Enric Mas se empeña en una guerra amor-odio con la afición que no puede ganar nunca

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Movistar Team's Spanish rider Enric Mas looks on prior to the first stage of the 74th edition of the Criterium du Dauphine cycling race, 192 km between La Voulte-sur-Rhone and Beauchastel on June 5, 2022. (Photo by Marco BERTORELLO / AFP) (Photo by MARCO BERTORELLO/AFP via Getty Images)
Enric Mas se ajusta las gafas de sol justo antes de empezar su andadura en el pasado Dauphiné (Photo by MARCO BERTORELLO/AFP via Getty Images)

En 1994, Perico Delgado se presentó en su última Vuelta a España con el objetivo de subir al podio y avisó a todo el mundo con su sonrisa habitual: "Voy a tener que ir con la calculadora en cada subida". Con Rominger y Zülle como máximos favoritos, el podio del segoviano a sus 34 años parecía un imposible. Mucho más cuando Mikel Zarrabeitia se destapó como un rival de primer nivel, tanto que quedó segundo en la general detrás del suizo del CLAS.

Sin embargo, Delgado acabó tercero -no sé cuántas cosas le tuvieron que pasar a Zülle en la última crono para que así fuera- y todo el mundo celebró el éxito. Porque aquello era un éxito y porque todos estábamos ya predispuestos a celebrar cualquier cosa buena que le pasara a Perico Delgado. Se lo había ganado durante doce años, levantándonos de los televisores, "obligándonos" a ir a los Pirineos, a los Alpes, a donde fuera, para no perdernos en directo su último ataque... o su última pájara.

Al fin y al cabo, el ciclismo es eso. Es pasión. Es incertidumbre. Es ilusión o angustia ante los segundos que van pasando entre corredor y corredor. La razón por la que hay aficionados, la razón por la que las televisiones se siguen pegando por los derechos y las audiencias se mantienen en números más que aceptables teniendo en cuenta la hecatombe del ciclismo español contemporáneo (solo nueve españoles correrán el Tour de Francia que empieza hoy viernes) es porque es un deporte bonito, atractivo, de valientes.

Otra cosa es lo que piense Enric Mas al respecto y está en su derecho. En declaraciones de este mismo jueves afirmaba algo parecido a: "Atacaré cuando tenga sentido, no porque al público le apetezca". Está dolido y no lo oculta. Mas ve que ronda el podio en el Tour, que ya lo logró en la Vuelta con QuickStep y Movistar.. y que nadie lo valora. Al revés, todo el mundo le ve como un chuparruedas, como un "amarrategui". Nadie se levanta de su asiento por Enric Mas. En ese sentido, es una expectativa frustrada aunque él no lo entienda.

Enric Mas termino en el podio en la última Vuelta a España. Foto: REUTERS/Miguel Vidal
Enric Mas termino en el podio en la última Vuelta a España. Foto: REUTERS/Miguel Vidal

De cara al Tour, Mas dice aspirar al podio y reconoce que, para eso, conviene aguantar y no hacer locuras populistas. La calculadora. Con 27 años, nos quiere vender el mismo mensaje que Perico con 34. La diferencia es que él no ha ganado un Tour ni ha ganado dos Vueltas. Él no ha despatarrado a Lucho Herrera ni a Bernard Hinault ni ha ganado una grande a Robert Millar pese a empezar la penúltima etapa cinco minutos y medio por detrás.

Mas cree que ha cumplido, pero no entiende lo que es "cumplir" de cara al aficionado. Nos necesita, aunque solo sea porque nos necesita su patrocinador y su sueldo depende de que a ese patrocinador le salga en cuenta poner el dinero. Y no nos hagamos líos con esto: lo que quiere el patrocinador no es solo ganar (porque ganar, gana uno cada día, no más) sino que quiere que se asocie su marca con el espectáculo, con la valentía, con lo imprevisible.

El problema es que, a la vez que nos necesita, Mas nos desprecia. Le caemos mal. Se le nota en el gesto y en las palabras. Nosotros, los aficionados que no sabemos de ciclismo. Los populistas. Los que alabamos a Mikel Landa por conseguir lo mismo (o a menudo menos) de lo que consigue él. Los que no entendemos que cuando no hay fuerzas, uno no puede atacar. Los que no alabamos la regularidad, el enorme mérito de mantenerse un día sí y otro también en el grupo de los mejores del mundo cuando las cosas se complican. Nosotros, los flipados.

Y en esa relación amor-odio, Enric Mas va a perderse. Se lo comerán Ayuso y Rodríguez. Porque no hay manera de enfrentar una relación con el aficionado más que desde la pasión y Mas es demasiado tímido. Ni hay margen para amarlo con locura ni hay tampoco motivos para odiarlo. Así, se quedará en un tibio término medio, luchando por un podio que, sí, quizá algún día llegue, pero no encontrará el eco que encontró el de Valverde hace unos años. Porque todo este rollo "no me entendéis" no nos hace pensar que sea culpa nuestra ni que nos estemos perdiendo un gran misterio. A Mas lo hemos visto antes con otros nombres y sabemos que, por ese camino, se llega hasta donde se llega. Nunca más allá. Es increíble que en la estructura que dio pie al mito Perico nadie se lo haya explicado.

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