El viraje de Vox y Abascal para parecerse más a Le Pen y Salvini y obtener más escaños

Uno de los grandes nombres propios del único debate electoral antes de las elecciones del 10 de noviembre ha sido el de Santi Abascal. El líder de Vox ha tirado de su argumentario habitual (lucha contra la inmigración, mano dura en Cataluña, críticas al estado de las autonomías), pero le ha añadido otras cuestiones en las que hasta ahora la formación ultraderechista no había insistido tanto, como el discurso anti europeo o el intentar atraer a las clases medias o trabajadoras. Una retórica que empieza a parecerse peligrosamente a la que han tenido otros líderes europeos y que ha sido muy exitosa electoralmente.

Debate antes de las elecciones del 10 de noviembre. (AP Photo/Bernat Armangue)
Debate antes de las elecciones del 10 de noviembre. (AP Photo/Bernat Armangue)

En los últimos años han proliferado los partidos populistas de extrema derecha en el continente. Hungría, Polonia, Italia o por supuesto Francia son claros ejemplos de países en los que los mensajes de ultraderecha han calado en las sociedades. Aprovechando la desafección de los ciudadanos con los partidos tradicionales, estas formaciones han crecido por dos hechos fundamentales: la crisis económica y la crisis de refugiados.

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Así, sus programas se han centrado en el cierre de fronteras, el rechazo a los inmigrantes, el patriotismo y en la defensa de lo nacional por encima de lo de fuera. Su retórica fue muy crítica con la Unión Europea y el euro, declarándose euroescépticos e incluso fomentando el enfrentamiento con las instituciones comunitarias.

El auge de Vox en España se produce después de estos acontecimientos históricos y es otro suceso el que tiene mucha importancia en su consolidación como fuerza política. El procés en Cataluña le ha dado a la formación de Abascal un espacio en la sociedad. La tibieza de Rajoy ha hecho que el PP haya perdido seguidores que esperaban una respuesta más dura. Vox ha sido su refugio.

Pese a que los orígenes del partido español son distintos a los de otros grupos similares en el continente, lo cierto es que Abascal ya ha iniciado el giro para acercarse más a los planteamientos que defienden Le Pen en Francia o Salvini en Italia.

Marine Le Pen. (AP Photo/Thibault Camus)
Marine Le Pen. (AP Photo/Thibault Camus)

Marine fue capaz de alejarse del nacionalismo rancio de su padre, un escéptico de la época fascista en Europa, e hizo un populismo más actual, dando respuesta a algunos de los temores de las sociedades. Más allá de dirigirse a los extremistas o a las élites, ensanchó el espectro, buscando a los decepcionados, a las clases medias y a las populares.

Le Pen, la pionera

Su discurso contra las instituciones europeas, contra los partidos tradicionales o en defensa del nacionalismo francés tuvo buena acogida en la sociedad. Echar la culpa al inmigrante de los problemas internos y el uso de las noticias falsas fueron algunas de las bases en las que se asentó una estrategia que rápidamente fue copiada en otros países como Italia.

Hasta ahora Vox había utilizado algunos de estos elementos, pero no todos, pero en el debate no dudó en atacar directamente a la Unión Europea y apelar a las clases trabajadoras. Ya en 2016, mucho antes de entrar en el Congreso, Abascal apuntaba “no estamos en contra de Europa, sino de una UE burocrática, intervencionista y neototalitaria que aleja el poder del ciudadano”. Sin embargo, la retórica anti europea quedó un tanto apartada. Hasta ahora.

En este 2019 ha vuelto a cargar con dureza. “Las élites de Bruselas quieren inmigración masiva y la islamización. Antes era un club en el que se quería entrar y ahora es una secta que persigue a quien quiere salir”.

Además, al igual que hizo Le Pen en Francia, ha intentado recoger votos de las clases medias y trabajadoras y ha denunciado la política de gasto de las autonomías que se centra en una política de recaudación fiscal de “expolio” para estas personas, según sus propias palabras en el debate.

El acercamiento a Le Pen o Salvini no es casual, ya que busca ampliar su electorado de la misma manera que ellos ya hicieron con éxito en Francia o Italia. Mientras que la primera actualmente triunfa en los sondeos y se especula con que podría llegar a la presidencia francesa; el segundo ganó una enorme popularidad como ministro del Interior, con su rechazo a la inmigración como bandera.

Los buenos resultados electorales de ambos son la estela a seguir ahora para Vox. Tras debutar con 24 diputados en el Congreso, los sondeos actuales pronostican que puede doblar la cifra, sin ser descartable que pudiera entrar en un posible Gobierno con el PP si los números dan. Cataluña y la retórica populista europea de momento parecen dar sus frutos.

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