El álbum Panini: la bella tradición del Mundial que la tecnología no ha podido matar

·4 min de lectura
Álbum Panini y sus estampas típicas de cada cuatro años. (Mario Tama/Getty Images)
Álbum Panini y sus estampas típicas de cada cuatro años. (Mario Tama/Getty Images)

El álbum Panini es el verdadero síntoma de que el Mundial está cerca. Ni el sorteo para determinar los grupos tiene ese poder. Porque aceptémoslo, ¿qué aficionado al futbol no se derrite por tener las estampas entre sus manos y tratar de llenar ese laberíntico mapa de caras, escudos, estadios y mascotas? No debe existir patrimonio tangible o intangible que pueda competir con la emoción de abrir el primer sobre de un nuevo álbum. Y ya no hablemos de llenarlo.

Ayer, cuando Costa Rica confirmó su asistencia al Mundial como el invitado número 32, una impresión colectiva se manifestó inmediatamente en Twitter: ya está listo el álbum. No falta nadie, tiren esas imprentas a la velocidad de la luz y tomen todo mi dinero. Hasta Panini se permitió bromear con un video que refleja la rapidez a la que están trabajando con tal de complacer a los millones de enfebrecidos fanáticos al futbol.

Aunque muchos digan que es una actividad reservada para niños, todos sabemos que eso es mentira. No hay quien pueda resistirse al encanto. Quizá, en alguna medida, porque a todos nos gusta sentir que volvemos a la infancia. La magia de abrir un sobre de estampas y tratar de adivinar quiénes serán los elegidos no se compara con nada. Que tire la primera piedra aquel que no haya hecho cuentas del dinero que le costaría llenar todo el álbum. Eso suponiendo que nunca salieran estampas repetidas.

Porque no todo es maravilloso. ¿Qué puede ser más frustrante que pegar chueca una estampita? No hay suficientes golpes en el pecho que remedien tamaña tragedia. Más aún si el osado pecador opta por tratar de despegar la estampa para reacomodarla y se lleva un trozo de papel en su intento. ¿Quién no sufrió la decepción letal de sacar dos repetidas (o más) en el mismo sobre? Se puede decir que, en el caso de nuestro país, el álbum es un repertorio de alegrías y tristezas casi tan volátil como nuestra selección.

También es cierto que las estampas repetidas tienen mucha vida útil. Lo más lógico es cambiarlas con algún amigo por otros cromos que hagan falta. En los últimos mundiales, también han proliferado los grupos de Facebook en los que los aficionados se ponen de acuerdo vía virtual para reunirse en diversos puntos de la Ciudad y dar rienda suelta a un intercambio masivo. Una vez pasada la fiebre mundialista, los cromos sin hogar en el álbum encuentran acomodo en muebles y cuadernos escolares.

Desde luego, las supersticiones no han estado exentas del magnetismo que causa el álbum. Como aquellos jugadores cuyo cromo fue más bien una maldición anticipada: se lesionaron, no los convocaron y su estampita pasó a la posteridad como una reliquia maldita de la mala suerte. Y no hablar de los montajes indignantes que Panini ha realizado para diseñar algunos cromos (el de Rafa Márquez en 2014, uno de los más recordados).

La tecnología nos ha invitado a adaptarnos al Mundial del Siglo XXI. Hoy todo lo vemos en HD, la señal nos llega límpida, sin la mínima interrupción, y nos hemos acostumbrado a tener un ojo en la televisión y otro en el celular, porque un gol no vale si no es gritado en Facebook. Las camisetas de los 80 y los 70 se han convertido en piezas de museo que, en el ámbito tecnológico, nada tienen que hacer contra las comodísimas playeras de la actualidad que eliminan el sudor en cuestión de minutos.

Aficionados comprando estampitas en un puesto callejero de Uruguay. (PANTA ASTIAZARAN/AFP via Getty Images)
Aficionados comprando estampitas en un puesto callejero de Uruguay. (PANTA ASTIAZARAN/AFP via Getty Images)

Incluso Panini sacó en el último Mundial un "álbum virtual", como para no desentonar con los tiempos actuales, pero nadie puede tragarse ese chiste: una estampa física vale más que diez colecciones digitales.

Hablamos todo el tiempo del VAR, de la posible formación ultrarevolucionaria que plateara tal entrenador, y de cables conectados al cerebro que dictaminan el comportamiento de un jugador cuando toca o no toca el balón. Pero la magia, la verdadera, está en esa emoción por comprar los sobres en el puesto de periódicos y llegar a casa para abrirlos rápido. Claro, ya no es tan fácil. El sobre costó 14 pesos en el último Mundial y ese precio podría subir para Qatar. Pero la ilusión está ahí, a pesar de la usura de Panini, porque volver a ser niños vale mucho más que 14 pesos.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR | EN VIDEO

Los ladrones no contaban con lo que haría esta mujer para salvar su bolsa

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente