El deplorable vídeo de Enric Mas simboliza todo lo malo que rodea a Movistar

UTRECHT, NETHERLANDS - AUGUST 20: (L-R) Enric Mas Nicolau of Spain, Lluis Mas Bonet of Spain, Alejandro Valverde Belmonte of Spain, Jose Joaquin Rojas Gil of Spain and Nelson Filipe Santos Simoes Oliveira of Portugal and Movistar Team during the team presentation prior to the 77th Tour of Spain 2022, Stage 2 a 175,1km stage from `s-Hertogenbosch to Utrecht /  #LaVuelta22 / #WorldTour /  on August 20, 2022 in Utrecht, Netherlands. (Photo by Bas Czerwinski/Getty Images)
Enric Mas y cuatro compañeros del Movistar posan antes de la salida de la segunda etapa de la Vuelta a España (Photo by Bas Czerwinski/Getty Images)

En 2020, justo coincidiendo con el inicio del confinamiento, Movistar y Abarca Sports decidieron dar un paso adelante decisivo: explicar al mundo, desde dentro, rodeados de cámaras, cómo funciona un equipo profesional por dentro. Es algo que, desde entonces, estamos viendo en otros equipos y que ha cruzado fronteras hacia otras especialidades deportivas. Lo que no está nada claro es que todos esos esfuerzos por explicar el día a día hayan conseguido que determinados espectadores lo entiendan. Uno podría imaginar que al mostrar a los corredores como personas, se despertaría una mayor empatía hacia ellos. Ha sido al contrario: como casi siempre en televisión, lo que ha despertado es un odio atroz.

Que Movistar es un equipo con problemas de resultados se hace evidente al ver su clasificación en el World Tour, a un paso del descenso. Que abusa de una táctica conservadora que choca especialmente con el ciclismo caníbal al que nos estamos acostumbrando es un juicio técnico con el que se puede estar de acuerdo o no. Que Enric Mas, en concreto, no es un corredor de grandes ataques sino más bien un "diesel" capaz de aguantar y resistir pero rara vez de rematar está clarísimo. Ahora bien, nada de eso, que forma parte de cualquier deporte y sus vicisitudes, justifica lo que vimos ayer en las redes sociales.

Me refiero al ya famoso vídeo en el que un espectador bravucón y maleducado, que ya había tenido su momento de gloria en el Tour de Francia gritándole "¡A segunda, oé!" a un coche de Movistar (¿qué clase de persona se va a Francia, se coloca en un gran puerto, todo para gritarle a un coche?), le grita "paquete" a Enric Mas al poco de cruzar la línea de meta en Laguardia. Todo, además, en un día en el que Enric solo había quedado detrás de Primoz Roglic y Mads Pedersen en un sprint cuesta arriba. No hablamos de rivales cualesquiera, desde luego.

El vídeo recuerda a los de aquellos youtubers que andan provocando a trabajadores con el único objetivo de que estos reaccionen y luego reírse en comunidad con ellos. Una comunidad de odio y escarnio. El hecho de que el usuario lo haya borrado inmediatamente de Twitter no hay que considerarlo una victoria. Afortunadamente, el aficionado medio ha reaccionado con repulsa y sin gana ninguna de reír ese tipo de gracias. Desafortunadamente, ya habrá foros y espacios en los que dicho exabrupto haya sido celebrado y lo esté siendo todavía.

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Dejando a un lado las imágenes, el acoso a un trabajador -sí, Enric Mas estaba trabajando- que va a 150 pulsaciones por minuto y que no ha hecho absolutamente nada para justificar la agresión verbal y la demostración de que hay una parte de la afición ciclista española, que no tiene nada que ver con el fútbol, que disfruta con el escarnio y con el insulto y tiene sus blogs y sus blogueros siempre dispuestos a incendiar esos fuegos -el autor del vídeo no es el que llama "la patrulla canina" a Movistar por las redes, con miles de visitas diarias a su blog-, habrá que hacer mea culpa por la imagen que nosotros, los medios, tampoco hemos conseguido transmitir de Enric Mas y de su equipo.

Van ya tres años de resultados pobres. Eso es indudable. Ahora bien, este no es el Banesto que hacía y deshacía y fichaba a los mejores ciclistas del mundo. Ni siquiera es el equipo de 2019 que juntó a Carapaz, Quintana, Landa y Valverde. Es un equipo de presupuesto medio que no ha conseguido sacar el máximo rendimiento de algunos fichajes arriesgados -Cortina, Sosa, en el pasado López...- y que tira como puede de lo que rascan Valverde, Aranburu, Kanter... y, en años pasados, Enric Mas.

Porque la clave de todo esto, obviamente, es Enric Mas, que es a quien van todos los insultos. Enric Mas es una construcción del imaginario común en la que depositamos todas nuestras emociones y frustraciones. ¿Es un campeonísimo? No. ¿Corre de una manera atractiva? Tampoco. ¿Sus resultados son buenos y mucho más en los tiempos que corren? Desde luego. Se dice mucho que Mas "no ha rendido como nos habían vendido". Yo no sé lo que les han vendido a ustedes, pero lo que yo esperaba cuando fichó por Movistar era más o menos lo que estoy viendo estos años.

Mas no es un ganador de etapas, Mas no tiene el motor para demarrar a diez kilómetros y aguantar la ventaja. Insistir en que no lo ha intentado nunca es mentir. Mas lo ha intentado varias veces en varias etapas de montaña... pero no se va. Y cuando se va, el primer ataque de alguien realmente potente acaba reintegrándolo al grupo. Mas, que tanto nos desespera cuando, desafiante, dice: "No voy a correr como me digan en Twitter", no deja de ser un corredor que, a los 27 años, ha sido dos veces segundo en la Vuelta, la última detrás de un intratable Roglic, y que, sano, es un top ten seguro en el Tour.

¿Nos vale eso? Pues nos tendrá que valer. "Es que yo quiero que le gane a Roglic, a Pogacar, a Vingegaard, a Bernal y a toda la tropa de corredores INEOS". Muy bien. Eso es lo que usted quiere, pero reconocerá que es difícil que pase. Porque Enric Mas, que es mejor que el 95% del pelotón, es peor que esos corredores. Podría tener opciones en un Giro de Italia como el de 2020 o el de 2022, pero corre en un equipo que prioriza Vuelta y Tour por encima de todo. Y que es lógico que así sea. Vamos a ver cómo siguen las cosas porque no parece que el payaso de la cámara vaya a cejar en su empeño... pero tampoco parece que Mas le vaya a dar muchos motivos para la chanza. O eso esperamos, porque el chico, de verdad, se lo merece.

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