 % teniendo en cuenta el uso obligatorio de la mascarilla, las desinfecciones intensivas, la renovación de aire en los vehículos y una baja interacción social. Esto último incluye lo de no hablar por el móvil. (Foto: Getty)

Jiménez, experto en aerosoles, mecánica de fluidos y la contaminación del aire dentro de las casa reconoce que “ha sido un error subestimar la transmisión por aerosoles, porque es lo que está propagando la pandemia” y reclama -junto al resto de la comunidad científica- que que se ponga más énfasis en la lucha contra la transmisión aérea del virus.

La importancia de aclarar la terminología

En este sentido, los científicos advierten que es importante distinguir entre los 'aerosol' y 'gotícula'. Para ello piden tener como base el umbral de los 100 micrones y no de los históricos 5 micrones que servían de referencia. "Este tamaño separa más eficazmente su comportamiento aerodinámico, la capacidad de ser inhalado y la eficacia de las intervenciones", apuntan los investigadores.

Los virus en gotículas (más grandes que 100 um) típicamente caen al suelo en segundos a 2 m de la fuente emisora y pueden ser rociados como pequeñas balas de cañón sobre las personas cercanas. Debido a su limitado alcance de desplazamiento, el distanciamiento físico reduce la exposición a estas gotitas.

Si aún tienes dudas, te recordamos las tres condiciones para que el transporte no sea seguro: <em>"Las aglomeraciones, una mala ventilación y que haya interacción social". </em>(Foto: Getty)
Si aún tienes dudas, te recordamos las tres condiciones para que el transporte no sea seguro: "Las aglomeraciones, una mala ventilación y que haya interacción social". (Foto: Getty)

Por otra parte, -señalan los científicos- los virus que se propagan por aerosoles (menores de 100 microne) pueden permanecer en el aire durante varios segundos e incluso horas, como el humo, y por tanto pueden ser inhalados. Están altamente concentrados cerca de una persona infectada, por lo que pueden infectar más fácilmente a las personas que están cerca.

Y sobre todo, los aerosoles que contienen virus infecciosos pueden propagarse más allá de 2 metros de distancia y acumularse en lugares cerrados y mal ventilados, como el metro, lo que los convierte en grandes agentes propagadores del virus.

De hay que se apueste por la ‘ley del silencio’ cuando viajemos en el transporte público, sobre todo en el metro, donde es prácticamente imposible cumplir con la premisa de la ventilación en espacios cerrados. Y aunque Minguillón admite que en los trayectos cortos se dificulta el contagio, nunca está de más tomar precauciones extra.

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