El cambio histórico hacia las mujeres árabes que provocó el fútbol y otros negocios

Aficionadas en las tribunas agitan banderas del Real Madrid previo al partido de la Supercopa española entre el Real Madrid y el Valencia, en Yeda, Arabia Saudita, el miércoles 8 de enero de 2020. (AP Fto/Hassan Ammar)
Aficionadas en las tribunas agitan banderas del Real Madrid previo al partido de la Supercopa española entre el Real Madrid y el Valencia, en Yeda, Arabia Saudita, el miércoles 8 de enero de 2020. (AP Fto/Hassan Ammar)

Los eventos deportivos de carácter mundial sin duda son una vitrina que expone lo que sucede en un país. La mayoría del público se concentra en el evento en sí, sean unos Juegos Olímpicos, un Mundial de Fútbol o algún otro suceso que haga que los ojos del mundo volteen al país que lo organiza.

Ajeno ha sido el público deportivo, en general, el que tiene los recursos para viajar a cada país a cada evento cada cuatro años, de lo que sucede en cada uno de ellos. Pero en los países occidentales se presume una integración más homogénea de los sectores de su sociedad, más allá de la pobreza o la falta de oportunidades que cada nación enfrenta como parte de la cotidianeidad de cada idiosincrasia.

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Hay países que sufren otras dolencias, como los de Medio Oriente por sus prácticas religiosas señaladas como violatorias de los derechos humanos ante los ojos del resto del mundo.

Pareciera que los regímenes de estos países, al menos los más ‘avanzados’, quieren presumir de auténticos cambios, de derribar muros culturales, tarea nada fácil. Fácil tal vez sea generar una comprensión diferente sobre las nuevas tendencias culturales en países con costumbres milenarias. Suena como una misión prácticamente imposible, pero que goza de momentos fugaces que hacen sentir a la opinión pública que se está haciendo algo.

Y de verdad se están haciendo cosas que proveen una tenue luz de esperanza para alcanzar algún día la igualdad, la tan ansiada equidad de género que en occidente también cuesta mucho trabajo entenderla, alcanzarla y promoverla como algo que debe ocurrir en todo momento y en toda circunstancia.

Mujeres en el parque de diversiones Diriyah Oasis, en la ciudad de Diriyah, Arabia Saudita. (AP Photo/Amr Nabil)
Mujeres en el parque de diversiones Diriyah Oasis, en la ciudad de Diriyah, Arabia Saudita. (AP Photo/Amr Nabil)

La Supercopa de España que se lleva a cabo en Arabia Saudita es sin duda una auténtica vitrina para ver los alcances de lo que unos llaman una auténtica revolución cultural, que sin duda es parte de la gran apertura que tiene Arabia Saudita, reino que dirige "de facto" el heredero al trono, Mohamed bin Salman, de 34 años.

La ‘apertura’ que vive este reino árabe tiene poco tiempo, apenas en agosto de 2019 inició una ley que permite que las mujeres adultas puedan obtener pasaporte, viajar y trabajar sin necesidad de contar con el permiso de su tutor varón.

Esta modificación legal abre la puerta a que las mujeres saudíes mayores de 21 años puedan solicitar el pasaporte y viajar al extranjero sin la venia del "mahram" o tutor masculino, sea su progenitor, cónyuge o hermano.

Además, los decretos aprobados por el Gabinete de este reino otorgan la facultad a las mujeres para registrar nacimientos, defunciones, matrimonios o divorcios, un derecho reservado por décadas sólo a los hombres. Por vez primera, las mujeres podrán ser tutores de menores de edad.

