A falta de información, corazonadas

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Javier Tebas (Photo by Oscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press Sports via Getty Images)
Javier Tebas (Photo by Oscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press Sports via Getty Images)

Emilio Pérez de Rozas, veterano periodista de ‘El Periódico’, se deja guiar por el olfato. Tiene el culo tan ‘pelao’ que puede saltarse todas las pesquisas propias del trabajo periodístico e ir directamente al final, guiado por su colosal pituitaria amarilla. Lo que a otros les lleva semanas de trabajo él lo resuelve de un plumazo, como Sherlock Holmes deduciendo que Watson había estado en Afganistán por el tono de piel de sus muñecas y algún detallito más.

La semana pasada, en ‘El partidazo de Cope’, Pérez de Rozas volvió a hacer uso de estas facultades casi parapsicológicas. “A mí me mosquea mucho que, de pronto, empiecen a salir positivos”, detectó al sucederse las noticias sobre Mariano, Gudelj y los casos anónimos de Real Zaragoza y Almería. “Yo creo que hay demasiadas sospechas como para pasarlas por alto. [...] Estoy absolutamente convencido de que las once jornadas [post-confinamiento] se han jugado tapando positivos. Estoy absolutamente convencido”.

Al margen de dejar patentes estas graves sospechas, ¿ofreció Pérez de Rozas alguna información que corroborara su convencimiento? Ninguna. Ni nadie se las pidió.

“Yo creo que han habido [sic] lesiones que se han disfrazado porque ha habido positivos. Aquí ha habido jugadores de fútbol que se ha anunciado que iban a estar un mes de baja y a los tres días ya jugaban. Y ha habido jugadores que han estado tres semanas de baja y no han podido volver a jugar”.

Como se aprecia, Pérez de Rozas inició su conspiranoia conjugando el verbo ‘creer’, no el verbo ‘saber’ ni el verbo ‘comprobar’. Con el calor del debate, se vino arriba y acabó afirmando de forma rotunda: “Se han disfrazado positivos como lesiones. [...] En el protocolo de La Liga han habido [sic] positivos. Y los han disfrazado. Y los han ocultado”.

Haber encubierto positivos sería un escándalo con implicaciones más allá del deporte. Sin embargo, para lanzar semejante acusación en uno de los programas de referencia de la radio española no hace falta respaldar absolutamente nada. En su mente, Pérez de Rozas ha tejido una teoría de la conspiración y la comparte con nosotros, sin más. Con que le dé el tufo a él, que lleva muchos años en esto, ya vale. Es verdad sólo porque él piensa que lo es.

No es la primera vez que Pérez de Rozas confunde lo que a él se le pasa por la cabeza con la realidad. Hace tres veranos, cuando el Barça se quedó sin fichar a Philippe Coutinho —acabó llegando meses después, en la ventana de invierno—, adelantó en Cope que el Barça iba a fichar al brasileño y a otro futbolista más antes del cierre de mercado. Ni llegó Coutinho ni llegó el otro. En el mismo programa otro periodista, Guillem Balagué, insistía en que el Liverpool no iba a vender a Coutinho de ninguna manera. Balagué citaba fuentes del club inglés. De Rozas, culminado el ridículo unos días más tarde, confesó que se había dejado llevar por “una corazonada”.

Podríamos preguntarnos: ¿un periodista tan veterano no sabe que de él se espera más que de un tuitero? Al parecer sí lo sabe, según decía hace poco más de cuatro meses, cuando en el mismo programa debatieron sobre la desinformación y los bulos en torno al coronavirus:

[15-III-2020] “A lo largo de estos años [de proliferación de las redes sociales, los periodistas] no hemos sabido hacer entender a la gente que podemos equivocarnos pero tenemos un código deontológico, una manera de actuar que conlleva que no puedes difundir una información que no esté contrastada por tres fuentes. Esa es la gran diferencia con las redes sociales, que pueden lanzarlo todo de la manera que quieran”. [Emilio Pérez de Rozas, El partidazo de Cope]

Visto lo visto, no encuentro gran diferencia entre soltar cualquier ocurrencia en Twitter o en ‘El partidazo de Cope’, salvo la audiencia y la remuneración. En marzo, Pérez de Rozas definió muy bien cuál debe ser la diferenciación del periodista si quiere seguir existiendo en un mundo en el que cualquiera puede tener un altavoz. Ahora también nos ha dejado claro que no tiene ningún interés en cumplirla.

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