"Lo que el viento se llevó": el acierto de corregir la visión sesgada de la Historia en un clásico del cine sin censurarlo

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“Gone with the Wind” (“Lo que el viento se llevó”) es una de las más aclamadas películas de la historia del cine. Fue un hito en las ventas de taquilla y mostró a varios de los más queridos y destacados actores y actrices de su época en papeles inolvidables en una saga de melodrama, tensión y romance que ha cautivado a generaciones.

Estrenada en 1939, es sin duda una de las películas icónicas de Hollywood, con una producción y cinematografía sobresalientes.

Pero también está tejida con una visión sesgada de la historia que oculta o distorsiona la realidad de la esclavitud, idealiza una rebelión motivada en la preservación de una estructura socioeconómica racista e injusta y perpetúa estereotipos y equívocos.

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Clark Gable y Vivien Leigh en un set de la icónica película 'Lo que el viento se llevó', estrenada en 1939 y situada en los tiempos de la Guerra Civil de EEUU. (Metro-Goldwin-Mayer Pictures/Sunset Boulevard/Corbis via Getty Images)
Clark Gable y Vivien Leigh en un set de la icónica película 'Lo que el viento se llevó', estrenada en 1939 y situada en los tiempos de la Guerra Civil de EEUU. (Metro-Goldwin-Mayer Pictures/Sunset Boulevard/Corbis via Getty Images)

Basta recordar que la actriz Hattie McDaniel fue la primera persona de raza negra en ganar un premio Oscar, por su papel de la firme sirvienta Mammy, pero no se le permitió sentarse junto a sus compañeros de reparto en la ceremonia de entrega de esos galardones por la segregación racial que entonces se imponía.

Hoy, más de 80 años después de su estreno, “Lo que el viento se llevó” aún cautiva pero también suscita críticas en momentos en que el clamor contra el racismo y la injusticia sistémica, heredero de la lucha contra la esclavitud y la segregación y por los derechos civiles, reclama una revisión no solo de las estructuras y conductas injustas presentes, sino también una mejor comprensión del pasado.

El velo que cubre los horrores del pasado

En ese sentido, “Gone with the Wind” pone una especie de telón de rosa para tapar el horror de la esclavitud y las verdaderas razones que hicieron estallar la secesión confederada y la Guerra Civil: la pretensión de los confederados sureños de preservar un régimen que mantenía la opresión y represión sistemática de seres humanos. Al exaltar las virtudes e idealizaciones de las élites del Sur, oculta el cruel contexto en el que éstas operaban.

El Norte también tenía, como las tiene la sociedad estadounidense actual, sus lacras y falacias. Pero ellas tampoco son planteadas cabalmente en la película. Si alguien juzgase las realidades de Estados Unidos en la época en la que se ubica el filme, los años en torno a la década de 1860, antes, durante y después de la Guerra Civil, solo con el contenido de la película, presumiblemente no comprendería el significado de ese conflicto, ni sus causas, ni sus efectos o consecuencias.

Pero también se ha dicho que esa pretensión resultaría excesiva: que la película es una pieza de simple entretenimiento, en lo que logra un éxito enorme, que no tiene por qué ser convertida en una suerte de lección de historia o de señalamiento de responsabilidades. Que aunque tiene sus filos, tampoco se trata de una ominosa pieza de propaganda supremacista. Que es una película para el sentimiento y la recreación y no para el debate sociohistórico y que, a fin de cuentas, el derecho a la libre expresión garantiza y protege que se planteen visiones diversas y divergentes.

En contrapartida, nadie pretende que se altere el contenido del filme, que es una pieza terminada, ni se le discute su valor artístico o de entretenimiento. Mucho menos que a la gente se le impida verlo, lo que sería una acción autoritaria censurable, o que antes se obligue al espectador a asistir a una clase de historia. Tampoco es la única película de décadas pasadas cuyo contenido suscita controversia en el presente.

