¿Cuánto hay de real entre las 'bombas' de Piqué y Sergio Ramos?

La Roja se ha ejercitado sin público en la 'Ciudad del Fútbol' de cara a los encuentros de España ante Albania e Israel.

Ni 200 horas. Ni 10 días. Eso fue lo que duró la ‘tregua’ entre Gerard Piqué y Sergio Ramos. Justo lo que duró la concentración de la selección española. Ambos jugadores llegaban a la llamada de España tras dos meses tirándose los trastos a la cabeza públicamente. Pero durante la concentración de La Roja todo fueron guiños, mimos y llamadas al buen rollo. Sin embargo, en la misma zona mixta de Saint-Denis, ambos volvieron a intercambiar reproches y acusaciones en nombre del Barcelona y del Real Madrid. Como habitualmente hacen cuando no visten los colores de la selección española. Ambos coincidieron este martes en París en tildarlo de ‘show’. Pero, ¿cuánto hay de real y de verdadero show en las declaraciones de ambos?

Pues según ha podido conocer Goal consultando en el entorno de la selección española, de los jugadores, de Real Madrid y Barcelona, no todo es como se pinta. Esto es, no todo es un show. Pero a su vez, no todo es buen rollo.

Entre ambos jugadores hay un profundo respeto futbolístico, porque ambos se saben dos jugadores extraordinarios. Y el hecho de que ambos compartan la comandancia de la defensa en la selección española ayuda a fomentar ese respeto y complicidad en el campo, así como las relaciones personales fuera de él. Están condenados a entenderse, lo saben, y ninguno rehúye de ello. Al contrario, incluso. Efectivamente, hay buen rollo, como se proclama en el entorno de la selección española.

Eso sí, como es lógico, los intercambios públicos de ‘pedradas’ no obedecen únicamente a un show fomentado solamente desde el respeto mutuo y el buen ambiente. Obviamente, no es así. Ambos jugadores se sienten fieles representantes de los intereses de sus equipos, ambos tienen una personalidad arrolladora, y por tanto, se sienten también ‘atacados’ cuando escuchan al compañero defender a su club a costa de atacar al rival. Sucede en ambos sentidos. Y así ha sido en varios momentos de los últimos tiempos. La confianza mutua seguramente habilita el tono de guasa con el que muchas veces ambos se replican públicamente, pero ello no es óbice para que en el fondo de las quejas realmente exista una sincera sensación de enojo. Así pues, entre ambos jugadores no hay ni tan buen rollo ni tan poco. E igualmente, ni tanta crispación ni tan poca.

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