De liberal a discriminadora: Claudia López, la alcaldesa de Bogotá, escandaliza con sus mensajes xenófobos

Julio Túpac Cabello
·7 min de lectura

La primera mujer en tener a su cargo la capital neogranadina muestra el otro lado de sus banderas liberales e inclusivas, expresando inesperados y escandalosos mensajes de intolerancia contra la migración venezolana

Bogota's Mayor Claudia Lopez (L) rides a bike at the Plaza Bolivar square, after attending a demonstration for the International Women's Day, in Bogota, on March 8, 2020. (Photo by Juan BARRETO / AFP) (Photo by JUAN BARRETO/AFP via Getty Images)
Claudia López ha sido una luchadora contra el paramilitarismo y por la ecología que tuvo reverberación desde joven, cuando era activista en la educación pública colombiana, además, como pareja de una mujer, ha sido de defensora de los derechos LGTB+, por eso ahora sorprenden tanto sus mensajes discriminatorios contra la inmigración venezolana. (Photo by Juan BARRETO / AFP) (Photo by JUAN BARRETO/AFP via Getty Images)

La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, llegó al poder, entre otras cosas, por ser una líder de izquierda sensible contra las desigualdades. Además de ser ecologista y una emergente operadora política, es particularmente conocida por su lucha militante por los derechos de los grupos LGTB+, de los que forma parte.

Pero sus sensibilidades liberales no parecen ser universales cuando los grupos minoritarios que padecen son otros distintos de los que ella forma parte. Y, por el contrario e insólitamente, no tiene empacho en discriminarlos, si ello le trae rédito político.

Ha dicho no una, sino cuatro veces consecutivas (así que no fue un error, sino una decisión tomada aún y después que bullera la controversia) que el problema de la delincuencia en la llamada ciudad de los caballeros tiene su causa en la migración venezolana. "Primero asesinan y luego roban", fue su última aseveración, vendiéndole a la comunidad bogotana que la razón de sus peligros está en la comunidad venezolana expatriada que huye de la emergencia humanitaria en la que ha sumido a Venezuela la revolución chavista.

En primer lugar, la acusación no sólo es falsa, sino que es absolutamente desproporcionada. El director de Migración Colombia, Juan Francisco Espinosa, ya ha manifestado que “el origen (de la criminalidad) no tiene nada que ver con la migración” y que “el 96 por ciento de los delitos en Colombia son cometidos por los propios colombianos”.

Pero decir esto no traería simpatías a la alcaldesa. En cambio, construir un enemigo con el cual exacerbar sentimientos chauvinistas de los que ella haga usufructo político es mejor negocio. No pareciera importar que eso implique pisotear cualquier principio de convivencia humanitaria o democrática, incentive la aporofobia (rechazo a los pobres) y siembre estigmas en una población ya diezmada por la calamidad.

La realidad

Claro que ha habido casos de criminalidad cometida por venezolanos. ¿Pero, es que acaso el delito tiene nacionalidad? ¿O son los delincuentes venezolanos más punibles que el resto?

La población venezolana que ha emigrado se ha concentrado por millones en Colombia (Miami y Madrid habían sido los principales receptores, antes que Maduro produjera la estampida humanitaria, a causa de la represión y el hambre), y es natural que para la sociedad colombiana la presencia de los vecinos sea una novedad incómoda.

Frente a ello -la vida y la política no dejan de sorprender- el Presidente de Colombia, Iván Duque, claramente identificado con la centro-derecha y heredero político de Uribe, un controversial pero aún muy popular líder y ex mandatario, tomó medidas nacionales en la dirección contraria: en lugar de excluirlos, generó un estatuto legal para que puedan documentarse, trabajar y tener oportunidades universales de ciudadano en la "hermana república", como Venezuela y Colombia se llaman mutuamente.

Respecto a la muerte de un policía en la que ciudadanos venezolanos habrían estado involucrados, Duque expresó que “si hay alguno que viola la ley de cualquier país al cual ha llegado como migrante, le tiene que proceder la máxima sanción posible en la individualización de su conducta, pero no puede hacerse una estigmatización generalizada".

En relación con las expresiones de la alcaldesa, Duque fue más claro aún y pidió no avivar la xenofobia hacia los venezolanos con “discursos populistas, facilistas y demagógicos”.

