Nocebo: la posible explicación a los efectos secundarios tras la vacuna

Miguel Artime
·4 min de lectura
Vacunando contra el COVID. (Imagen creative commons vista en mirada21.es / crédito imagen: Christian Emmer).
Vacunando contra el COVID. (Imagen creative commons vista en mirada21.es / crédito imagen: Christian Emmer).

Mal que bien, todo el mundo ha oído hablar del efecto placebo. Este truco mental que algunos experimentan cuando creen estar siendo tratados con una medicina que les hará bien, pese a que se les suministra una sustancia inocua (agua con sal por ejemplo).

¿Pero sabíais que el fenómeno también se da a la inversa? En efecto, el reverso oscuro del placebo se llama nocebo, y consigue que algunas personas que creen que lo que el médico les ha suministrado les hará mal, vean cumplidas sus expectativas incluso aunque en realidad no se les haya suministrado ningún principio activo (sino simplemente una solución salina).

Este fenómeno podría estar detrás de muchos de los que ahora se vacunan contra el covid, y relatan una serie de efectos adversos y desagradables tras el pinchazo, preferentemente fatiga, dolor de cabeza y mialgias (malestar físico causado por dolor muscular).

No hay nada malo en experimentar los efectos secundarios, no me malinterpretéis. Muy a menudo, en realidad se trata de un indicador de que el sistema inmunológico se ha puesto en marcha al detectar en el interior del cuerpo una porción atenuada del virus al que la vacuna pretende combatir. Normalmente se administra una porción de la espícula de la corona del virus, que es la “ganzúa” con la que el SARS-CoV-2 logra abrirse camino al interior de las células, para infectarlas y transformarlas en fábricas de partículas virales. Esa respuesta del sistema inmunológico es la que provoca los síntomas antes mencionados.

Por cierto, se está hablando mucho (y mal, como casi siempre) de los efectos secundarios que provocan los viales de AstraZeneca, pero en realidad estos aparecen también tras la administración del resto de las vacunas, incluida la favorita del público: Pfizzer/BioNTech. De hecho, si se analizan los datos del ensayo clínico realizado con las dos dosis de esta vacuna previa a su autorización en los Estados Unidos, en el que colaboraron 30.000 voluntarios, se observan cifras interesantes incluso en los integrantes del grupo control, a quienes se les suministró un placebo.

El 84% de los participantes remitió reacciones leves al pinchazo, como dolor o picores en la semana siguiente a recibir la primera dosis. Además, el 63% experimentó fatiga y un 55% dijo haber sufrido cefalea. Como os decía, una porción de buen tamaño entre los participantes en el grupo de control experimentó los mismos síntomas. Concretamente un tercio de quienes recibieron la solución salina dijo haber experimentado fatiga tras la primera dosis, y otro tercio dijo sufrir dolores de cabeza. Más aún, casi un 12% de los integrantes del grupo placebo experimentó también diarrea, lo cual resultó especialmente curioso porque la cifra superó a la que exhibieron los voluntarios que recibieron la vacuna real.

¿Cómo es posible? Bueno, lo cierto es que hablamos de síntomas sumamente frecuentes. Muchas de esas personas, habrían experimentado fatiga o dolor muscular igualmente, se hubieran vacunado o no. Algunas veces la razón tiene una explicación física, te has dado un golpe durmiendo, has tocado una estufa caliente, etc. Otras veces, el estrés puede estar detrás de su aparición, especialmente cuando este aparece como reacción anticipada a los posibles efectos adversos que la vacuna puede provocarnos. Pensad por ejemplo en las personas que se ponen nerviosas cuando ven una aguja. El estrés de ver una jeringuilla puede perfectamente disparar un dolor de cabeza, o provocarles fatiga.

No pasa nada, la naturaleza humana es así. El hecho de que el origen del dolor proceda de los efectos reales de una vacuna o del nocebo, no reduce la necesidad de investigar cómo reconocer y aliviar el dolor. Tendemos a minusvalorar a quienes caen presa del placebo. Decimos, “el dolor solo existe en su mente”, pero en última instancia, cualquier sensación que experimentemos es procesada por la mente, de modo que tampoco hay tantas diferencias.

De hecho, muchas personas (mujeres especialmente) que padecen fibromialgia, experimentan dolores cuyo origen se sigue investigando y que aparentemente no tienen explicación. Queda mucho por hacer hasta que desvelemos todos los secretos de nuestra mente (si es que alguna vez lo logramos) pero parece claro que tenemos una enorme capacidad para somatizar.

Ya sabes, no seas tan duro con los efectos adversos que sufrirás cuando tengas la fortuna de recibir la vacuna contra el covid, puede que tu mente te esté jugando una mala pasada.

Me enteré leyendo Gizmodo.com

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