Lo que se busca, algo que no es algo nuevo, es que grandes expresiones culturales como esa película no queden en una suerte de vacío sino que propicien un mayor diálogo y un mejor entendimiento del pasado y del presente.

Un cartel publicitario de 1939 de 'Gone with the Wind" con las figuras de Clark Gable y Vivien Leigh, sus protagonistas, y una ilustración de una ciudad de Atlanta en llamas durante la Guerra Civil de EEUU. (Universal History Archive/UIG via Getty images)
Un cartel publicitario de 1939 de 'Gone with the Wind" con las figuras de Clark Gable y Vivien Leigh, sus protagonistas, y una ilustración de una ciudad de Atlanta en llamas durante la Guerra Civil de EEUU. (Universal History Archive/UIG via Getty images)

Es precisamente porque “Gone with the Wind” es inmensamente popular, y porque lo seguirá siendo, que contextualizar ese filme brinda una enorme oportunidad para aportar, a su manera y en su dimensión, a la necesaria transformación de la sociedad y la cultura presentes que se expresa, por ejemplo, en las multitudinarias manifestaciones que exigen el fin del racismo y de la injusticia sistémicas.

La idea no es impedir que se le vea, sino que se le siga viendo de una manera enriquecida para quien así lo desee.

Comprender el pasado para construir el futuro

En ese contexto, la decisión de la nueva plataforma de video en línea HBO Max –competidora de Netflix, Amazon Prime Video, Hulu y Disney+ y otras– de suspender temporalmente de su catálogo a “Lo que el viento se llevó” para, al parecer, presentarla próximamente en compañía de contenido que le dé contexto histórico y permita su mejor apreciación, sería una medida auspiciosa, y que en realidad no hace más que escuchar una petición de contextualización que ha existido por muchos años.

Es como convertir la visión de ese filme de una experiencia estática del espectador en la del participante de un cine club, donde películas de gran calado son presentadas, comentadas y criticadas para propiciar la mejor apreciación de quién las mira. Todo ello de manera voluntaria.

Ello no sería censura, pues la película puede verse en una amplia variedad de plataformas y en realidad tras la decisión de HBO Max una cantidad muy considerable de personas ya se volcado a verla en otros sistemas de video.

Las críticas que voces conservadoras han hecho contra HBO Max, en el sentido de que busca hacer una purga a modo de los liberales para erradicar o alterar el pasado y sepultar lo que fue la sociedad del sur y la confederación, son por ello equívocas y exageradas.

Ese argumento, en realidad, sería el reverso de la moneda del que habría motivado a HBO Max: justamente ofrecer contexto histórico para que a quien mire esa película no se le alteren o se le refuercen alteraciones de lo que fue el pasado el pasado estadounidense y valore con mayor precisión la sociedad y los conflictos de entonces.

No es una medida que vaya a crear a escala masiva una conciencia colectiva mayor o diferente en relación a la esclavitud o las condiciones antes y después de la Guerra Civil. Pero sí es un grano de arena para un cambio mayor, que excede a una mera película.

Otros afirmarán que todo ello también tiene un componente de marketing, en el que HBO Max busca colocarse como una plataforma respetuosa de la multiculturalidad y sensible a las exigencias contemporáneas de plena equidad, respeto y justicia. Y habrá que esperar a ver cuál es el contenido que esa plataforma ofrece como contexto, para valorar si realmente logra lo que se propone o si todo acaba en  un fiasco.

En todo caso, comprender la historia y la trayectoria que una nación ha seguido hasta el presente es clave para la construcción de su futuro.

Así, lo que el clamor del movimiento encendido tras la muerte de Floyd se llevó, o debería llevarse, es la complacencia ante las realidades, presentes o pasadas, del racismo, la injusticia y la opresión en contra de las comunidades marginadas –afroamericanas, hispanas y otras– y los velos que impiden comprenderlas y abatirlas para el bienestar y el progreso general.

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