El VAR necesita un replanteamiento: el fútbol debería aprender de la NFL

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En teoría, el VAR parecía una buena idea. Y realmente lo fue.

Sin embargo, años después del debut del primer sistema generalizado de revisión de vídeos en el fútbol y unos meses luego su introducción en la Premier League inglesa, sus resultados no han sido tan buenos como se esperaba. Sí, ha mejorado ligeramente la precisión del arbitraje. Pero al final, el deporte no ha mejorado.

El problema es que el sistema de videoarbitraje ha sobrepasado sus límites. Se implementó para corregir “errores claros y obvios”, como la mano inexistente en el primer partido del Liverpool contra Wolves:

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También ha revocado errores mínimos, antes indetectables, que no son realmente errores, como el fuera de juego fantasma que desestimó el gol de empate de los Wolves:

El empate del Wolves contra el Liverpool fue rechazado por el VAR por este “fuera de juego” en la jugada. (Captura de pantalla: NBC Sports)
El empate del Wolves contra el Liverpool fue rechazado por el VAR por este “fuera de juego” en la jugada. (Captura de pantalla: NBC Sports)

El VAR, como otras grandes ideas, llegó con consecuencias indeseadas. Y los resultados de esas consecuencias no deseadas no tardaron en hacerse notar. El problema no son únicamente los fuera de juego y las manos que son de todo menos “claras y obvias” sino la duda que ahora acompaña a cada gol por esta causa. Es el miedo tácito a que las celebraciones eufóricas como la de Pedro Neto, dos minutos después parezcan embarazosas, el temor a que las emociones más instantáneas y genuinas pueden desaparecer.

Algo tiene que cambiar. Lo difícil es descubrir qué y cómo. Porque las soluciones simples también tienen consecuencias no deseadas. Definitivamente, hay que revisar el VAR.

¿Por qué no se puede solucionar el problema del fuera de juego?

Primero, antes de presentar un plan renovado, hay que explicar por qué las soluciones fáciles no son viables.

Las personas han apuntado a la ley de fuera de juego. La confusión proviene de la distinción “clara y obvia”, que no se aplica aquí porque el fuera de juego es supuestamente “objetivo”. El problema es que, en realidad, no es objetivo. Determinar dónde termina exactamente el hombro de un jugador y comienza el brazo es una decisión humana. Determinar el momento exacto en el que un balón se apartó del pie de un jugador es una decisión humana. Una decisión que, quienes añaden leña al fuego, ven así:

Ya basta de estas líneas de fuera de juego científicamente sospechosas. Hay que cambiar la ley: si se necesitan líneas, debe considerarse el estar alineado y en línea. Es de sentido común.

Pero, ¿quién decide “si se necesitan líneas”?

Otra propuesta común es que el fuera de juego debería requerir “un pequeño espacio” entre el atacante infractor y el último defensor. Pero, ¿quién decide cuál es ese “pequeño espacio”?

Definir ese “pequeño espacio” es mucho más complicado de lo que los árbitros hacen en la actualidad con las rodillas y los hombros. Aplicar el umbral “claro y obvio” al fuera de juego haría que las decisiones fueran más confusas, no menos. No importa dónde dibujes la línea, siempre habrá que tomar decisiones mínimas e imperfectas, ya se trate de los árbitros que se encuentran en los márgenes o de los asistentes de vídeo frente a los monitores.

El sistema actual es el mejor hasta ahora. Pero todavía es deficiente. Queremos que se corrijan los errores evidentes. Pero no estamos dispuestos a aceptar largas revisiones en las decisiones que no son tan “claras y obvias”.

La solución, por tanto, no es cambiar la ley sino idear un sistema diferente para decidir qué es “claro y obvio”.

Cómo un sistema de desafío al estilo de la NFL podría funcionar en el fútbol

Afortunadamente, la NFL ya ha ideado ese sistema. Se llama coaches challenge system o sistema de desafío de entrenadores. Básicamente, le quita la responsabilidad a los asistentes de vídeo del fuera de juego y se la entrega a los equipos perjudicados. ¿Porque quién mejor para decidir qué es “claro y obvio” que los entrenadores que creen que han sido clara y obviamente perjudicados?

El entrenador de Wolves, Nuno Espirito Santo, tiene muchas razones para odiar al VAR. (Paul Ellis/AFP/Getty Images)
El entrenador de Wolves, Nuno Espirito Santo, tiene muchas razones para odiar al VAR. (Paul Ellis/AFP/Getty Images)

En resumen, así es cómo y por qué un sistema de desafío funcionaría en el fútbol:

Límites en los desafíos: Cada entrenador tendría un desafío por juego. Una oportunidad para solicitar una revisión. Si la revisión conlleva la anulación de la decisión, el entrenador recibe un segundo y último desafío. Pero ese es el límite. Un segundo acierto no le daría al entrenador un tercero.

Esto reduciría significativamente el tiempo que se pierde esperando al VAR, no solo porque introduciría un máximo de cuatro revisiones por juego sino porque obligaría a los entrenadores a ser más prudentes con sus desafíos. No podrían solicitar una revisión de un gol en el primer tiempo, porque si se equivocasen no tendrían ningún recurso para solicitar la revisión de un error claro y obvio en el segundo tiempo.

