Boicotear el minuto de silencio a Maradona es la mejor manera de homenajearle

Luis Tejo
·8 min de lectura
La futbolista Paula Dapena se sentó en el suelo y dio la espalda durante el minuto de silencio. Foto: Twitter @GoalEspana
La futbolista Paula Dapena se sentó en el suelo y dio la espalda durante el minuto de silencio. Foto: Twitter @GoalEspana

El modestísimo Viajes Interrías FF, un club de fútbol femenino que milita en la Primera Nacional (la tercera categoría en la pirámide de este deporte en España) y que procede de la parroquia de Vilalonga, en el municipio pontevedrés de Sanxenxo, en Galicia, quizás nunca habría imaginado que en algún momento de su historia iba a llamar la atención de la prensa nacional e internacional. Sin embargo, desde este fin de semana puede presumir de acaparar páginas y minutos en informativos. Aunque, dadas las circunstancias, no sabemos si “presumir” es la palabra que ellas están utilizando, porque la mayoría son críticas e insultos.

La plantilla va líder en su grupo, motivo por el que el Deportivo de La Coruña, que ha tenido un arranque malísimo en la Primera División, las escogió para hacer de sparring en un partido amistoso disputado en la mañana de este domingo en las instalaciones blanquiazules. Las dos divisiones que hay de diferencia se notaron, lo que explica el resultado de 10-0 a favor de las que jugaron en casa. En cualquier caso, el marcador (que era lo de menos) no fue lo más destacado: llamó mucho más la atención el gesto que protagonizó una de las jugadoras visitantes.

Porque, tal y como hemos visto en incontables partidos alrededor del mundo durante los últimos días, antes de que el balón echara a rodar se guardó un minuto de silencio en memoria de Diego Armando Maradona, el futbolista argentino considerado (quizás de forma exagerada) uno de los mejores de la historia. Todas las jugadoras y el equipo arbitral se alinearon y se mantuvieron de pie mientras duraba el tiempo de silencio. O casi todas, porque hubo una que se negó. Paula Dapena, número 6 del Viajes Interrías, optó por sentarse en el suelo y dar la espalda.

La misma Paula explicó después los motivos de su gesto a los micrófonos de la emisora Pontevedra Viva: se negaba a homenajear a un “violador, pedófilo, putero y maltratador”, y más teniendo en cuenta que la misma jornada de su fallecimiento se conmemoraba el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia sobre la Mujer y “por las víctimas no se guardó ningún minuto de silencio”.

“Fue un deportista con unas cualidades y habilidades futbolísticas espectaculares, pero no se le pueden perdonar todas las barbaridades que cometió. Es tener dos dedos de frente y un poco de sentido común”, añadió Dapena. Contó también que el acto hacia Maradona se hizo no por iniciativa de las jugadoras, sino porque la Real Federación Española de Fútbol emitió un comunicado instando a ello a todos los equipos del país.

Su actitud le ha valido elogios desde los sectores de la sociedad más comprometidos con la lucha feminista...

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...pero también críticas y reproches feroces por parte de quienes lo veían como una falta de respeto inadmisible:

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La propia Paula, que en su perfil se define como “abolicionista de género”, ha tenido que bloquear el acceso a su cuenta de Twitter, ante el acoso al que estaba siendo sometida.

¿Ha hecho bien la jugadora en protestar de esta manera? ¿Su reivindicación justo en ese momento es legítima? Intentemos por esta vez alejarnos de los argumentos habituales de la libertad de expresión o de lo poco oportuno de hacer algo así con el cuerpo aún sin terminar de enfriar y abordemos la cuestión desde un punto de vista totalmente diferente. Porque cabe la posibilidad de que Paula Dapena, sin pretenderlo, haya hecho el mejor y más sincero homenaje posible a Maradona.

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Si repasamos la trayectoria histórica de Diego veremos que, más allá de su habilidad con el balón, lo que le transformó en un mito, la causa de que otros futbolistas con talento comparable y más éxito sobre el césped nunca podrán llegar a representar lo mismo que él, es su actitud más allá del fútbol. Maradona era un tipo que decía lo que pensaba y hacía lo que quería sin preocuparse por si a alguien le pudiera molestar. Era mucho más que un deportista: se llegó a convertir en un referente social, líder y símbolo para mucha gente. Se puede debatir largo y tendido sobre si merecía serlo, o incluso si él mismo se sentía cómodo en este papel, pero el hecho es que tenía esa consideración.

Y la tenía por su actitud vital, reflejada en innumerables gestos a lo largo de su carrera. Como cuando se erigió en representante del pueblo napolitano, o del sur de Italia en general, históricamente subdesarrollado y deprimido con respecto al norte, y con algo tan banal como el fútbol les dio un motivo para sentir orgullo. Porque, pese a ser argentino, veían a Maradona como uno más de ellos.

Abundantes episodios concretos reflejan esta situación; por destacar uno, podemos recordar cuando, allá por 1984, le pidieron ayuda para recaudar fondos para un niño de Acerra, un pueblo de la provincia, que necesitaba un tratamiento médico costosísimo. Maradona no solo accedió a jugar un partido amistoso contra el equipo local pese a la prohibición expresa de la directiva napolitana (temían que el barrizal que era aquel campo causara alguna lesión que les afectara en el campeonato), sino que incluso sufragó de su bolsillo tres cuartas partes del dinero necesario.

En su Argentina natal también le idolatraban por detalles similares. Más allá de Manos de Dios y goles a Inglaterra, otro ejemplo clarísimo se vio en la final del Mundial de 1990, que su país jugó (y perdió) contra Alemania. El partido se disputaba en Roma y el público local, picado porque en semifinales Italia había caído precisamente contra la albiceleste, abucheó el himno sudamericano antes de empezar el juego. Los demás jugadores aguantaron el chaparrón y se dedicaron a cantar la letra oficial. Diego, herido en el orgullo patrio, decidió responder a la afrenta lanzando insultos a la grada. No hace falta ser un experto en lectura de labios para entender lo que les llamaba.

A muchos les pareció inadecuado que Maradona dedicara palabras tan malsonantes a los aficionados. A él le dio igual y lo hizo de todas formas. Como tampoco dudó años después en apoyar a dirigentes políticos izquierdistas como Fidel Castro o Nicolás Maduro. ¿Era acertado? ¿Era sensato que una figura de su relevancia, en lugar de intentar contentar a todo el mundo, se posicionara tan claramente a un lado del espectro, con el riesgo de animadversión de los partidarios del extremo contrario?

Quizás no mucho. Pero Maradona era así, y por eso se le quería tanto. Al margen de otros capítulos de su vida de los que ya se ha hablado en abundancia, el hecho es que tenía sus ideas e iba a muerte con ellas, sin importarle a quién pudiera molestar ni la corriente contra la que tuviera que remar.

En este sentido, lo que acaba de hacer Paula Dapena es exactamente lo mismo. Ella tiene una opinión y la defiende, cree que hay una injusticia y lucha contra ella, aunque sus formas puedan molestar a otros. ¿Está haciendo bien? ¿Lleva la razón? Todo eso, en el fondo, es lo de menos, porque cada uno lo verá desde el punto de vista que le parezca. Lo importante en este caso es que la jugadora gallega no se ha callado, ha protestado públicamente contra lo que ella ve inaceptable, sin importarle ni el momento ni las reacciones hostiles que podía causar.

Ese, precisamente, es el legado que nos dejó Maradona. Muy por encima de lo que hiciera con el balón. Y por eso Dapena, probablemente sin querer, le ha hecho un reconocimiento tan sutilmente brillante que ninguna camiseta conmemorativa lo puede igualar.

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