Ni dictador ni dueño del club: es una mentira que el Barça haya construido un equipo para Leo Messi

Albert Ortega
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BARCELONA, SPAIN - JANUARY 19: Lionel Messi of FC Barcelona  during the La Liga Santander  match between FC Barcelona v Granada at the Camp Nou on January 19, 2020 in Barcelona Spain (Photo by David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)
Leo Messi alza las manos en señal de protesta durante un partido de Liga. (Foto David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)

Leo Messi se ha cansado de las falsas promesas, la desconfianza y el recelo de la directiva del Barça hacia su figura. El capitán, cargado con la mochila de dictador y harto de desperdiciar los últimos años de su carrera en busca de una Copa de Europa utópica, ha vivido de cerca los volantazos de una dirección deportiva por la que han desfilado hasta cinco secretarios técnicos (Andoni Zubizarreta, Robert Fernández, Pep Segura, Eric Abidal y ahora Ramón Planes) desde 2015 hasta quemarse. Sin una estrategia deportiva marcada ni un plan certero para arropar de la mejor manera posible al futbolista más determinante de la historia, el argentino se ha visto obligado a tener que multiplicar sus funciones dentro del campo mientras se generaba un vacío de poder en la dirección deportiva.

Arda Turan, Aleix Vidal, André Gomes, Paco Alcácer, Samuel Umtiti, Lucas Digne, Jasper Cillessen, Philippe Coutinho, Ousmane Dembélé, Denis Suárez, Paulinho, Nélson Semedo, Gerard Deulofeu, Murillo, Yerry Mina, Marlon, Malcom, Boateng, Wague, Todibo, Clement Lenglet, Arthur Melo, Arturo Vidal, Antoine Griezmann, Frenkie De Jong, Neto, Martin Braithwaite y Junior Firpo. Más de 1.000 millones en veintiocho futbolistas de los cuales doce siguen siendo propiedad del club y tan solo dos se podrían considerar titulares indiscutibles (Frenkie de Jong y Clement Lenglet).

La directiva, con Josep Maria Bartomeu al frente, podría haber escogido no engañar al socio con el triplete. Para ello, debería haber analizado los problemas crónicos de profundidad, velocidad y desborde que viene presentando la envejecida plantilla del Barça tras el traumático traspaso de Neymar al PSG. Para ello deberían haber estado bien asesorados y no haber demolido lo que lleva décadas construyéndose en el Camp Nou -desde La Masía pasando por el modelo-. Ni tampoco empujar a figuras como Joan Vilà o Paco Seirul·lo a un rincón.

Sin embargo, el presidente optó por matar moscas a cañonazos. Sin proyecto, combinando jugadores de teórico rendimiento inmediato que han pasado con más pena que gloria por el Camp Nou con suplentes incapaces de arañar minutos a los titulares mientras los canteranos veían cerrado su camino hacia el primer equipo. En este sentido, es cierto que el Barça ha fichado a tres grandes figuras como Coutinho, Griezmann o De Jong, pero sin pensar en qué encaje tendrían en la plantilla o de qué manera se podía sacar lo mejor de ellos. Del primero se dijo que venía a sustituir a Andrés Iniesta, el segundo se trajo tras rechazar al Barça y ocupar la zona de Messi y el último no ha podido jugar en su posición con continuidad esta temporada. Una forma un tanto curiosa la de construir un equipo para el mejor jugador del mundo, ¿no?.

Leo Messi pidió la vuelta de Neymar y se quedó en París. Leo Messi pidió mantener a Ernesto Valverde y lo despidieron. ¿De verdad algunos siguen creyendo que Messi pidió a esos 28 futbolistas? ¿Y qué me dicen del destrozo de la cantera? Si de algo es culpable el ‘10’ en todos estos años es de tapar con sus genialidades las vergüenzas económicas, institucionales y deportivas del palco. La directiva del Barça, votada por más de 25.000 socios, ha exprimido el fútbol de Messi tanto como ha estrujado su paciencia. Escudados en Messi, enarbolando la bandera del favoritismo por tener al mejor jugador del mundo mientras no eran capaces de aportarle lo que necesitaba para cerrar su carrera por todo lo alto.

Negar un cierto grado de influencia por parte de Leo Messi en las grandes decisiones del Barça sería de ingenuos. En el otro lado de la balanza, culparlo de la quiebra económica, la fuga de talento joven de La Masia, la paupérrima planificación deportiva y la elección de técnicos que no se ajustan al modelo azulgrana es deshonesto. Y es más, corresponde a la manipulación mediática que la directiva azulgrana viene llevando a cabo, con campaña de desprestigio incluida, en su empeño de encontrar excusas, evadir responsabilidades y señalar culpables de sus propios errores.

Bartomeu ansía su traca final con la intención de acabar de perfilar a Leo Messi como el pequeño dictador que maneja al club en la sombra. El que pone y quita entrenadores. El que hace y deshace la planificación deportiva azulgrana. Al anunciar que él dimitiría como presidente del Barça si Messi se queda, Bartomeu quiere pasar a la historia como un mártir. Por el contrario, si se va, Messi será visto como un déspota que domina el Camp Nou a su antojo. Y si vende a Messi, podrá taponar las múltiples fisuras económicas que tiene el libro de cuentas antes de que acceda al palco la nueva directiva tras las elecciones. Ojalá el aficionado azulgrana sea capaz de ver más allá de las portadas.

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