Las dificultades nunca van a asustar al más fanático de las hazañas

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Cualquier persona en el mundo estaría transpirando si le confirmasen que 15 de sus jugadores dieron positivo por coronavirus. Mucho más cuando esto sale a la luz unas horas antes del clásico. Y ni hablar si en los próximos 10 días se juegan dos partidos claves por la clasificación a los octavos de final de la Libertadores. Si les dijera que no estoy nervioso, estaría mintiendo, pero estoy seguro que un aficionado de cualquier otro equipo del planeta estaría sufriendo mucho más.

Gallardo llegó a un River que se empezaba a levantar después de varios años duros (descenso incluido) y en pocos años se ocupó de que los malos años sean historia para aquellos niños que empezaron a ver fútbol con él como entrenador. Agarró un club que no solo acababa de ascender, sino que venía de casi 20 años sin ganar un título internacional, cuya rivalidad con Boca estaba cuesta arriba hace mucho tiempo (la 'paternidad' bostera era cada vez más grande) y que era el punto de las bromas de un país entero.

Gallardo en la Sudamericana contra Boca, según muchos, el día en el que empezó su era | Gabriel Rossi/Getty Images
Gallardo en la Sudamericana contra Boca, según muchos, el día en el que empezó su era | Gabriel Rossi/Getty Images

El Muñe agarró una papa caliente. Pero caliente de verdad. Al principio los hinchas no confiábamos mucho, pues tuvimos demasiadas promesas fallidas en los últimos años, pero rápidamente eliminó a Boca de la Sudamericana, y ganó la competencia. Ya estábamos hechos, nos habíamos sacado el fantasma de encima, habíamos eliminado al eterno rival y habíamos festejado un título en la pantalla internacional de Fox Sports. Pero luego hubo más: eliminamos a los Xeneizes en la Libertadores 2015, y ganamos la Copa. Listo, ya está, andate Muñe, más que esto no se puede.

Cuando algunos idiotas (perdón, pero de verdad los veo así), empezaron a dudar de él en el 2018, ganó el clásico de la final de la Supercopa en Mendoza, después los venció en la Bombonera y luego el partido contra Madrid. Un año después los eliminó de la Libertadores en semifinales, pero casi ni se habló de eso, ¡mirá como nos malacostumbró!

Gallardo y la Libertadores 'más hermosa del mundo' | Chris Brunskill/Fantasista/Getty Images
Gallardo y la Libertadores 'más hermosa del mundo' | Chris Brunskill/Fantasista/Getty Images

Salimos un rato de la historia y volvemos al presente. Muchos hinchas de River utilizando el argumento "no tenemos nada que perder, hay 15 contagiados", estoy seguro que si Gallardo los leyera los estaría insultando. Para el Muñe hay todo lo que perder, el partido este vale lo mismo con jugadores sanos o enfermos, y el objetivo de las semifinales en la Copa de la Superliga nunca se le movió, y el de los octavos de la Libertadores mucho menos.

Tiene un dolor de cabeza no menor, de repente tiene que utilizar a un arquero al que probablemente no le conoce ni la voz y tiene que amar un equipo improvisado a salvar la temporada, pero las fuerzas mayores nunca le van a servir de excusa para tirar la toalla, al contrario. Las dificultades son el motor del Muñe, no lo achican, sino que lo agrandan.

Probablemente estuvo desvelado toda la noche y descifrando qué hacer para jugarle de igual a igual a Boca. Las dificultades nunca van a asustar a un fanático de las hazañas, solo lo motivan.

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