Encarna Sánchez 'revive' 24 años después: su testamento, aún en tela de juicio

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El próximo mes de abril se cumplirán 24 años de la muerte de Encarna Sánchez. Una de las locutoras de radio que más dio que hablar en vida, pero sobre todo tras su muerte, fallecía en 1996 dejando un legado que aún hoy encierra numerosas incógnitas. El programa Huellas de Telemadrid ha vuelto a traer a la actualidad la polémica generada por el testamento de la periodista que generó tras su fallecimiento un río de comentarios y tertulias encendidas en los programas de televisión de la época.

Encarna Sanchez en 1990, Madrid. (Photo by Gianni Ferrari/Cover/Getty Images)
Encarna Sanchez en 1990, Madrid. (Photo by Gianni Ferrari/Cover/Getty Images)

Al morir la mordaz locutora de la COPE, su testamento sorprendía a propios y extraños. Encarna dejaba todo su patrimonio a Pilar Cebrián, que se hacía llamar Clara Suñer y era una locutora de Radio Nacional con la que Sánchez había tenido una fuerte amistad en los años 60. Según revelaba José Manuel Parada en el espacio que hace un repaso biográfico a personalidades del mundo del espectáculo y la comunicación, Encarna había redactado su testamento antes de irse a México a comienzos de los años 70 y en ese momento había querido dejar claro que dejaba todo a su amiga Pilar, a la que también encargaba que cuidara de su madre si le pasaba algo a ella.

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¿Qué era lo que dejaba en el testamento? En el momento de redactarlo únicamente tenía un piso en Mirasierra, pero al morir, pues nada menos que su casa de La Moraleja, la exclusiva urbanización de Madrid, un piso en la calle O’Donnell, también en la capital, y un chalet en urbanización marbellí La Gaviota. Y todo iría a parar a manos de Pilar Cebrián, con la que según ella misma contó años después en Dónde estás corazón (espacio de Antena 3 presentado por Jaime Cantizano), no mantenía ninguna relación desde su viaje a América, donde Encarna estuvo cinco años viviendo. De hecho, la propia Pilar fue la primera sorprendida al enterarse de que ella era la única heredera de la locutora.

Tras su muerte, otro nombre salía a la palestra: el de Soledad Jara, mujer del representante Paco Gordillo y hermana de Carmen, una joven que trabajó durante años mano a mano con Encarna en la radio. Según Soledad, ella y su marido tenían una buenísima amistad con Encarna incluso antes de que ella se fuera a América y a su vuelta a España siguieron manteniendo el contacto. Pero con el éxito de la locutora en nuestro país y la llegada a su vida de Isabel Pantoja, estuvieron unos cinco años sin contacto. Después de este tiempo, Soledad y Encarna retomaron la amistad. Encarna además estaba como loca con Sacha, el hijo de la pareja, al que llamaba cariñosamente ‘el enano’.

Encarna Sánchez con Mila Ximénez e Isabel Pantoja.
Encarna Sánchez con Mila Ximénez e Isabel Pantoja.

Según contó Soledad en Vanitatis, Encarna incluso pasó sus últimas navidades en su casa, ya que eran vecinos en La Moraleja. Tras las fiestas, la periodista viajó a Pamplona junto a su secretaria Nuria Abad (a la que había conocido cuando Nuria apenas tenía 17 años y que había estado a su lado media vida) y su productor, Pedro Pérez. Junto a ellos iba también Josefina Pérez, el ama de llaves de Encarna, que llevaba varios años luchando contra el cáncer. Tristemente, en Pamplona no tuvieron buenas noticias para ella y le comunicaron que le quedaban dos meses de vida.

Según Soledad, en ese momento, Encarna decide escribir una carta cambiando el testamento que había redactado años atrás con sus últimas voluntades. En una de las visitas de Soledad a casa de Encarna cuando ya estaba enferma y débil, y siempre según su versión, la locutora le dijo que había dejado por escrito que legaba parte de su herencia a su hijo al que tenía mucho cariño. Algo que nunca llegó. A partir de entonces, Nuria, la secretaria de Encarna no permitió que nadie la visitase hasta el día de su muerte, el Viernes Santo de 1996.

¿Dónde está el dinero de Encarna?

Según explicaba Julián Fernández Cruz, autor de la biografía de Encarna Sánchez, “en el expolio al que someten la casa de Encarna en La Moraleja, aparecen sus últimas voluntades escritas en un papel. El primero que aparecía como heredero era Alejandro ‘Sacha’ Gordillo. Ese documento es destruido. Los gestores de Gerbonsa y Nuria Abad se alían y le dicen a Pilar Cebrián, que fue la primera heredera de Encarna, que si ella calla, todos saldrán beneficiados. Le proponen repartirse su patrimonio o todo será para Sacha Gordillo”.

Fernández Cruz añade varios datos muy llamativos. El primero es que a Encarna tenía una fortuna de unos 1.500 millones de pesetas y el segundo que supuestamente le roban su DNI y presuntamente “con ese DNI y los poderes de Gerbonsa se redacta un documento que servirá a Pedro Pérez para transferir más de mil millones desde Suiza a una cuenta del Banco de Comercio, en la calle Padre Damián. La cuenta está nombre de una sociedad en que figura Nuria Abad y los gestores de la locutora fallecida, Pedro Bonilla y Gerardo Cordero Feo”. Todo esto nunca ha sido confirmado.

Encarna Sánchez fallecía en abril de 1996.
Encarna Sánchez fallecía en abril de 1996.

¿Qué pasó tras la muerte de Encarna?

Pero una vez fallecida Encarna, todo siguió siendo un misterio. Ni apareció el papel en el que supuestamente había dejado escritas sus últimas voluntades ni apareció el dinero que se supone que tenía y debería haber recibido Pilar Cebrián, que sí recibió eso sí las propiedades de Encarna y que posteriormente vendió. “Hay unos 600 millones desaparecidos… ¿El dinero en efectivo? Las sociedades no tenían un duro. Y luego había un dinero en Suiza... Se ha dicho 500 y no, eran 600 millones. Y cuando llegué allí alguien había cambiado la cuenta y habían desaparecido”, explicaba Pilar en el desaparecido programa de Antena 3.

Además, se habló mucho durante meses del robo de una serie de joyas que tenía Encarna en una caja fuerte que apareció vacía cuando sus colaboradores llegaron a la casa. De hecho, otras dos cajas más aparecieron en la misma situación. Algo muy curioso ya que Encarna había blindado su habitación e incluso había instalado cristales antibalas en su casa de La Moraleja puesto que era una mujer muy miedosa.

Nunca más se supo ni del dinero ni de las joyas. Soledad peleó en los tribunales por conseguir lo que supuestamente le había dejado a su hijo, pero no consiguió nada. Hoy, casi 24 años después de ese Viernes Santo en el que Encarna decía adiós para siempre, solo se sabe que ese testamento que ella hizo, quizá por la superstición de marcharse al otro lado del charco, es lo único legal en toda esta polémica, que acompañó hasta después de su muerte a la mordaz locutora radiofónica.

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