Todo vale contra Cristiano Ronaldo: un ataque falaz y ligeramente xenófobo para desacreditarle

Luis Tejo
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Cristiano Ronaldo se lamenta de un error durante un partido de la Juventus.
Cristiano Ronaldo durante un partido de la Juventus. Foto: Laszlo Szirtesi/Getty Images.

Ser un personaje célebre, de esos que todo el mundo conoce aunque no tenga el menor interés por la actividad a la que se dedica, tiene indudablemente sus ventajas (la más evidente es que suele coincidir con un nivel de ingresos que los humanos comunes a duras penas imaginamos). Pero también sus inconvenientes: ya dice la sabiduría popular que la fama tiene un precio. Uno de ellos es que cualquiera se cree en condiciones de opinar sobre ellos, e incluso de hacer todo tipo de críticas que pueden ser más o menos fundadas, pero también a menudo muy hirientes e innecesariamente agresivas.

Cristiano Ronaldo sabe bastante de este tema. El delantero actualmente en las filas de la Juventus de Turín, antes en el Real Madrid, acumula títulos y trofeos individuales suficientes como para montar su propio museo. Es una superestrella del fútbol actual (no es “la” superestrella por motivos de sobra conocidos), lo que equivale a decir que todo el mundo ha oído hablar de él, hasta los que aborrecen el deporte del balón.

Algunos, muchos, le admiran y le adoran. Otros, también bastantes, no le soportan y recurren a lo que sea para descargar en él sus iras y frustraciones. Si hace falta rebuscar hasta encontrar algún tema irrelevante o absurdo con el que atacarle, lo hacen sin remordimientos. El último ejemplo: le acaban de calificar de “ignorante” y de “faltar al respeto” a todo el país por “no hablar italiano”.

Tras estas palabras está Pasquale Bruno, antiguo futbolista que militó en la misma Juventus entre 1987 y 1990. Lo ha dicho en Tiki Taka, un programa de análisis futbolístico que se emite en Italia 1, uno de los canales del grupo Mediaset. “Uno que llega a Italia y después de tres años no sabe hablar el italiano... es una falta de respeto hacia todos los italianos”. Y se pone como ejemplo de lo contrario a sí mismo, aprovechando que durante un par de temporadas se marchó al Hearts de Edimburgo: “Cuando fui a Escocia lo primero que hice fue aprender el inglés. Era una forma de respeto para ellos, porque me tenía que entrenar con ellos y no quería que 25 jugadores hablaran italiano. Fui yo el que se adaptó a ellos”.

Cabe mencionar, en primer lugar, que el propio Bruno durante su carrera profesional no era precisamente un ejemplo de respeto por sus rivales. Apodado ‘O Animale (mote en el dialecto sureño que no necesita demasiada traducción), fue un defensa central no ya duro o contundente, sino “un exhibicionista de la violencia”, como le llegó a calificar la prensa local. En su hoja de servicios se pueden contar trifulcas y agresiones de todo tipo, con varios contrincantes lesionados de gravedad (el rumano Raducioiu necesitó nueve puntos de sutura tras cruzarse con él) y un acumulado de cincuenta partidos de sanción por expulsiones y amonestaciones. Otro refrán popular dice que siempre habla quien más tiene que callar.

Todo esto, en el fondo, no le quitaría a Bruno la razón si la tuviera. Lo que pasa es que no la tiene. Cristiano Ronaldo sí que habla italiano. Mal, sin fluidez, con muchísimo acento extranjero e intercalando abundantes palabras en español, como cabía esperar de una persona que ha vivido nueve años en Madrid y que ha llegado a Turín a los 33, una edad a la que los expertos en lingüística coinciden en que aprender un idioma nuevo es una tarea bastante difícil. Pero lo habla lo suficientemente bien como para comprender a sus compañeros y que ellos le entiendan a él.

¿Por qué, salvo contadísimas excepciones, no lo usa en público? ¿Por qué se ha instalado en el imaginario colectivo transalpino que un tipo que ya habla perfectamente otras tres lenguas (su portugués materno y dos “extranjeras” como castellano e inglés) “se niega” a expresarse en italiano? La respuesta a la primera pregunta solo la conoce él, aunque no hace falta pararse a pensar demasiado para encontrar una posible explicación coherente: como su nivel es de pura supervivencia, y como es consciente de que cualquier cosa que diga va a ser analizada al milímetro, probablemente no quiera arriesgarse a usar alguna palabra imprecisa y que se le acabe malinterpretando.

Con respecto a la segunda cuestión, es el responsable de difundir esta idea quien debería explicar sus motivos, aunque tampoco es difícil deducir otra hipótesis. Cristiano Ronaldo es un jugador que, como hemos visto, a algunos cae muy bien y que otros no tragan. De la misma manera que ciertos públicos consumirán compulsivamente cualquier alabanza que se le haga, diferentes sectores de la audiencia estarán dispuestos a tragarse todo asunto que le deje mal, por descabellado que parezca.

Resumiendo, golpearle “vende”. Y si para darle palos hay que recurrir a insensateces populistas, bienvenidas sean. Es más, si como en este caso tienen hasta su punto xenófobo, mejor todavía: hará más ruido. Si Pasquale Bruno no hubiera soltado semejante perla, seguiría siendo un perfecto desconocido más allá de los nostálgicos del catenaccio más tosco. El Tiki Taka que le acoge ha logrado su cuota de audiencia gracias a él.

En cualquier caso, todo esto ocurre porque el rendimiento deportivo está decayendo. La Juventus, todopoderosa en la última década, va ahora mismo tercera, por detrás del Milan y del sorprendente Sassuolo. Ha cedido ya tres empates en seis partidos. En la Champions, además, sufrió una derrota humillante contra el Barcelona. El propio Cristiano, sumando competiciones, lleva cinco goles (dos de penalti) en cuatro encuentros, una estadística extraordinaria para un jugador normal pero moderada para lo que él acostumbra. Si el equipo estuviera arrasando como otras veces, no se hablaría de esto, igual que en España se acusaba a Bale de no integrarse en el Real Madrid y de no hablar español... cuando los blancos rendían menos, y no cuando ganaron cuatro Champions en cinco temporadas con el galés de protagonista en varias finales. Pero cuando las cosas van mal hace falta un chivo expiatorio para que la máquina de titulares grandilocuentes no se frene.

Ha ocurrido en Italia, podría haber sido aquí. Le ha sucedido a Cristiano, la víctima podría haber sido otro. No hace falta caer en ataques gratuitos y en gran medida falaces para encontrar motivos razonados y argumentados que justifiquen una crítica a un futbolista. Precisamente esa es una parte del trabajo que tenemos los periodistas deportivos. Pero claro, es más laborioso. Y quizás no dé resultados inmediatos.

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