El niño de Stevenage que entró en el Olimpo de la F1

Sergio Lillo
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Como muchos de aquellos que algún día soñaron con empezar a perseguir sus sueños en karting, Lewis Hamilton no tuvo una infancia llena de lujos y parabienes.

Nacido en Stevenage, a 50 km al norte de Londres, un 7 de enero de 1985, no fue hasta los ocho años cuando el británico se puso a los mandos de un kart de cuarta mano que costó los ingresos familiares de todo un mes. 

Dos años después, en la gala del automovilismo en Londres como campeón nacional Cadete de karting conoció por primera vez a un Ron Dennis que quedó sorprendido cuando un pequeño chaval con la tez morena se le acercó para pedirle un autógrafo y su número de teléfono. "Llámame dentro de nueve años", le escribió el entonces jefe de McLaren en su bloc de notas.

No hizo falta, fue el propio Dennis el que llamó a casa de los Hamilton una tarde tres años después. El sonido del teléfono no alteró la rutina habitual de una familia trabajadora formada por Anthony Hamilton (emigrante de Granada, en el Caribe, siendo niño), Linda (la madrastra de Hamilton), Lewis y el pequeño Nicolas, con parálisis cerebral. 

Pero cuando la voz al otro lado del teléfono se presentó, la cara de papá Hamilton se transformó. Su vida acababa de cambiar en apenas unos segundos. McLaren se había ofrecido a respaldar la carrera deportiva de su hijo mayor, de 13 años. Pero con una condición: el pequeño Lewis debía seguir trabajando duro en el colegio. Y responder con resultados, obviamente. 

"Subí a mi habitación y me puse con los deberes. Fue algo totalmente increíble. Me costó asimilarlo", recuerda Hamilton. El seis veces campeón del mundo creció en un ambiente bien distinto al que frecuenta desde que ha sido tocado con la varita del glamour de la F1 y sus raíces hablan mucho del piloto.

Las apreturas económicas de los Hamilton habían terminado. La rampa de despegue de Lewis comenzaba y lo que el futuro les depararía era impensable. Pero la presión de lograr resultados y devolver deportivamente la confianza y el dinero puesto en juego por él se pusieron sobre los hombros de aquel adolescente. 

Dos Hamilton: uno dentro de la pista, otro fuera 

Además de los Hamilton, el joven británico contaba con su madre, Carmen, con la que vivió después del divorcio de sus padres cuando él tenía dos y hasta los 10, a la que siempre ha estado enormemente unido.

Ese sentimiento familiar junto al de pertenencia a la comunidad negra, han sido dos de los acicates que ha tenido el piloto durante toda su carrera deportiva para sacar ese plus de agresividad y superación. Durante años fue el único piloto negro en las parrillas y eso, aunque fuera joven, le hizo tener un hambre especial.

Además, Hamilton creció viendo cómo su hermanastro Nicolas luchaba contra su parálisis cerebral, llegando a pilotar de manera profesional. "Solo tengo que pensar en Nic para motivarme y sonreír. Su ambición de acero y su resolución de hierro vienen de mi padre. Aunque siempre me dijo que fuera cortés y amable, mi concentración y determinación vienen de mi padre, y siempre han sido alimentadas por él". 

Su progenitor llegó a trabajar en tres empleos diferentes al mismo tiempo para poder respaldar la carrera deportiva de su hijo en sus comienzos. Y, de eso, Hamilton, siempre estará agradecido, a pesar de los roces que surgieron con su presencia en F1. Eso les llevó a romper su relación manager-hijo en 2010.

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El Hamilton actual poco se parece a nivel público a aquel joven con hambre de victoria que se llevó la GP2 en 2006 y que entró en McLaren en el evento mega glamouroso en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia en el invierno de 2007. 

Aun así, tras coronarse por séptima vez campeón del mundo de F1, su mensaje fue claro: "Esto es para todos los niños que sueñan con lo imposible. No dejéis que nadie os diga que no podéis lograr lo que os proponéis, creed en vosotros mismos y trabajad siempre por vuestros sueños". 

Su vida pública y expuesta en redes continuamente hablan de una celibrity del siglo XXI que sabe cómo llegar a los fans, que sabe cómo codearse con grandes estrellas como Rihanna, componer música y trabajar para marcas de moda, y que es capaz de concentrarse 200% una vez se sube al monoplaza.

Su compromiso con el movimiento Black Lives Matter ha causado cierta controversia en este complicado 2020, llegando a incomodar a algunos de sus compañeros de parrilla. Pero precisamente esas inquietudes que tiene fuera de los circuitos le hacen llegar a más gente y buscar nuevos retos. 

Es precisamente eso la gasolina que parece seguir alimentando su motor y por lo que quiere alargar su legado en la Fórmula 1: "Sigo presionando para que nuestro deporte no ignore los derechos humanos que hay en muchos países que vamos y para que podamos conectar con ellos y ayudarles a cambiar. Quiero ayudar a la F1, a Mercedes, en este viaje. Sobre todo en cuanto a ser más sostenibles como deporte. Quiero ser parte de ello, al menos de su fase inicial, durante más tiempo". 

Su estrella llega más allá de los límites de los circuitos de medio mundo y él es leyenda viva de la F1.