El incendio en el Barça esconde los problemas del Madrid y le da tranquilidad

Tengo muy claro que estos días no se está hablando de una crisis del Madrid no por la victoria ante el Galatasaray sino por la convulsa situación que vive un Barça al que más o menos están acompañando los resultados pero que no pasa lo mismo con sus sensaciones.

Y es que mientras en Chamartín está asumido que este va a ser un año complicado con un equipo desgastado y tratando de montar un nuevo proyecto, en la Ciudad Condal viven una especie de cuenta atrás. Se les acaba Messi, lo saben y no pueden permitirse otro año más sin ganar la Champions.

Es Europa, y no la Liga, la gran preocupación azulgrana. Sus siete puntos no dejan de ser una ilusión que esconden que fueron peores que sus tres rivales, tanto en Dortmund como en Praga como ante el Inter de Milán en el Camp Nou.

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La rajada de Ter Stegen, las miradas de Messi, son todo síntomas de una tensión acumulada que se acrecienta con el mal juego del equipo. Ya ni siquiera vale ser líderes en la Liga y primeros en un complicado grupo continental, el objetivo culé es que el equipo dé confianza de que este año no pasará lo de Liverpool y lo de Roma. Y no está sucediendo.

Gol del modesto Slavia al Barça (REUTERS/David W Cerny)
Gol del modesto Slavia al Barça (REUTERS/David W Cerny)

Como Barça y Madrid son vasos comunicantes, de ello se aprovechan los blancos para tener al menos varios días de tranquilidad hasta el siguiente partido, parón obligado por el aplazamiento mediante. Porque la realidad de los madridistas es compleja, con un proyecto cogido con hilos y actuaciones más que preocupantes.

Mientras en Can Barça la cosa vaya regular, en la entidad merengue se puede tirar para adelante, pero tampoco se puede depender de lo mal que vaya en la Ciudad Condal para ir tirando, porque en la Liga los azulgrana van a coger velocidad de crucero (con Messi, es lo que hay) y descolgarse en la competición doméstica hará que la crisis se instaure ya definitivamente en un Madrid demasiado irregular, demasiado poco fiable.

Zidane tiene tiempo para trabajar y, sobre todo, para analizar cuáles son las piezas válidas con las que sí podrá plantar cara al ritmo de puntos del eterno rival. Porque o el Madrid se vuelve muy regular o no habrá problemas culés que tapen la realidad.

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