Mujeres en el festival de música electrónica "MDL Beast Fest", en la ciudad de Riyadh en diciembre de 2019. (Photo by Fayez Nureldine / AFP) (Photo by FAYEZ NURELDINE/AFP via Getty Images)
Mujeres en el festival de música electrónica "MDL Beast Fest", en la ciudad de Riyadh en diciembre de 2019. (Photo by Fayez Nureldine / AFP) (Photo by FAYEZ NURELDINE/AFP via Getty Images)

Estas ‘novedosas’ reglas atacan lo que para unos es un problema ancestral derivado de un hábito cultural que ha permanecido en generaciones más viejas. Ahora se declara que “el trabajo es un derecho de los ciudadanos” y hace énfasis en que los empleadores no pueden discriminar a su personal debido a su sexo, edad o discapacidades, como supuestamente debe ocurrir en todo el mundo.

Sin embargo todos estos cambios, que a la vista occidental es un logro, no es sólo sino tolerancia a la presencia femenina en actividades que antes eran exclusivas del sexo masculino, como ir a un estadio de fútbol o asistir a un concierto masivo, entre otras miles.

Los cambios auténticos, sustanciales, en países con costumbres milenarias no se darán en menos de un año y muchos aún ven con sorpresa lo que se vive y aún sucede en estos países desde hace centenares de años, como le sucedió a la periodista del Diario As, Patricia Cazón, quien señalaba lo que para ella eran dificultades para las mujeres, no poder usar una piscina o no comer con sus compañeros varones en un McDonald’s.

Si bien estas mínimas características de una cultura pueden parecer violatorias a los derechos humanos, así han permanecido desde centurias y han vivido, créase o no, cierta flexibilidad que es digna de celebrarse pues estas sociedades y sus culturas son en extremo consuetudinarias.

Apenas en 2016, la policía religiosa de este país aún hacía redadas en restaurantes que tenían la música con alto volumen o arrestaba mujeres en centros comerciales por mostrar sus rostros o las manos con las uñas pintadas de rojo.

Los cambios que sufre Arabia Saudita son mostrados, según el heredero Mohamed bin Salman, para acabar con la falta de mano de obra que otras industrias, además de la más importante del país, que es el petróleo, no tenga problemas de mano de obra y pueda contratar mujeres sin que esto represente un choque cultural. El plan es incrementar la tasa de empleo femenino del 22 por ciento en 2019, a un 33 en 2030, según el diario español El País.

El gobierno se esfuerza por mostrar que sus ‘avances’ son reales. En diciembre de 2019, estrellas de Hollywood, modelos e influencers de redes sociales fueron invitados para la promoción de un festival cultural de tres días de duración. Dicho evento en la ciudad de Riyadh fue dedicado para la juventud saudita, en un esfuerzo de las autoridades para reactivar la economía local y pulir la imagen del país a nivel mundial.

La equidad de género en países de Oriente Medio es quizá, lamentablemente, un problema que no está en las prioridades de cada nación de esta región del planeta. Ver mujeres en estadios de fútbol o conciertos es un aliciente, un paso y una victoria, pero el papel de la mujer en cualquier sociedad debe ir más allá de eventos que satisfacen el entretenimiento de las masas.

Una mujer asiste a la gran final de la Supercoppa Italiana entre la Juventus y la Lazio en el Rey Saud University Stadium en la capital, Riyadh, en diciembre de 2019. (Photo by GIUSEPPE CACACE / AFP) (Photo by GIUSEPPE CACACE/AFP via Getty Images)
Una mujer asiste a la gran final de la Supercoppa Italiana entre la Juventus y la Lazio en el Rey Saud University Stadium en la capital, Riyadh, en diciembre de 2019. (Photo by GIUSEPPE CACACE / AFP) (Photo by GIUSEPPE CACACE/AFP via Getty Images)

El Mundial de fútbol de Catar, otro país de la franja árabe, con una cultura más liberal, sin duda será también otra vitrina que muestre a los occidentales el ‘avance’ de las costumbres en esta región, muchas derivadas de un islamismo radical, y que ante nuestros ojos son muestra inequívoca de violación a la libertad y los derechos humanos de las mujeres.

Mientras, que las mujeres de Arabia Saudita disfruten del fútbol, el boxeo y otros deportes, aunque aún deban vestir burkas, hiyabs y otras prendas tradicionales de su cultura.

Twitter: Ricardo Gutiérrez

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