Cuando en Australia se puso de moda, a finales del siglo XIX, disfrazarse de fantasma para asustar a la gente

Alfred López
·4 min de lectura
En Australia se puso de moda, a finales del siglo XIX, disfrazarse de fantasma para asustar a la gente (imágenes vía Public Record Office Victoria)
En Australia se puso de moda, a finales del siglo XIX, disfrazarse de fantasma para asustar a la gente (imágenes vía Public Record Office Victoria)

Durante cerca de un siglo, Australia fue utilizada por el Reino Unido como penal donde enviar a los presos y todas aquellas personas declaradas como no deseadas en suelo británico. A muchas de ellas (incluidas familias enteras) se las envió a esa lejana colonia a cumplir sus condenas y deudas con la ley, pero a partir del primer cuarto del siglo XIX todo cambió, cuando dejó de ser utilizada como presidio y empezaron a formarse pequeñas comunidades y ciudades con ciudadanos británicos que decidieron quedarse allí en lugar de regresar a su país de origen.

La prosperidad también llegó hasta allí y se empezaron a explotar minas de oro que atrajeron hasta Australia a todo tipo de individuos en busca de nuevas oportunidades (tal y como también estaba ocurriendo en Norteamérica con la ‘fiebre del oro’).

Ballarat, situada al sureste, fue una de aquellas prósperas poblaciones que surgieron, teniendo un rápido ascenso en el número de habitantes que eran de lo más variopinto.

Hacia el último cuarto de aquel siglo, Ballarat era una de las ciudades más importantes y pobladas y, como tal, también surgieron algunas bandas de delincuentes.

Una de ellas eran los denominados ‘larrikin’, un término cuya etimología es incierta y que hacía referencia a un grupo de jóvenes que destacaban por sus gamberradas, que en un principio la mayoría de los casos no podían llegar a calificarse como delitos o vandalismo sino como simple gamberradas.

El ‘larrikinismo’ se convirtió en toda corriente que enganchó a docenas de jóvenes rebeldes que, a través de sus actos, querían protestar contra las normas impuestas, las jerarquías y el autoritarismo de quienes mandaban. Pero según iban pasando los años se fue convirtiendo en una banda de delincuentes, realizando algunos actos vandálicos.

A finales de la década de 1870 surgió una extraña práctica que, inicialmente, se achacó a los larrikin como responsables y que consistía en la aparición de algunos personajes disfrazados de fantasmas (unos con sábanas blancas y otros con telas negras u oscuras) y que se dedicaron a asustar a quienes transitaban por la noche por alguna calle oscura y desierta, provocando que algunas personas tuviesen auténticos ataques de histeria, llegando a convertirse en colectiva en algunos lugares.

Y es que en aquellos momentos se había puesto muy de moda todo lo que tenía que ver con el espiritismo y el más allá, creyendo en esas supercherías la mayoría de los habitantes de algunas poblaciones (como era el caso de Ballarat y otros lugares de Australia).

La prensa de la época se iba haciendo eco de aquellas apariciones fantasmagóricas y cuanta más relevancia le daban los periódicos, más espectros y fantasmas aparecían en las oscuras calles australianas.

Normalmente, solo se dedicaban a dar un susto y desaparecer rápidamente. Se organizaron patrullas vecinales y policiales que iban transitando las diferentes calles, pero quienes se disfrazaban de fantasmas tenían muy bien estudiadas donde se aparecían y cómo escapar de allí sin ser atrapados.

En la inmensa mayoría de casos de aquellas apariciones fantasmales, solo se realizaba el acto de plantarse por sorpresa frente a alguien, asustarlo y salir corriendo, sin haber tenido ningún tipo de contacto físico. Por aquella época se había inventado la pintura fosforescente, algo que fue utilizado por alguno de aquellos fantasmas disfrazados para brillar en la oscuridad y así poder aterrorizar mucho más a sus víctimas.

Según algunas crónicas de la época, la descripción sobre cómo eran aquellos fantasmas hizo ver que según iba pasando el tiempo los disfraces eran cada vez más elaborados.

Según fue pasando el tiempo, aquellos sustos dejaron de ser unas simples gamberradas y empezaron a adquirir un cierto aire criminal. Varios fueron los casos que se dieron en los que aquellos supuestos fantasmas ya no solo tenían el propósito de asustar a los transeúntes, sino que algunos de ellos empezaron a llevar algún tipo de arma (revolver, navajas…) con los que, tras el susto inicial, robaban a sus víctimas.

Incluso se aprovechó para realizar actos de acoso y abuso sexual. Se dieron varios casos de tocamientos a mujeres e incluso agresiones físicas a estas, en algunos casos mediante un látigo con el que les azotaban en las nalgas.

Se tiene constancia que dicha práctica llegó a realizarse durante casi cuatro décadas (hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914) y a los largo de aquel largo periodo, numerosos son los individuos a los que se interceptó y detuvo mientras iban disfrazados de fantasmas.

Lo curioso es que entre todos aquellos personajes no existía ningún vínculo (no se conocían, ni pertenecían a los mismos grupos o bandas). Sí que se localizó a algunos miembros de los larrikin, pero la mayoría eran individuos que aprovecharon aquel anonimato para gastar unas romas, delinquir o abusar de algunas mujeres.

Fuentes de consulta: Public Record Office Victoria / tandfonline / abc.net / neatorama

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