‘El chiringuito’ contra Maldini


Dicen que no has dado una noticia en tu vida, Hulio.
Dicen que no has dado una noticia en tu vida, Hulio.

Julio Maldonado, o sea, ‘Maldini’, concedió la semana pasada una entrevista al diario ‘El Mundo’. “La gente piensa en periodismo deportivo y piensa en 'El chiringuito', y eso es un problema grave", rezaba el titular.

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El entrecomillado viene de una pregunta de Iñako Díaz-Guerra sobre el fin -hace ya un año- de 'Fiebre Maldini', su antiguo programa en Movistar+: “Se está tendiendo a programas tipo ‘El chiringuito’, que yo respeto pero no veo. No es periodismo sino un show. Yo llego a casa después de comentar un partido de Champions y prefiero poner otro partido que ponerme a ver a Roncero pegar gritos, y mira que quiero a Roncero. Está bien, sobre todo para gente que ve el fútbol desde un punto de vista superficial y con la bufanda de su equipo puesta. Es respetable, no matan a nadie, pero tomárselo en serio sería absurdo. Sin embargo, mucha gente piensa en el periodismo deportivo y piensa en eso. Y es un problema gravísimo. Hay buen periodismo deportivo si sabes encontrarlo, pero te obliga a buscarlo”.

Imagino que Maldini no pretendía inventar la pólvora en su respuesta y desde luego no lo hizo. Cualquiera sabe que ‘El chiringuito’ es ante todo un show y está basado en la visceralidad de sus colaboradores como proyección de la de su público. Y dada la indudable popularidad del programa, en las palabras de Maldini late una lógica preocupación por que el espectador piense que todos los periodistas deportivos han de ser gritones y forofos. Son argumentos razonables para cualquiera... salvo para algunos miembros de ‘El chiringuito’, que reaccionaron con una agresividad tremenda, desproporcionada incluso para lo que se estila en el programa. A Maldini no le sirvió de nada emplear coletillas como “es respetable” y “yo respeto”.

"Periodistas que no han dado una noticia en su vida dando lecciones", reaccionó José Luis Sánchez, con las ínfulas de quien ha derribado gobiernos con su pluma; "ninguneando referencias informativas y menospreciando a compañeros que marcan la pauta de la actualidad”. Lo de ningunear y menospreciar, por lo visto, sólo está mal si te lo hacen a ti.

"El periodismo casposo me aburre. [...] Bienvenidos al 2019", se sumó al ataque el tal Jota Jordi, otro habitual del programa; “por cierto, las noticias las damos nosotros”. Quizá se refiera a la presentación de Neymar en el Camp Nou, que anunció para el 29 de agosto.

Como se ve, la táctica de estos miembros de ‘El chiringuito’ no consiste en defenderse para que no les tomen por menos que nadie, sino de atacar para ser más que todos. No se trata de reivindicar su periodismo, sino de hacerlo a costa de denostar el de los demás, sin escatimar ataques personales. El más ofensivo fue Juanma Rodríguez: “Lo que hace Maldini no es periodismo, si acaso es un buen documentalista. Os lo explicaré en palabras de un periodista de verdad… el señor Ben Bradlee, director del Washington Post durante el caso Watergate (¿Os suena Watergate?... No, no es el central del Ipswich Town): "Periodismo es descubrir la verdad y contarla". No hay más. Descubrir la verdad y contarla”.

Rodríguez dedicó a Maldini una retahíla de tuits, todos borrados ya, incluido uno en el que aseguraba que "ha hecho más por el periodismo Edu Aguirre con su seguimiento del caso Cristiano que ese pedante con todas sus lecciones de estadística y nombres que no interesan a nadie". Sí, Edu Aguirre, defensor a ultranza de Cristiano Ronaldo y parte nada disimulada de su séquito, al que el futbolista empleó en 2018 como portavoz durante la parte mediática de su -frustrada- negociación para renovar por el Real Madrid. El alumno aventajado de Bob Woodward y Carl Bernstein, por lo visto.

Un error habitual al repartir carnets de periodista es creer que sólo lo merecen aquellos que anuncian -presuntas- exclusivas al ritmo de un rotulito parpadeante. Una concepción paupérrima de un mundo tan amplio y tan necesitado de perfiles muy diversos: como pensar que sólo son futbolistas los que marcan goles. Seguramente seré raro, pero yo no quise estudiar periodismo para desvelar una cena de conjura ni admiré a un reportero por adelantar una alineación dos horas antes que el resto. Mi vocación creció más con el contexto que con la exclusiva, leyendo y escuchando a gente que sabía desentrañar y explicar las cosas, entre ellas el fútbol.

Maldini gustará más o menos. Su archivo con miles de partidos no le libra de meter la pata, como todo hijo de vecino, y como buen comentarista que se precie es capaz de arrimar el ascua a su sardina durante la retransmisión para conseguir que al comentario de la previa no lo conozca ni la madre que lo parió en el postpartido. Nunca me ha parecido pedante y no recuerdo haberle oído hablar de estadística, como dice Juanma Rodríguez. En los noventa fue un pionero y abrió un camino por el que hoy transitan muchos. Gracias a él supe cosas tan inútiles y tan fascinantes como que cada estrellita en un escudo italiano representaba diez ligas, que el derbi de Rosario lo juegan ‘canallas’ contra ‘leprosos’ o que el ganador de la Copa inglesa tenía que subir 39 escalones para recoger el trofeo en Wembley.

Y ‘Fiebre Maldini’, el origen de este conflicto, era un programa excelente. Contaba por cierto con uno de los mejores periodistas que he conocido, Gaby Ruiz, alejado ya de este mundillo para tristeza de los espectadores y confío en que para felicidad suya. No sé si Gaby habrá dado una noticia en su vida; imagino que sí, pero yo no se la recuerdo. Ni falta que hace. Él y sus compañeros tenían medios y sabían exprimirlos. Viajaban y volvían con reportajes y entrevistas. O sencillamente nos mostraban imágenes de archivo y, según las comentaban, todos íbamos sabiendo un poco más. Aquello era periodismo, y de primera. No sé qué le habría parecido a Ben Bradlee.

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