¿A quién quería engañar Florentino haciendo creer que los títulos los ganaban los entrenadores?

Albert Ortega
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MADRID, SPAIN - DECEMBER 09: Zinedine Zidane Head Coach of Real Madrid (R) instructs Cristiano Ronaldo of Real Madrid (L) during La Liga 2017-18 match between Real Madrid and Sevilla FC at Santiago Bernabeu Stadium on 09 December 2017 in Madrid, Spain. (Photo by Power Sport Images/Getty Images)
Cristiano Ronaldo y Zinedine Zidane discuten un problema táctico en el Santiago Bernabéu. (Foto Power Sport Images/Getty Images)

El bochorno del Real Madrid en su estreno en la Copa de Europa ante un Shakhtar Donestk en cuadro ha puesto sobre la palestra las costuras tácticas de Zinedine Zidane y el nivel de una plantilla que apenas se ha asomado a una leve renovación. El técnico, experto en gestionar grupos humanos y sacar lo mejor de cada futbolista de la plantilla con rotaciones continuas, ha visto como, de nuevo, un equipo con menos recursos individuales le pasaba por encima sin capacidad de reacción colectiva. Privado de su fichaje estrella por segunda temporada consecutiva, Eden Hazard, el entrenador madridista no está siendo capaz de dotar de la solidez defensiva que necesita un conjunto con un techo de cristal competitivo mucho más bajo que en temporadas anteriores.

El Real Madrid aún añora la figura de Cristiano Ronaldo. Goles y personalidad. Liderazgo. Especialmente cuando su técnico decide dejar al futbolista ofensivo más brillante en la banqueta, Karim Benzema, y al que más quebraderos de cabeza trae a las defensas contrarias, Vinícius Júnior. Sin refuerzos en un mercado marcado por la austeridad y la necesidad de tener listo el nuevo Santiago Bernabéu, el equipo se ha visto desnudo tácticamente en demasiadas ocasiones. Algo que no ha compensado su calidad individual, bastante inferior en comparación a la que poseía en el pasado. Y es que cuando antes se daban situaciones similares, la estrella portuguesa tiraba del carro para poner los puntos sobre las íes y evitar ridículos europeos como el conato de eliminación ante el Wolfsburgo. Es difícil imaginar un partido como el de hoy con la ambición de Cristiano Ronaldo sobre el verde.

Está quedando claro que la épica no (siempre) puede sustituir a la pizarra. Que tratar de agitar el partido metiendo a tus dos futbolistas más dañinos tras una primera parte tétrica no sirve. Que competir 25 minutos de 90 no es el camino. Especialmente en una competición que castiga a quien no la entiende y donde los despistes se pagan muy caros desde el principio. Florentino Pérez se ha protegido tras la figura del ídolo y la mística que representa Zidane, pero esto no va a ser suficiente para volver a hacer un proyecto ganador. El Real Madrid ya se ha tragado el primer aviso, quizás ya no hay tiempo para reaccionar a un segundo. Este nivel, simple y llanamente, no da para alcanzar los objetivos.

Alguno saldrá engañado después de una segunda parte donde se estuvo tan cerca de sumar un punto como de encajar una goleada abultada. Probablemente, el primer tiempo fue tan indigno que cualquier atisbo de mejora se podía intuir como una señal positiva. Claro, ayuda tener a un delantero centro que no se esconde entre rivales como Luka Jovic, sino que busca ayudar a su equipo a través de la generación de ocasiones y la creación de sinergias con sus compañeros como Benzema. El serbio, apuesta fallida de Florentino Pérez, sufre cuando actúa como ‘9’ y no cuenta con una referencia por delante como en el Eintracht de Frankfurt. Su frialdad y desconexión sobre el terreno de juego es tan latente como la falta de cintura de Zidane para extraer un mínimo rendimiento del serbio.

El Madrid no solucionó los problemas de la primera mitad, sino que los aplazó. Presionó arriba pero dejó todas las puertas abiertas atrás. Los futbolistas del Shakhtar no pararon de pasar por la autopista que suponía la espalda de Marcelo y aprovechar el sindiós defensivo que formaron Éder Militao y Raphaël Varane. El francés se empequeñece sin el abrigo de líder de Sergio Ramos en la zaga. En este sentido, cabe apuntar que el equipo no despertó desde la pizarra y la interpretación del juego, sino desde esa llamada a la épica y el corazón. Ese “somos el Madrid”, pero no funcionó. Zidane, en lugar de aportar soluciones y dar argumentos para la remontada, se limitó a emular a Del Bosque al utilizar una anécdota que cuentó Ray Loriga sobre Del Bosque y Luís Figo en AS:

“Pues mira, tengo la suerte de conocer a Luís Figo y un día le pregunté cuáles eran las tácticas de Del Bosque y Figo me dijo: 'tiene dos, al principio decía, "chicos, haced lo que sabéis". Y si en el descanso la cosa no iba bien, decía: "haced lo que sabéis, pero más rápido porque vamos perdiendo". Y pensé, este tío es un genio.”.

El resultado es un cartel enorme de neón que reza “este equipo está muy lejos de poder disputar la Copa de Europa”. Quién sabe si también LaLiga ante un Barça en reconstrucción del que tanto se han mofado desde la capital. Quién sabe si esas risas por LaLiga del sprint no esconden un fin de ciclo para muchos de los jugadores que han formado parte de la era más gloriosa del Real Madrid. Quién sabe, en definitiva, si esta es otra de esas temporadas donde el club deja de competir el torneo de la regularidad en diciembre y busca la redención en la Champions League.

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