Estatuto de limitaciones: Un entrenador podría impugnar una decisión durante los 10 segundos posteriores al incidente en cuestión. Si transcurren esos 10 segundos sin que se solicite un desafío, la decisión se mantiene y, si el incidente en cuestión es un gol, la celebración puede continuar sin problema. Esto evitaría que los equipos revisasen docenas de ángulos en la repetición en busca de una posible infracción para desafiar. Tendría que ser “claro y obvio” en tiempo real.

• La mecánica del desafío: Los entrenadores pedirían una revisión dirigiéndose al árbitro asistente en esa ventana de tiempo de 10 segundos. A muchos les podría preocupar que los entrenadores no tuviesen puntos de vista adecuados para detectar errores claros y obvios en tiempo real, pero esto podría solucionarse mediante la comunicación, a través de auriculares o audífonos, con un asistente que esté viendo el vídeo en vivo. Además, se le podría otorgar poder de desafío al capitán. El capitán podría dirigirse al árbitro en el campo de la misma manera en que el entrenador se dirige al árbitro asistente.

Todo está sujeto a desafío: En lugar de limitar la capacidad de revisión a los goles, penalizaciones y tarjetas rojas, se podría ampliar a todos los aspectos del juego. Todas las faltas, tarjetas amarillas, corners y todo lo demás.

Al inicio, esto suena peligroso, pero el sistema de desafío seguiría siendo el gran regulador. Los entrenadores nunca desafiarían una falta en el mediocampo en la primera mitad, sin importar cuán clara y errónea sea la decisión. Pero si hay un ataque cuestionable justo fuera del área en el minuto 90, deberían poder desafiarlo. Depende de ellos decidir no solo qué es “claro y obvio” sino qué es lo suficientemente importante en el gran esquema del juego.

Desafíos durante el juego abierto: Si un entrenador quiere desafiar una decisión y el juego está en curso, la ventana de 10 segundos para los desafíos aún se aplicaría, PERO la revisión no se producirá hasta la siguiente interrupción del juego.

Límites de tiempo en las revisiones: Una vez que comienza una revisión, el árbitro se dirigirá hacia un monitor en el campo. Una vez que llega allí, junto con el árbitro asistente de vídeo, tienen 60 segundos para tomar una decisión. Si la evidencia que observan en esos 60 segundos los convence de que la decisión en el campo fue incorrecta, la anulan. Si no, la dejan tal cual.

El límite de tiempo sirve básicamente como el umbral “claro y obvio”. Si hay dudas sobre el fuera de juego y es necesario delimitar líneas intrincadas desde el césped hasta los hombros porque nada en la jugada fue “claro y obvio”, los árbitros no tendrán tiempo suficiente para llegar a conclusiones definitivas.

¿Cómo funcionaría un sistema de desafío en la práctica?

El partido del Liverpool contra el Wolves del domingo hubiera sido un caso de prueba perfecto. Sadio Mane encontró el fondo de la red al final de la primera mitad, pero Adam Lallana fue penalizado por una mano en el ataque. El entrenador del Liverpool, Jurgen Klopp, o su capitán, Jordan Henderson, habrían tenido 10 segundos para desafiar la decisión. Dada la insistencia inmediata de Lallana de que la pelota golpeó su hombro, no su brazo, probablemente lo habrían hecho. Una revisión rápida de VAR habría demostrado que Lallana tenía razón. Y el gol se habría otorgado.

Por tanto, el Liverpool habría recibido un segundo desafío. Sin embargo, cuando el Wolves metió el balón en el fondo de la red unos minutos después, ningún jugador del Liverpool se quejó. Comenzaron a caminar, abatidos, de regreso al círculo central. No cabía duda de que hubo un fuera de juego en la jugada. Entonces, Klopp probablemente no habría desafiado. Y después de 10 segundos, no habría habido necesidad de detener la celebración. No habría nada que temer.

¿Y si Klopp desafiaba?

• El gol probablemente no se hubiera anulado ya que 60 segundos no habrían sido suficientes para encontrar evidencia convincente del fuera de juego.

• Sea o no así, el Liverpool se habría quedado sin desafíos para la segunda mitad.

Lo mejor de ambos mundos

El sistema está lejos de ser perfecto. Inevitablemente, habrá casos en los que una decisión tardía le cuesta puntos a un equipo porque un entrenador, después de haber agotado sus desafíos, no puede hacer nada al respecto. Sin embargo, la mayoría de las veces, esos entrenadores solo tendrán la culpa de un desafío erróneo o menos importante al inicio del juego.

Mucho más ventajoso sería sumar lo mejor de ambos mundos. Conservar el flujo del juego. Deshacerse de la inminente incertidumbre que actualmente contamina cada momento clave del partido. Y aún así, corregir los errores flagrantes, siempre y cuando los entrenadores desafíen de manera responsable.

Henry Bushnell

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