Derrumbado el mito sobre los beneficios del chupito de sobremesa

Mónica De Haro
·8 min de lectura

El mito de que el alcohol favorece la digestión está muy extendido, y se basa en su supuesto poder para estimular la secreción gástrica y, por tanto, favorecer la digestión. Se trata de una falsa creencia. Esto es lo que le pasa a tu estómago cuando te tomas un chupito para 'bajar' la comida

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Si el alcohol se toma en forma de licor, al finalizar la comida, conviene tener en cuenta que su efecto de intoxicación se va a sumar al del alcohol tomado como aperitivo y también al de las copas de vino o cerveza, tomadas a lo largo de toda la comida. (Foto: Getty)

Tras una comida copiosa, muchos ansían escuchar del camarero eso de “¿Un licor digestivo?” para agarrarse la tripa y recoger con júbilo el guante esperando que ese licor mágico, pese a su potente graduación, vaya a dejarnos el aparato digestivo como nuevo después del aperitivo, el vino, los dos platos, el postre y el café.

Pero, ¿qué es lo que nos lleva a hacer esta extraña asociación? El convencimiento de que si el alcohol estimula la secreción gástrica, al tomarnos un chupito después de una comilona podemos favorecer la digestión, ¿verdad?

Bueno, sentimos llevarte la contraria, pero obviamente no es tan sencillo. Aunque “en pequeñas cantidades, el alcohol estimula la secreción de jugo gástrico, que contiene ácido clorhídrico y determinados péptidos hormonales que intervienen en la digestión de los alimentos”, según nos explica el doctor Josep Guardia Serecigni, psiquiatra especialista en trastornos adictivos, también desencadena toda una serie de efectos adversos sobre los órganos que intervienen en la digestión.

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El alcohol (etanol) a dosis altas, no solo no aligera la digestión, sino que “es un gran irritante de la mucosa gástrica, capaz de producir una gastritis hemorrágica”. (Foto: Getty)

Además, ese efecto positivo inicial solo ocurría “en el caso de ciertas bebidas alcohólicas, las de graduación baja o intermedia, que estimulan la secreción de jugos como un vino dulce de postre o un espumoso, matiza el doctor Ramón Estruch, miembro del comité directivo del CIBER de Obesidad y Nutrición del Instituto de Salud Carlos III y del Advisory Board of the ERAB (European Foundation for Alcohol Research), pero los llamados ‘licores digestivos’ suelen estar por encima de los 25º (llegando en ocasiones a los 60º), frente a los 13º o 14º del vino y los 5º de la cerveza más común”.

Por otro lado, “apenas hay estudios sobre los efectos del consumo de los distintas bebidas alcohólicas sobre la motilidad y secreción gástrica que pudiesen justificar su empleo después de las comidas, añade el experto, por lo que particularmente pienso que no recomendable, ya que después de una comida abundante en la que se ha abusado de vino o cerveza, la toma de licores y destilados son la puntilla”.

No es un relajante (al contrario)

Es cierto que como el alcohol es un vasodilatador, al tomarnos un chupito de licor después de una comida, notamos una sensación de relajación porque el estómago está más distendido. Pero se trata de un efecto engañoso y pasajero ya que, en realidad, los licores no le vienen nada bien a nuestra digestión, habida cuenta que el alcohol disminuye la movilidad gástrica, ralentiza el paso de los alimentos al intestino, irrita la mucosa y además aporta más calorías que el cuerpo ha de digerir.

Si encima, durante la comida (o en el aperitivo) hemos tomado otras bebidas alcohólicas, peor me lo pones. Y es que tal y como explica el Dr. Serecigni: su efecto de intoxicación se va a sumar al del alcohol tomado como aperitivo y también al de las copas de vino o cerveza, tomadas a lo largo de toda la comida”. Todo este exceso provoca una cascada de efectos negativos: irritación de la mucosa gástrica, trastornos sobre el tubo digestivo (motilidad esofágica), reflujo, gastritis y una mayor dificultad al hacer la digestión.

Además, el hígado prioriza descomponer esta sustancia tóxica y ralentiza o disminuye el aprovechamientos de los nutrientes que has tomado durante la comida

“Se asocia a este tipo de sustancias con esta mejoría porque favorecen el peristaltismo intestinal, que hace que sientas que la comida va avanzando al intestino, pero realmente el alcohol es un irritante de la mucosa y puede generar más malestar que beneficio”, aclara al Comidista Tamara Ortiz, doctora en nutrición y miembro del comité de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD).

