El primer luchador español en la historia de la WWE

El luchador español A-Kid durante un combate de wrestling. Foto: Twitter @AKidWrestler
El luchador español A-Kid durante un combate de wrestling. Foto: Twitter @AKidWrestler

Los aficionados españoles de cierta edad lo conocen como “pressing catch”, como consecuencia del nombre que tuvo a bien ponerle el canal de televisión que lo emitía a principios de los ‘90. Para muchos su catalogación como deporte es más que dudosa, toda vez que los golpes que se propinan los luchadores son fingidos, o exagerados hasta el sonrojo, y que es difícil hablar de combate o competición real. Pero lo que no duda nadie es que el wrestling (traducible a nuestro idioma como “lucha libre profesional”) es un espectáculo extremadamente popular en todo el mundo y que algunas de sus superestrellas (Hulk Hogan, The Undertaker, Rey Mysterio y tantos otros) ya forman parte del imaginario colectivo. Incluso algunos, como Dwayne “La Roca” Johnson, han dado el salto al cine “convencional”.

Por ese motivo es muy relevante la noticia que hemos conocido este fin de semana: la World Wrestling Entertainment (WWE), la franquicia más importante de esta actividad a nivel mundial, va a contar por primera vez en su historia con un combatiente español. Es madrileño, acaba de cumplir los 22 años y se le conoce por su nombre artístico A-Kid, que es la abreviatura de “el niño anónimo”, por lo que lamentablemente no podemos informar de su identidad real.

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Concretamente, A-Kid ha firmado por NXT UK, la rama del Reino Unido de la WWE. Es cierto que se trata de un escalón inferior y que de momento no se codeará con las grandes superestrellas, pero ya ha logrado meterse en la compañía, que es más que lo que ningún compatriota haya logrado jamás. El precedente más parecido es el de Kane, el alias de Glenn Jacobs, que está ahí desde 1995 y, según los documentos, nació en Torrejón de Ardoz... porque es hijo de militares estadounidenses que estaban acuartelados en esa base madrileña, pero muy pronto volvió a Norteamérica y se crio en el estado de Misuri.

A A-Kid no le preocupa empezar desde abajo, porque como él mismo ha dicho en su Twitter, “esto es el principio de algo muy grande” para lo que lleva años preparándose. Porque, pese a su juventud, ya tiene mucha experiencia en esta industrial del entretenimiento a base de golpes. A su edad ya ha sido tres veces campeón de la Triple W, el torneo que organiza White Wolf Wrestling y que se considera el más importante de Madrid y de los más relevantes de España junto con los de Barcelona. Cabe destacar que la lucha libre tiene mayor peso en la ciudad catalana debido a la mayor emigración de mexicanos, país donde esta actividad levanta auténticas pasiones.

El joven wrestler ha contado en alguna entrevista que hasta hace relativamente poco no se planteaba seriamente vivir de este negocio. Su afición, eso sí, le viene desde pequeño, de verlo como espectador en la televisión; según cuenta, a los 10 años encontró por internet un gimnasio donde se hacían entrenamientos específicos, lo probó y le gustó tanto que decidió dejar el fútbol, el otro deporte en el que competía. Poco a poco fue mejorando su técnica, pero el punto de inflexión llegó en 2017, cuando el estadounidense Ricochet, uno de los grandes (tres veces campeón mundial), vino a dar una exhibición a Madrid y A-Kid tuvo la oportunidad de participar en ella.

El espectáculo, juzgan los entendidos, fue extraordinario y puso al joven español en el mapa. Formó pareja con el gaditano Carlos Romo y comenzó a participar en giras internacionales en el circuito independiente; lucharon contra rivales prestigiosos como Zack Sabre Jr o Will Osprey y poco a poco fueron ganándose el favor del público en toda Europa. Así hasta que la WWE se fijó en él; primero, la pareja participó en un combate en abril (en el que fueron derrotados), y después, tras separarse el dúo, los británicos llamaron este mismo mes a A-Kid para contratarle e integrarle en el roster de la compañía, es decir, en la lista de luchadores en nómina que irán participando en las distintas sesiones según vayan decidiendo los organizadores.

En principio, como todo debutante, su papel será muy secundario, pero puede progresar e ir ganando más protagonismo poco a poco. Quién sabe, si se le da bien quizás acaba dando el salto y llegando a los principales programas de la franquicia en Norteamérica, como Raw o SmackDown. Porque es cierto que todo está guionizado y coreografiado, pero aun así, igual que en el caso de los actores de cine o los músicos, la práctica, el entrenamiento constante y, por supuesto, el talento natural son factores determinantes para ganarse el favor del público y que una carrera profesional tenga éxito o no. Lo que parece claro es que a corto plazo, con la excepción del combate contra Mike Quackenbush que ya está firmado y que tendrá lugar el 27 de octubre en la sala Shoko de Madrid, no se le verá pelear muchas más veces en España, ya que la WWE y sus filiales suelen firmar contratos de exclusividad muy rigurosos.

A-Kid es el tipo de combatiente que se conoce como high flyer o aéreo, es decir, un chico no demasiado corpulento (en comparación con otros rivales) pero extremadamente ágil, que basa su técnica en saltos, acrobacias y ataques desde las alturas. En la retórica del wrestling esta clase de luchadores suele adoptar el papel de face, un “niño bueno” muy carismático que se gana el favor del público y que respeta las reglas sin recurrir a jugarretas “sucias”, en contraposición al heel, el malvado de la película. Tales estereotipos no son inmutables; pueden ir variando a lo largo de la trayectoria de un luchador, en función de las necesidades de los escritores de la compañía y de la reacción de la audiencia.

Los expertos en wrestling anticipan que este movimiento será muy beneficioso para este espectáculo en España, puesto que tener a un compatriota en el circuito más importante es una apuesta (casi) segura para aumentar el interés y mejorar las audiencias. Sin embargo, no todos están de acuerdo en que el fichaje sea lo mejor para la carrera del propio A-Kid: algunos se temen que su calidad como peleador, aun siendo muy grande, no baste para suplir su poca musculatura, o que el hecho de ser español haga que los guionistas ingleses y estadounidenses le encasillen en personajes tópicos de torero y guitarra. Esto último no es malo de por sí, pero los roles tan estereotipados normalmente acaban siendo jobbers, peleadores de bajo rango utilizados como antagonistas y víctimas del héroe al que se pretende potenciar.

Lo bueno es que, precisamente, A-Kid es extremadamente joven para lo que se estila en el sector y tiene un gran futuro por delante. Y que la WWE es la empresa más importante, pero no la única. Si no le manejan como le gustaría, tiene tiempo de sobra para cambiar de aires y reinventarse. Pero si todo sale bien, está en el lugar perfecto para convertirse en una leyenda de la que todos, tanto los que crean que esto es un deporte como los que no, podrán sentirse orgullosos.

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