El verdadero poder de los amuletos: ¿Por qué nos aferramos a ellos?

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Un vendedor de amuletos muestra su mercancía en un mercado de Bankok, Tailandia, el 1 de junio de 2020 (AP Photo/ Gemunu Amarasinghe)
Un vendedor de amuletos muestra su mercancía en un mercado de Bankok, Tailandia, el 1 de junio de 2020 (AP Photo/ Gemunu Amarasinghe)

Cuando era niña mi madre coleccionaba elefantes de adorno. Para atraer a la buena suerte bastaba con tener tres figuritas: una comprada, una regalada y otra robada, todos con la trompa en alto y en sentido contrario a la puerta principal.

Nunca escuché de sus labios por qué los elefantes atraían prosperidad pero mi madre compraba elefantitos donde quiera que iba hasta que acumuló decenas por todos los rincones de la sala.

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La colección nunca fue completada. El espacio destinado para el elefante robado de otra casa quedó vacío. Quizá en la mente de mi madre el deseo de una vida de abundancia nunca fue más fuerte que el respeto por el bien ajeno.

No creo que la pieza faltante hizo alguna diferencia en nuestro destino porque nunca nos faltó nada. Hoy leo que para algunos el elefante simboliza a Buda y a la deidad Ganesha, quienes traen a las casa fortaleza, suerte y armonía a los lazos familiares.

Otros supersticioso cercano es mi esposo. El guarda en su cartera un billete de 10 bolívares que no tiene ningún valor de cambio ni en España ni en ningún lugar del mundo.  El mismo no puede explicar por qué lo ha conservado durante años como amuleto.

Y es que precisamente de eso se tratan las supersticiones. Son creencias que no tienen ninguna explicación lógica. Y aunque la ciencia ha comprobado una y otra vez su ineficacia, personas de todos los países siguen estas prácticas irracionales para atraer la fortuna y alejar a las desgracias.

Píldora espiritual

El antropólogo polaco Bronislaw Malinowski, explicó a principios del siglo 20, que las supersticiones nacen del miedo a lo desconocido y son una manera de enfrentar el estrés que nos genera la incertidumbre. En sus investigaciones etnográficas en las Islas Kiriwina, en Papúa Nueva Guinea, encontró que los pescadores que se aventuraban en peligrosas expediciones a mar abierto eran más supersticiosos que los que pescaban en las lagunas tranquilas del archipiélago.

Otros investigadores contemporáneos, como el psicólogo británico Richard Wiseman, consideran que la superstición forma parte de nuestro ADN porque los amuletos y las figuras totémicas se encuentren en todas las culturas y todas las eras de la historia humana.

La función del amuleto es protectora. Las personas se aferran a los amuletos en los momentos difíciles. "Las personas se vuelven supersticiosas cuando sienten incertidumbre en su desempeño, como los atletas y actores", aseguró Wiseman a National Geographic. Es una necesidad de apuntar hacia el optimismo cuando todo señala que vienen tiempos de tormenta.

 

Dinosaurios en el espacio

Los astronautas no han sido la excepción a la regla y todos han llevado amuletos y talismanes durante sus viajes espaciales. The Guardian contó que cuando el módulo lunar Águila, del Apolo 11, alunizó el 20 de julio de 1969, el devoto Christian Buzz Aldrin llevó un cáliz en miniatura, pan y vino y el primer líquido que se derramó sobre la luna fue en realidad un acto de comunión.

Un par de años después, Alan Shepard logró llevar en el Apolo 14 unos palos y pelotas de golf a la Luna. Mientras que los dos tripulantes del SpaceX Falcon que llegaron en junio de 2020 a la Estación Espacial Internacional en el primer cohete espacial llevaron como amuleto un dinosaurio de juguete a petición de sus hijos.

Wiseman, quien ha estudiado el fenómeno de la suerte como jefe del departamento de psicología experimental de la Universidad de Hertfordshire, en Inglaterra, recordó que durante la Gran Depresión de 1930 se popularizó el uso de las patas de conejo, y durante la Segunda Guerra Mundial, los pilotos de combate adornaban sus aviones con dados de peluche.

Las investigaciones sugieren que el verdadero poder de los amuletos no está en el objeto físico sino en la mente del portador.

Para probar esa hipótesis, los científicos registraron el desempeño de personas resolviendo anagramas, lanzando dados, jugando al golf con y sin sus amuletos. "Las personas que obtuvieron una mayor puntuación fueron los que tenían sus amuletos. La idea es que el amuleto reduce la ansiedad, y por ende, mejora el desempeño".

 

Máscaras contra el Covid

En estos tiempos de la pandemia del Covid-19, las supersticiones han emergido como escudos temporales mientras llega el antídoto de la ciencia.

Las personas atemorizadas han intentado convencerse de que todo saldrá bien desempolvando sus viejos talismanes.

En Indonesia, algunos aldeanos colgaron frente a las puertas de sus casas máscaras pintadas sobre pedazos de palma o cortezas de coco para mantener alejada a la enfermedad.

Más allá de su efectividad, los talismanes y objetos sagrados muestran mucho de la personalidad de sus dueños. Las personas religiosas llevarán consigo sus estampitas y crucifijos, los soldados llevan fotos de sus seres queridos en sus misiones peligrosas.

No me considero una persona supersticiosa pero reconozco que suelo usar mis aretes favoritos cuando me enfrento a un reto profesional. Siento que me dan seguridad.

Pero en los tiempos de coronavirus prefiero no dejar nada a la suerte y estoy convencida de que la mascarilla sobre mi rostro es mi mejor defensa.

 

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