Las cuestiones que ni Messi puede maquillar en este Barcelona

El funcionamiento del equipo de Luis Enrique parece haber llegado a su punto más bajo en el momento más importante de la temporada.

Jordi Alba estaba desesperado. Por un lado, intentaba cerrar ante la llegada de Xabi Prieto, pero por la derecha, aún más abierto, aparecía Carlos Vela. Entonces, el lateral izquierdo no sabía bien qué hacer. Lo venía mirando a Gerard Piqué hacía ya un tiempo. Pero el defensor central del Barcelona nunca reconoció que a sus espaldas  había peligro. Hizo un retroceso orientado al balón, no a las marcas. Entonces, Jordi nunca se terminó por decidir y no apostó por ninguna de las opciones. Fue el segundo gol de la Real Sociedad.

Lionel Messi volvía a la mitad de la cancha resignado. Hacía nada había inventado un pase excepcional a Paco Alcácer que derivó en el tercer gol del Barcelona. Pero la distancia en el marcador duró muy poco. El fondo del equipo de Luis Enrique no ofrece garantías, y la Pulga lo parece reconocer muy bien. Cabeza gacha, caminata lenta, fastidioso. Aún en una actuación brillante, que incluyó dos goles, la actuación del argentino no pudo maquillar la realidad de un equipo que tiene muchos problemas en el funcionamiento...justo en el momento más importante de la temporada.

Alguna vez Guardiola dijo que cuando el balón va demasiado rápido, vuelve de la misma manera. Este Barcelona de Luis Enrique no se preocupa -o no puede- controlar la posesión para dejar de correr riesgo. Las salidas de los centrales -Piqué y Umtiti- son bastante claras, pero lo que falla es la recepción. Porque Busquets está unas milésimas de segundos más lento, Rakitic no termina de aprovechar los espacios que quedan libres y André Gomes no resuelve ni simple ni con buen criterio. Entonces, la generación termina en nada. A Messi todavía le llega juego (de hecho, fue el jugador del Barcelona con más toques en el partido), pero de manera aislada, no formando parte de circuitos elaborados.

Ese quiebre en el mediocampo genera una ruptura total en la defensa. Porque el retroceso de los centrales del Barcelona es malo y, cada vez que lo atacan en velocidad, sufre. Piqué jamás termina de tomar marcas y Umtiti se acomoda como puede. Los centrales terminan desbordados y la función de Busquets como volante tapón se nubla cuando tiene tantas marcas a alrededor.

Con el ingreso de Iniesta por Gomes las cosas cambiaron un poco. Pero, aún así, Barcelona terminó el partido en la indefinición: no se metió atrás, no salió a presionar, no terminó de tener el balón. Dejó espacios en el fondo y puso en riesgo un resultado que lo podría haber dejado afuera definitivamente de la lucha de LaLiga.

"Sí se puede", cantó buena parte del Camp Nou, en referencia al partido del próximo martes ante Juventus, por el encuentro de vuelta de la Champions League. Pero lo cierto es que, aunque otro milagro siempre se puede dar cuando en tu equipo juega Messi, ni el mejor del mundo puede maquillar un funcionamiento desconfigurado.

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