El ominoso plan del gobierno de Trump de flexibilizar la exportación de armas de fuego

La masacre acontecida hace unos días en el norte de México, en la que  fueron asesinados nueve personas, seis de ellas menores de edad, pertenecientes a la familia mormona LeBaron consternó a la opinión pública internacional. Al margen de quiénes hayan sido los autores de un ataque tan brutal, lo cierto es que fue posible gracias a la considerable disponibilidad de armas de fuego de alta capacidad, entre ellas armas semiautomáticas y de asalto, a la que tienen acceso grupos del crimen organizado y otras entidades hostiles en México y otros países.

Armas que, en su enorme mayoría, provienen de Estados Unidos y llegan a México y más allá para dotar a grupos violentos de terrible capacidad de fuego. La tragedia que enlutó a la familia LeBaron es solo una de las muchas y perturbadoras historias de violencia y muerte que se registran en México y Latinoamérica por la actividad de grupos criminales.

El flujo de armas de fuego de alto poder desde EEUU hacia el Sur es causa directa del auge de la violencia y de la influencia de grupos criminales y carteles. (Getty Images)
El flujo de armas de fuego de alto poder desde EEUU hacia el Sur es causa directa del auge de la violencia y de la influencia de grupos criminales y carteles. (Getty Images)
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Pero en lugar de frenar el tráfico de armas hacia el Sur, una demanda que se ha exigido al gobierno estadounidense por años, la administración de Donald Trump se dispone, al parecer, a facilitar la exportación de armamento de alto poder al reducir los requisitos y procesos de fiscalización de su venta, que actualmente tienen lugar de modo importante en el Departamento de Estado y en el Congreso.

Ello podría amplificar sustancialmente la cantidad de armas, como las AR-15, disponibles en muchos países.

No es una pretensión nueva, pues el gobierno de Trump ha buscado desde hace tiempo reducir las regulaciones para la exportación legal de armas convencionales, lo que grupos como la Arms Control Association han deplorado desde 2018, al considerar que eso no solo hará menos transparente ese comercio de armas sino que, al final, dará a los grupos violentos mayor capacidad de destrucción.

Muchas voces alertan  que grupos del crimen organizado, cárteles y terroristas serían muy beneficiados, al final, por una flexibilización de las exportaciones de armas estadounidenses. La actividad criminal, los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos podrían, así, agudizarse si se da ese cambio en la normatividad estadounidense.

Con todo, como comenta Jeff Abramson en CNN, pocos días después de la masacre contra la familia LeBaron (personas con doble nacionalidad mexicana y estadounidense), el gobierno de Trump indicó al Congreso que recomenzará la revisión de las regulaciones a la exportación de armas semiautomáticas y de asalto, rifles de francotirador y munición transfiriendo la verificación del Departamento de Estado al de Comercio (entidad que se supone será menos estricta y más abierta a consideraciones económicas) y reduciendo o anulando los supuestos en los que el Congreso debe ser notificado sobre ventas de armas en proceso.

Un centenar de organizaciones expresó en mayo pasado su oposición a ese cambio y en julio, se indica en CNN, 225 legisladores (entre ellos cuatro republicanos) plantearon resoluciones legales para evitar que se modifiquen las reglas a la exportación de armas convencionales, una iniciativa que, con todo, está en vilo al necesitar ser consensuada con el Senado.

Y mientras Trump, al parecer, favorece esa flexibilización a la venta de armas, en el bando demócrata se ha criticado severamente esa medida, con candidatos como Elizabeth Warren y Joe Biden, los punteros en la primaria demócrata, públicamente contarios a tales cambios normativos, de acuerdo a Abramson. Los demócratas, en general, han pugnado por años por mayores controles de armas, a contracorriente de los republicanos, que defienden la desregulación mayor al respecto.

El proceso de cambio de reglas a la exportación de armas está aún en marcha, y es posible intervenir en él para, desde la perspectiva de quienes desean mayores controles, evitar la flexibilización que el gobierno de Trump desea y los riesgos implícitos a un incremento de la disponibilidad de armamento en países que, de por sí, ya enfrentan severos problemas de violencia letal, contrabando de armas y auge del crimen.

Para México y Centroamérica, por ejemplo, donde la población ha sido severamente afectada por la violencia de las armas, una mayor disponibilidad de éstas tiene ominosas implicaciones. Reducir el tráfico legal e ilegal de esas armas desde Estados Unidos, lo que ha sido un rudo catalizador de la violencia, el delito y la influencia y riqueza de los grupos violentos en esas regiones, es una responsabilidad moral de Estados Unidos y un paso necesario para propiciar la paz, la seguridad y el desarrollo. Más armas solo atizarán el fuego.

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