Descubren cinco siglos de adulterio durante un estudio de ADN

Descubren cinco siglos de adulterio durante un estudio de ADN
Descubren cinco siglos de adulterio durante un estudio de ADN

El adulterio es de esos comportamientos o patrones que llaman mucho la atención. Y sobre los que existen muchos mitos, tanto los que dicen que en el ser humano apenas se ha dado históricamente, como quienes defienden que es mucho más común de lo que pensamos. El problema es que hasta ahora no había evidencias científicas suficientes para descartar ninguna postura.

Esto cambia con la publicación de un artículo reciente, que ha realizado un estudio genético sobre la genealogía que abarcar quinientos años. Y estos cinco siglos ofrecen una imagen bastante clara sobre el adulterio en el ser humano.

La idea de base, el diseño del estudio, es sencillo. Se eligieron 513 pares de hombres, nativos de Holanda y Bélgica, que podían seguir su genealogía hasta un mismo ancestro que vivió en torno al año 1.500. Si no hubo adulterio, todos tendrían el mismo cromosoma Y, que se hereda completo del padre.

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Pero si este cromosoma es distinto, ha existido adulterio – o adopción, que tampoco se puede descartar. En los casos en que la prueba genética demostraba una diferencia, se comprobaban otros familiares para identificar el momento concreto en que aparece la divergencia.

Los resultados son muy interesantes. La cifra concreta es de en torno a 1.6% de adulterio, una cifra muy pequeña comparada con la que se ve en otras especies. Pero varía enormemente dependiendo de las circunstancias.

Por ejemplo, en comunidades rurales es mucho más baja que entre aquellos que emigraron a las ciudades. Esto se comprueba especialmente cuando se tiene en cuenta el momento en que divergen: la Revolución Industrial y la migración hacia las ciudades aumentó notablemente el adulterio.

En todos los grupos sociales aumenta el adulterio, pero no en todos por igual. Entre granjeros y ganaderos, gentes rurales, el adulterio es muy bajo. Entre las clases medias y acomodadas de las ciudades crece algo, y aumenta notablemente – sin llegar a cifras escandalosas – entre las clases bajas y populares.

Otro dato que también resulta curioso es que la religión y la cultura no tienen una gran influencia en el adulterio. El hecho de que las familias perteneciesen a congregaciones protestantes o católicas no modifica el porcentaje de hijos fuera del matrimonio.

Y hasta aquí los datos puros y duros. Pero no las conclusiones. Porque los autores del estudio plantean algo muy interesante: dada la presencia de adulterio, y las diferencias entre campo y ciudad y entre clases sociales, tal vez haya un factor que no se haya tenido en cuenta hasta ahora.

Es posible, a la vista de los datos, que existiesen métodos anticonceptivos que se empleasen de manera habitual, y que con la migración a las ciudades se tuviesen menos al alcance. Si esto fuese así, ayudaría a explicar el súbito crecimiento de este comportamiento… pero para confirmar esta hipótesis harían falta otros estudios.

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