2010-2020: La década en la que el Barça perdió el estilo

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2010-2020: La década en que el Barça perdió el estilo.
2010-2020: La década en que el Barça perdió el estilo.

Antes de que se me sobresalten ustedes y de empezar a esquivar piedras puntiagudas, dagas voladoras y todo tipo de amenazas de muerte, dejemos algo claro desde el principio: el Barça ha ganado muchísimo estos últimos diez años. De hecho, si únicamente nos fijáramos en las vitrinas, estamos ante una de las mejores décadas de la historia del club azulgrana, únicamente superada por la anterior, especialmente en su segunda mitad.

Aún así, ahora que toca hacer balance, hay algo que no acaba de encajar. ¿Por qué habiendo engrosado el palmarés con dos Champions y una insultante tiranía en la Liga al alcance de muy pocos, uno tiene aún la sensación de cierto fracaso? Este artículo pretende responder a esa pregunta. Acompáñennos en un viaje fascinante. Para lo bueno y para lo malo.

La década no pudo empezar mejor para los azulgranas. Foto: Sean Dempsey/PA Images via Getty Images.
La década no pudo empezar mejor para los azulgranas. Foto: Sean Dempsey/PA Images via Getty Images.
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2010-2015: Del arte horizontal al vértigo vertical.

Es una pena que midamos la vida en décadas y no en quinquenios. Aún más desdichado es no poder trazar la línea de la década dónde a uno más le plazca, puesto que a nadie se le escapa que la mejor década de la historia del Barça y seguramente la mejor de la historia de cualquier club que jamás se haya dedicado al deporte rey sería la que iría de 2005 a 2015 en Barcelona. Esa división nos permitiría incluir al mejor Ronaldinho - un espectáculo irrepetible y poco valorado debido a la rapidez de su decadencia- y al mejor Messi. Nos daría para situar el punto de partida en la Champions de 2006 en París y continuar con las de Roma, Wembley y Berlín. Nos dejaría disfrutar del Barça de Rijkaard, de todo el de Guardiola -para muchos la mejor obra de arte que jamás ha pintado el mundo del balón- y aún podríamos rubricar con la maravillosa segunda vuelta del Barça de Luis Enrique y su exuberante MSN. Diablos, no solo tendríamos al mejor Ronaldinho y al mejor Messi: también al mejor Neymar y al mejor Suárez. Por no hablar de los Busquets, Xavi, Iniesta, Puyol y Piqué. En la portería nos esperaría el esplendor de Valdés y los inicios de Ter Stegen. Y lo más importante de todo: nos permitiría englobar DOS TRIPLETES.

Lamentablemente esto no funciona así.

Lo más destacable de la primera mitad de la década que dejamos atrás es la transición de un estilo basado al 100% en la posesión a otro mucho más marcado por las contras y la posibilidad de hacer daño en espacios abiertos. Algo que los más sibaritas no vieron con buenos ojos pero que muchos de los que se quejaban de que el fútbol de Guardiola tendía a la horizontalidad y a convertirse en un “partido de balonmano” agradecieron y entendieron como necesario. Más allá de los gustos personales de cada uno, ahí están los resultados. Ambos estilos desembocaron en lo mismo: Liga, Copa y Champions. No hace falta recordar la importancia, la dificultad y la excepcionalidad de tal acontecimiento. Pese a que el equipo de Luis Enrique no sublimó el fútbol como el de Pep, pocos podrán citar delanteras con más pólvora y desequilibrio que la de Messi, Suárez y el mejor Neymar.

La delantera formada por Messi, Suárez y Neymar es inolvidable. Foto: Pressefoto Ulmer\ullstein bild via Getty Images.
La delantera formada por Messi, Suárez y Neymar es inolvidable. Foto: Pressefoto Ulmer\ullstein bild via Getty Images.

Aunque con el tiempo lo pueda parecer, dicha transición no fue ni plácida ni exenta de altibajos, polémicas y otros accidentes geográficos. Tal es así que en la famosa visita a Anoeta el pulso entre Luis Enrique y Messi, por simplificarlo en los dos grandes nombres que lo protagonizaron, llegó a cotas insostenibles y puso al club al borde de la destitución del técnico asturiano. Al final el río volvió a su cauce y la película tuvo un final feliz.

Si tuviéramos que quedarnos con una sola imagen que escenifique estos primeros cinco años y esa transición de un estilo a otro sería la de la final de Berlín en la que Xavi fue suplente- como toda la segunda vuelta- en favor de un Rakitic que encajaba mejor con un centro del campo más rematador, directo y trabajador. Ese cambio supuso el fin de la mejor era de la historia del fútbol azulgrana.

2015-2020: Desaprovechando al mejor jugador de la Historia.

No me malinterpreten: el Barça ha arrasado en el campeonato doméstico estos últimos cinco años. Le ha pasado la mano por la cara al Real Madrid, al equipo del pueblo de Simeone y a cualquier otro - nadie- que haya intentado estar al nivel de los tres grandes dominadores de la Liga Española. Debemos advertir también que la sensación de superioridad es mayor que la realidad del palmarés: les sorprenderá saber que los azulgrana han ganado cinco de las últimas ocho ligas, aunque casi todas en este quinquenio. La cifra que realmente arrasa es la de diez de las últimas quince. A nivel individual, Messi ha seguido coleccionando Balones de Oro a la velocidad a la que Carrascal acumulaba corbatas. Aún así, dos de los peores batacazos de la historia del club, dos de las noches más ridículas que ha tenido que vivir un barcelonista a lo largo de toda su vida, han tenido lugar en este período. Más allá de Roma y Anfield, el fútbol aburrido, mediocre y más enfocado a especular con el resultado que a dominar a los rivales es lo que hace que este final de década pueda pasar a nuestra memoria como la época en la que el Barça empezó a perder el estilo. Hay algún brote verde - la esperanza se llama Frenkie De Jong- pero el juego gris y la nula apuesta por la cantera que hemos vivido en los últimos años de Luis Enrique y , especialmente, en toda la era Valverde sitúan un sabor agridulce en la boca del culé a las puertas de este 2020 que justo acabamos de iniciar.

Valverde no ha logrado aprovechar la carta Messi para conquistar la Champions. Foto: Jose Breton/NurPhoto via Getty Images.
Valverde no ha logrado aprovechar la carta Messi para conquistar la Champions. Foto: Jose Breton/NurPhoto via Getty Images.

Lo peor de todo ello es que de 2005 a 2015 el Barça llegó a jugar cuatro finales de Champions. En los últimos cuatro años, ninguna. Ni siquiera cuando el sorteo ha sonreído y ha deparado rivales teóricamente asequibles como Olympique de Lyon, Chelsea o Roma. Ni siquiera cuando Messi ha cogido el micrófono ante su afición y ha prometido centrarse en intentar traer “esa linda copita”, ni siquiera entonces ha sido capaz el equipo de acompañarle en su tarea. Tres Champions - en la de París era aún suplente de Giuly- son maravillosas, bienvenidas y recibidas con los brazos abiertos por parte de los trabajadores del Museu pero se nos antojan como insuficientes si acaban siendo el legado final de los más de diez años de maravillas semanales que nos viene regalando el mejor futbolista de todos los tiempos.

La palabra retirada ya ha salido de su boca. El reloj corre. El objetivo más inmediato es engrosar el palmarés europeo o como mínimo no caer con vergüenza en el intento. El próximo episodio, esta misma primavera.

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