Cristiano Ronaldo y la depresión

Alfonso Duro

Es normal que con el frío y la cuesta de enero llegue la depresión. Le ocurre al Real Madrid, que hace dos semanas apuntaba a llevarse todos los títulos en juego con la gorra, le ocurrió al FC Barcelona el año pasado, con lo que casi descarrila su paso en la Liga, y le ocurrió también al Real Madrid en 2015, que sí acabó perdiendo el paso victorioso en la Copa del Rey y la Liga. Es más, le ocurre a todo el mundo: a los enamorados, a los funcionarios y seguramente hasta a los curas.

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Ronaldo

El invierno no invita a milongas y a días plácidos, invita a ser más cascarrabias que de costumbre, a ahorrar esfuerzos, a meterse rápido en casa. Sin duda al Real Madrid le va mucho más el calor que el frío, y los últimos partidos son gran prueba de ello.

Diría más: a Ronaldo el invierno le deprime, pues el equipo no es que juegue mal o peor que hace unos meses, sino que juega a lo mismo menos los goles del portugués. Ronaldo falló ante el Málaga goles que no se hubiera imaginado fallar en su vida. Llevamos unas semanas hablando de su increíble bajón físico y de la necesidad de que adopte una posición más propicia en el campo para así mantener su ritmo goleador, pero ante el Málaga quedó claro que el problema de Ronaldo está lejos de sus piernas y más cerca de su cabeza. Ya saben, el frío, la depresión.

Con todo, los blancos se llevaron los tres puntos gracias a un imperial Sergio Ramos, que últimamente falla más en su área que en la contraria, y también en parte por una mala decisión del árbitro en el segundo gol del de Camas, en el cual se encontraba adelantado por milímetros. El Real Madrid se confirmó como campeón de invierno con la victoria.

Pero lo que nos dejó el partido, además de otra lesión (cayó Marcelo, otro percance más y Zidane sin sus laterales titulares para intentar remontar la eliminatoria de Copa del Rey ante el Celta de Vigo), fue el terrible estado de ansiedad de Ronaldo de cara a gol. Lo falló todo.

Primero, perdió (como ya viene siendo costumbre) los tres primeros balones que tocó. Balones sencillos, pases cortos, intentos de regate en zonas poco comprometidas, pero que cada vez que se repiten desinflan el ego de un jugador que no está acostumbrado a fallar. Luego, llegaron las pifias en lo que parecían goles cantados.

Kroos filtró un balón y Ronaldo se plantó con todo a favor ante Kameni. Falló. Isco buscó al portugués en el segundo palo y Ronaldo remató al palo. Nuevo fallo. Kameni salvó en la línea lo que hubiera sido el gol tonto del año pero regaló el balón a Ronaldo, que disparó al muñeco en vez de embocar el gol de la tranquilidad. Y van…

Zidane decía que tenía que tomar cartas en el asunto porque no era normal que el equipo no entrara con ganas al partido y que se dejara llevar en los últimos minutos. Cierto. Todo eso tiene que arreglar el Real Madrid, pero seamos realistas: los blancos no están jugando mejor ni peor de lo que lo hacían hace unos meses, pero Ronaldo (y podríamos señalar también a Benzema y Morata, por cierto) simplemente no está marcando todos los goles a los que nos tenía acostumbrados. Eso también debería intentar remediarlo Zidane.

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