¿Cuál es el sitio de las creencias religiosas en cuestiones científicas?

Una ley en Ohio impide a los profesores penalizar respuestas incorrectas si el estudiante alega creencias religiosas (Photo by Mark Wilson/Getty Images)
Una ley en Ohio impide a los profesores penalizar respuestas incorrectas si el estudiante alega creencias religiosas (Photo by Mark Wilson/Getty Images)

Algo sorprendente e inquietante está ocurriendo estos días en Ohio, Estados Unidos, que mantiene ocupados a los medios y espectadores mientras se soluciona la cuestión. La Cámara de Representantes del Estado aprobó la semana pasada la denominada “Ley de Libertades Religiosas de los Estudiantes” (House Bill 164) que, en uno de sus más controvertidos párrafos, impide a los profesores penalizar a los estudiantes por dar respuestas incorrectas en exámenes o en tareas escolares si los hechos, datos o evidencias científicas entran en conflicto con sus creencias religiosas.

En concreto, el párrafo dice así: “Ninguna junta de educación del distrito escolar prohibirá a un estudiante participar en expresiones religiosas al completar tareas, obras de arte u otras tareas escritas u orales. Las calificaciones y puntuaciones de las tareas se calcularán utilizando el examen académico ordinario estándar de contenido y relevancia, incluidas las preocupaciones pedagógicas legítimas, y no penalizarán ni recompensarán a un alumno en función del contenido religioso del trabajo de un alumno”. Para entenderlo mejor, y por poner un ejemplo práctico, esta Ley significaría que un alumno, con creencias creacionistas, no podrá ser penalizado si, en sus respuestas de examen, contesta que Dios creó la Tierra en seis días.

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Es una ley que aún se debate y que tendrá que trasladarse ahora al Senado, aunque esta cámara de representación está controlada actualmente por los republicanos, por lo que parece muy probable que salga adelante.

Resulta preocupante que en un país avanzado, en el que además históricamente sus padres fundadores definieron una escrupulosa separación entre lo público y lo religioso, surja ahora esta especie de vuelta a días pasados. La docencia en estas condiciones se verá seriamente afectada y, sobre todo, resulta espeluznante comprobar cómo el conocimiento científico, adquirido gracias a laboriosos estudios y evidencias, puede obviarse tan fácilmente cuando aparece la fe.

Estados Unidos es un lugar de grandes y sorprendentes contrastes. Mientras su ciencia y tecnología se sitúan a la cabeza de los mayores descubrimientos del mundo, el nivel educativo de sus ciudadanos se está quedando claramente rezagado. Más del 80% de los estadounidenses no fue capaz de nombrar a un solo científico vivo, en una encuesta realizada por Research America en el año 2016… no creo que haya mejorado mucho en estos últimos tres años.

La mayoría de los estadounidenses no pueden citar un solo científico vivo (encuesta Research America)
La mayoría de los estadounidenses no pueden citar un solo científico vivo (encuesta Research America)

Muchos considerarán que los políticos y legisladores que actualmente rigen los designios de Estados Unidos no son los más adecuados para llevar a cabo esa separación entre religión y educación que debería ser propia del siglo XXI… sin embargo, la base de esos gobernantes se encuentra siempre en la falta de cultura científica de quienes los votan para el cargo.

Asistimos a una dura lucha en las escuelas estadounidenses por mantener una docencia libre, independiente de la fe y basada en evidencias. Antes que Ohio, el estado de Alabama ya había aprobado una ley en la que se obliga a los libros de texto que contienen información sobre la evolución, a incluir una insólita advertencia para los estudiantes informando que “la teoría de la evolución generalmente aceptada es controvertida”. La preocupación por estas ridículas legislaciones proviene del hecho de que Estados Unidos suele ser ejemplo y reflejo de muchas de las tendencias que terminan extendiéndose a otros países.

En España, hace tan solo unos días, los obispos hacían público su temor a que el nuevo Gobierno “lamine sus privilegios fiscales y educativos”, avanzando en los principios aconfesionales que la Constitución establece. El auge de la derecha más tradicional y beata, hace presagiar futuros encontronazos también en nuestro país…

Cuentan que en 1796, cuando Pierre-Simon Laplace presentó ante Napoleón su obra “Tratado de Mecánica celeste”, el general le comentó: "Habéis escrito un libro sobre el sistema del Universo, sin haber mencionado ni una sola vez a dios". El matemático le contestó: “Sire, nunca he necesitado esa hipótesis"… Han pasado más de dos siglos de aquella anécdota, y en 2019 ya deberíamos tener meridianamente claro que el lugar de las creencias religiosas debe ser el ámbito particular y familiar. En el campo científico, y mucho más en la educación pública, no podemos dejar que avancen ideas ya superadas, fantasmas del pasado de pupitres con crucifijos y sotanas, y por supuesto, no debemos permitir que el fanatismo religioso de unos pocos sustituya a la razón.

Ah... y si un alumno afirma en un examen que el mundo se creó en seis días... que lo feliciten en su Iglesia creacionista, pero dejen que su profesor de geología lo suspenda en ciencia.

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