Milagro de Navidad: el Dynamo de Dresde recauda 360.000 euros y se salva de la bancarrota pese a jugar a puerta cerrada

Luis Tejo
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Jugadores y técnicos del Dynamo de Dresde posando antes de empezar un partido.
Jugadores y técnicos del Dynamo de Dresde posan para una foto antes del partido de Copa contra el Darmstadt. Foto: Robert Michael/picture alliance via Getty Images.

Una de las consecuencias más visibles que está teniendo la pandemia del coronavirus en el mundo del deporte es que no puedes ir a tu estadio favorito a ver competir a tu equipo. Como medida de prevención para intentar disminuir el riesgo de contagios, en casi todas partes se está jugando a puerta cerrada, o si acaso con aforos muy reducidos. Alemania, que está en la lista de los 10 países del mundo con más infectados, es uno de tantos lugares que aplican estas restricciones con rigor.

No tener gente en las gradas no es solamente que los jugadores no sientan el apoyo de sus hinchas mientras disputan los partidos o que las retransmisiones de televisión queden deslucidas, que también. El asunto tiene consecuencias económicas muy graves. En especial lo sufren los equipos pequeños, los que no tienen demasiadas fuentes alternativas de ingresos y dependen en buena medida de las recaudaciones de taquilla.

Un buen ejemplo es el Dynamo de Dresde. El club negriamarillo, antaño una de las grandes potencias de la Alemania oriental comunista, hoy sobrevive como puede en la tercera división, a la que cayó relegado el año pasado tras acabar en último lugar el curso pasado en la 2. Bundesliga. Probablemente vuelva a ascender rápido, porque va líder y está arrasando, pero la diferencia de ingresos entre categorías es enorme, y más esta temporada.

Al Dynamo le hacía falta dinero desesperadamente para evitar meterse en el buen lío en el que ya se están viendo otras instituciones deportivas. Pero sin que la afición pueda entrar a su campo, era necesario buscar alguna alternativa creativa para generar recursos. Entonces, a alguien en la directiva se le ocurrió una idea brillante: vender “entradas virtuales”. Los compradores no podrían acceder al estadio con ellas, pero lo recaudado serviría como donativo para ayudar al club a superar estos tiempos difíciles.

Pantalla mostrando el texto "Geisterzahl 72.112" sobre la grada vacía del estadio de Dresde
Pantalla sobre las gradas del estadio que muestra la cantidad de entradas vendidas. Foto: Robert Michael/picture alliance via Getty Images.

¿Quién pagaría cinco euros por una entrada para el fútbol para que luego no le dejen sentarse en las tribunas a ver el espectáculo? Por extraño que pueda parecer, mucha gente. Tanta como 72.112 personas, lo que tiene mérito teniendo en cuenta que, en condiciones normales, el estadio Rudolf Harbig (llamado así en honor a un atleta nacido en la ciudad que fue campeón olímpico y batió varios récords mundiales en los años ‘30) tiene un aforo de poco más de 32.000 localidades y que, precisamente, el objetivo de la campaña era llegar a 30.000.

De hecho, ha sido el récord absoluto de billetes vendidos para un partido del Dynamo en casa (el anterior, de 44.000, se remonta a 1979, cuando estaba permitido que el público permaneciera de pie) y el tercer encuentro de la historia del club con más “asistencia”, solo por detrás de uno en Belgrado en 1991 y otro en Dortmund en 2011. En cuanto a la recaudación, se cuentan 360.150 euros, quizás poca cosa para la élite pero una fortuna en tercera división que indudablemente ayudará a sanear las muy maltrechas arcas de la entidad en estos tiempos tan convulsos.

Todo salió muy bien y los representantes del club acabaron contentísimos: tal como decía el entrenador Markus Kauczinski en declaraciones que recoge La Gazzetta, “son muchas personas que han invertido su tiempo y su dinero para demostrarnos su cercanía incluso en este momento. Se trata de algo realmente especial”. Solo una cosa deslució ligeramente el espectáculo: el club pretendía haber dado un poco de ambiente pegando un globo inflado a cada uno de los asientos del graderío, pero tuvo que renunciar a la idea ante el temor de que el viento que soplaba a más de 50 km/h los mandara al césped y dificultara el juego.

En realidad hubo otro aspecto negativo para el Dynamo: el resultado final del partido. Se trataba de un cruce de segunda ronda de la DFB-Pokal, la Copa de Alemania, y el oponente era el Darmstadt, que en liga juega una división por encima y además es de los potentes: el año pasado acabó quinto, a solo tres puntos de meterse en la promoción de ascenso. La diferencia de nivel hizo inevitable el 0-3 con el que se impusieron los blanquiazules. Pero a nadie en Dresde le importó esta derrota, porque habían logrado algo mucho más grande: salvar a su equipo del peligro de ruina.

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