Pero la alcaldesa no ha parado en su artillería verbal y reafirma: "una minoría de migrantes venezolanos profundamente violentos que matan para robar son un factor de inseguridad enorme en nuestra ciudad”.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Contradicciones

La primera alcaldesa de Bogotá, formal y legalmente casada con su esposa y también senadora Angélica Lozano, además de definirse como ecologista, es una defensora férrea de los defensores de grupos LGTB+, por los cuales ha acuñado emblemas como "no vamos a volver al closet", refiriéndose a las arremetidas conservadoras que han querido revertir las conquistas de los grupos de orientaciones sexuales distintas a las tradicionalmente aceptadas por la ley.

Sin embargo, en el caso de los venezolanos, que en general no tienen mayor representación electoral, pareciera serle de menor importancia que estos sean una minoría ya previamente fustigada por haberse quedado sin país y estar en en la búsqueda de oportunidades, en medio de la más básica carestía.

Mónica González, de la fundación Gabo, ha discutido el tema con claridad en el pasado: "Enfatizar y resaltar los delitos que cometen venezolanos -o de la nacionalidad que sea el inmigrante en un país- no tiene ningún valor. No hay ninguna raza, nacionalidad o etnia que sea asimilable per se con la naturaleza delictual. Las graves crisis que han enfrentado distintos países y en diferentes latitudes, obligan a sectores importantes de sus ciudadanos a emigrar para escapar de la miseria y/o de la muerte. Frente a ello, esta mala práctica periodística, y también de sectores políticos, se ha convertido en una herramienta de los sectores más retrógrados para buscar apoyo político al focalizar mañosamente la comisión de delitos en un determinado inmigrante. También para darle sustento a sus políticas de discriminación y persecución racial, étnica o hacia una particular nacionalidad. Con esa forma de generalizar que los delincuentes son parte de una determinada nacionalidad, y que aceptándolos se ha abierto la puerta al delito y a la falta de seguridad de un país, se estigmatiza y se fomenta el odio y más violencia".

Los delincuentes deben ser procesados, no importa su nacionalidad, pero utilizar el delito como un arma para crear odio y conseguir banderas políticas es un exabrupto que sólo trae tensión social y peligrosísimas tensiones entre bandos.

Pero la alcaldesa insiste, y una tercera vez vuelve a atizar su punto, con una afirmación cuestionable: "las estadísticas son tozudas y no mienten, una minoría de venezolanos están poniendo en riesgo la seguridad de los bogotanos", dice, aunque, como ya mencionamos, las mismas estadísticas a las que alude la desmientan.

"Claudia Trump"

Es una estampa asombrosa viniendo de la boca de Claudia López, una luchadora contra el paramilitarismo y por la ecología que tuvo reverberación desde joven, cuando era activista en la educación pública colombiana. Graduada en Biología y con estudios de postgrado en Políticas Públicas en España y Nueva York, fue también parte de la fórmula presidencial, como candidata a Vicepresidenta, de Sergio Fajardo, en 2018.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

Sus declaraciones han provocado que algunos medios le llamen Claudia Trump.

Adversarios políticos como Miguel Uribe Turbay, que la encaró en campaña electoral, afirman que las aseveraciones de la alcaldesa son una forma de "escurrir el bulto y justificar su ineficacia respecto al caso de la inseguridad en Bogotá".

En la revista Semana, Juan Carlos escribe: "su oportunista actitud xenófoba es en extremo peligrosa. La satanización de los inmigrantes puede convertirse en violencia contra ellos. Alcaldesa, no juegue con fuego, no todo vale para volver a subir en las encuestas".

No es una amenaza sino una advertencia. Los que pueden terminar sufriendo las consecuencias de un discurso que incita al rechazo son los propios venezolanos que, despatriados, necesitan es una oportunidad, no más poderes dispuestos a maltratarlos para beneficio propio.

PD: El pasado 18 de marzo, la Alcaldesa Claudia López pidió disculpas por haber mencionado el tema de la inseguridad y la migración "causando una polémica innecesaria". Desde un nuevo punto de vista, López se desmarca así de una fuerte e inesperada ola de chauvinismo que ella misma inició y que contraría las banderas liberales e izquierdista que le apoyan.

(VIDEO) Cruzar a pie el altiplano, la última frontera de los caminantes venezolanos