“Cuando el consumo total de alcohol de toda la comida supera las 3 o 4 consumiciones se va a producir una disminución de la motilidad espontánea del tubo digestivo, con posibilidad de reflujo gastro-esofágico e irritación de las mucosas del esófago, estómago e intestino delgado, que propicia digestiones lentas y pesadas, flatulencia y diarrea”, añade Serecigni.

El expertos señala que hay pocas evidencias científicas que demuestren que el consumo de licor, después de una comida, puede favorecer la digestión de los alimentos. Sin embargo, existen muchas que han confirmado reiteradamente las consecuencias negativas del consumo excesivo de alcohol sobre la digestión y también sobre muy diversas áreas de la salud y del bienestar.

Tal y como recoge este estudio sobre el consumo de alcohol, “un organismo adulto y sano se puede permitir tomar una consumición de contenido alcohólico (igual que se puede permitir tomar un medicamento), pero por encima de una consumición al día (o de 6 a la semana) ya aumenta el riesgo de enfermedades del sistema cardiovascular, cánceres del aparato digestivo y de mama y otras enfermedades, así como ansiedad, depresión, insomnio y otros trastornos psiquiátricos”.

Por tanto, ese chupito con el que rematas la comida tendrá justamente el efecto contrario al que buscas, será como una bomba para tu estómago. Al ingerirlo de golpe se pone en marcha un proceso ‘destructivo’ en el interior de tu organismo que dificulta su funcionamiento.

  • Disminuye el funcionamiento normal del esófago, que facilita que la comida tragada progrese hasta llegar al estómago, interfiriendo en el cierre normal de la válvula que lo separa del estómago y permitiendo el reflujo del contenido ácido del estómago hacia el esófago.

  • Esto genera una sensación de ardor en el tórax, junto con la irritación de la mucosa del esófago que puede llegar a provocar una úlcera. Y a su vez, esta irritación del esófago por el ácido del estómago puede producir náuseas, vómitos, e incluso hemorragias.

  • En el estómago puede producir gastritis agudas, crónicas, erosivas y cáncer gástrico,

  • En el intestino delgado puede producir una aceleración del tránsito digestivo, con diarrea y malabsorción.

  • El páncreas y el hígado pueden enfermar debido a la agresión continuada del alcohol, y se pueden llegar a desarrollar patologías como diabetes, hepatitis alcohólica, la cirrosis y cáncer de hígado.

Ya sé, visto de manera aislada, todo esto parece exagerado. No va a pasarte nada por tomar un chupito o una copa de vez en cuando, ¿verdad? Sin embargo, somos animales de costumbres. Y pasarse años repitiendo estas conductas... Tardan, pero al final las afecciones que provoca el consumo de alcohol se acaban manifestando de una forma u otra.

Por ejemplo, explica el doctor Cristóbal de la Coba Ortiz, especialista en Aparato Digestivo y experto de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), "el helicobacter pylori, bacteria responsable de la gastritis, que es una inflamación de las paredes del estómago, tarda hasta décadas en provocar daños, por eso se manifiesta más a partir de los 30 que de los 20".

"Se calcula", añade el experto, "que aproximadamente la mitad de la población tiene helicobacter pylori y, cuando el estómago se inflama por la acción de esta bacteria, el alcohol sienta cada vez peor", porque aumenta la irritación.

Alternativas saludables

Así que quizás sea mejor que en lugar de jugártela con el licor, si sientes pesadez después de comer, te tomes una infusión de jengibre, esta planta con efecto tonificante, también actúa como un antiinflamatorio natural que previene el reflujo al reforzar la válvula del esófago y combatir las náuseas.

También puedes optar por remedios populares como la menta poleo, que reduce los retortijones, la hinchazón y, por tanto, el malestar estomacal; o la manzanilla, que además de ser eficaz contra los nervios y para combatir el insomnio, evita la generación de gases en el estómago y alivia la pesadez abdominal. Y si sueles tener gases, te vendría bien una infusión de hinojo ya que actúa como un calmante intestinal (elimina los cólicos), y estimula los movimientos naturales del intestino.

Si no quieres tomar más líquidos, toma un cítrico de postre y acertarás siempre; los limones, mandarinas, naranjas o pomelos son grandes aliados de los procesos digestivos. Y si ninguna de estas opciones te convence, puedes decantarte por otros productos, como por ejemplo, “los caldos o consomés, que al contener determinados péptidos como carnosina, anserina o balerina, también estimulan la secreción gástrica sin contener alcohol. Por las mismas razones, tal vez sería más interesante tomar una taza de consomé después de una comida pesada que tomar una bebida alcohólica”, concluye el doctor Estruch. Y por supuesto, tras una comida pesada, existen otras medidas muy saludables como salir a dar un paseo.

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