El entrenador que usó a sus atletas como "ratas de laboratorio"

Luis Tejo
El entrenador Alberto Salazar paseando por una pista de atletismo
El entrenador de atletismo cubano-estadounidense Alberto Salazar. Foto: Andy Lyons/Getty Images.

Hasta hace apenas unos días el nombre de Alberto Salazar no le decía gran cosa al público, salvo quizás a los aficionados al atletismo más apasionados. Cubano de nacimiento pero emigrado de niño a Estados Unidos, este hombre que hoy tiene 61 años fue en su juventud un corredor de élite en media y larga distancia. En aquellos tiempos ganó varias maratones, y tras su retirada en los años ‘80 se convirtió en entrenador.

Nada inusual en la carrera de un deportista. Al contrario: en el mundillo se había ganado cierto prestigio, hasta el punto de que en 2001 Nike le había contratado para su Oregon Project (NOP), un centro de alto rendimiento en este estado del noroeste norteamericano, por el que había pasado gente importante como el británico-somalí Mo Farah (cuatro veces campeón olímpico y seis mundial). De hecho, en la página oficial del proyecto aparece como “entrenador principal”.

Sin embargo, de repente ha irrumpido en las páginas de la prensa de todo el mundo, y no para bien. La Agencia Estadounidense Antidopaje (USADA) le considera el máximo responsable de una trama de tráfico y consumo de sustancias ilícitas, por lo que el pasado 1 de octubre le condenó a cuatro años de suspensión. Parece un caso más de dopaje, de tantos como (lamentablemente) ven la luz en los últimos tiempos, pero esta vez hay detalles particularmente escabrosos.

Lo extraño de esta situación es que era iniciativa propia y exclusiva del entrenador. Los atletas desconocían por completo lo que estaba ocurriendo; simplemente obedecían a su jefe y se aplicaban los tratamientos que él les indicaba. Travis Tygart, director de la USADA, ha dicho que los deportistas eran “cobayas” y “ratas de laboratorio”. “No tenían ni idea de lo que les hacían, de lo que les daban. Ellos ignoraban las dosis, si estaba autorizado o prohibido”, indica.

Porque Salazar, según las acusaciones, utilizaba a los corredores como experimentos científicos andantes, y lo hacía “en secreto, para ver si podía sortear las reglas antidopaje”, según Tygart. Uno de sus productos favoritos era la testosterona, un esteroide sexual que contribuye a incrementar el desarrollo muscular, la fuerza y la resistencia, motivo por el que se considera una sustancia prohibida en el deporte, y cuya administración además puede causar desequilibrios hormonales y riesgos para la salud como cánceres de próstata.

“Quería ver qué cantidad de gel de testosterona podía poner en la piel de una persona sin sobrepasar el umbral y desencadenar un control antidopaje positivo”, explica Tygart. Pero no solo lo hacía con los atletas: “Probó la testosterona sin prescripción médica en sus propios hijos, y consideró esto como un experimento científico, por lo que llevó a cabo un informe”. Los resultados los compartía normalmente con el doctor Jeffrey Brown, un endocrino especializado en el diagnóstico de hipotiroidismo que venía colaborando desde hace tiempo con el Nike Oregon Project, no sin polémicas por supuesto uso de tratamientos ilícitos. Brown también ha sido sancionado los mismos cuatro años que Salazar.

Hay más. “Mintieron a los deportistas y continuaron sus experimentos científicos con ellos en el NOP”, insiste Tygart, quien cita el caso de una corredora a la que forzaron a tomar medicamentos “para un mioma” (un tumor benigno) en el útero que, en realidad no existía. De hecho, el caso se destapó porque, según asegura, una decena de atletas que estuvieron en el centro de Nike entre 2010 y 2014 desconfiaron y acudieron directamente a la USADA para preguntarles si los tratamientos que les estaban ordenando seguir estaban autorizados.

A partir de ahí, la agencia tiró del hilo y descubrió que los datos médicos “eran falsos y se agregó esa información falsa después de que lo solicitáramos oficialmente”. Esto no deja en nada buen lugar a Salazar y a Brown. Tampoco es bueno para su defensa que se le esté vinculando con Lance Armstrong, célebre por ganar siete Tours de Francia consecutivos que le fueron retirados porque él mismo confesó su dopaje. La agencia de noticias AP sostiene que el entrenador y el ciclista intercambiaron correos en los que Alberto expresaba su entusiasmo por el descubrimiento de la L-carnitina, una sustancia capaz de incrementar el rendimiento pero de efectos secundarios imprevisibles, que el técnico cubano quería aplicar de cara a los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Salazar, por supuesto, lo niega todo. “Estoy conmocionado. Durante seis años de investigación mis atletas y yo hemos recibido un tratamiento injusto, poco ético y muy dañino por parte de la USADA”, se queja en un comunicado publicado en la misma web del NOP en el que califica también de “equivocadas” las declaraciones de Tygart. Insiste en que el centro que regenta “nunca ha permitido ni permitirá el dopaje” y que es “completamente falso” que pongan la victoria en las carreras por delante de la seguridad de los atletas.

El preparador, por cierto, estaba en el Mundial de atletismo que se celebra ahora en Doha, Catar, hasta su suspensión anteayer mismo. Los que siguen son siete participantes a los que él lleva, incluyendo el estadounidense Donovan Brazier, que acaba de ganar el oro en 800 metros. Preguntado al respecto nada más imponerse en su carrera, el campeón dijo que en realidad su entrenador es Pete Julian y que sería “ignorante” vincularle con el cubano. Y el presidente de la federación internacional de atletismo (IAAF), Sebastian Coe, añadió que todo este escándalo “no hace descarrilar a los Mundiales”, que continuarán con total normalidad. Entre otras cosas, porque la investigación se refiere a hechos anteriores a la llegada al NOP de los atletas más importantes que tiene el centro ahora mismo.

¿Y Nike? Porque no olvidemos que el origen de todo es el centro de preparación que lleva el nombre de la marca de ropa deportiva, y que además, según la BBC, se creó expresamente gracias a la amistad personal entre Salazar y Phil Knight, fundador y director ejecutivo de la empresa, con el objetivo de contrarrestar el poderío de las naciones africanas en las carreras largas. Tygart cree que la compañía debe tomárselo como “un toque de atención”, además de “admitir que se han realizado experimentos con atletas en su nombre y en su centro de entrenamiento, y que fue simplemente malo” y de “indemnizarles y mostrarles que esta práctica de utilizar a los atletas como cobayas era mala, y no debe repetirse nunca más”. El dirigente de la USADA recomienda al fabricante “utilizar esto para mostrar que apoyan un deporte realmente limpio”.

La empresa, de momento, sigue respaldando al entrenador. Mark Parker, director general, cree que Salazar actuó “de buena fe” y califica las actuaciones de la USADA de “falsas caracterizaciones insensatas”. Como de costumbre, habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos, toda vez que el acusado pretende recurrir ante el Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS). De momento, la sombra de la sospecha sacude una vez más a un deporte al que, entre unas cosas y cosas, últimamente le cuesta levantar cabeza en este sentido.

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