¿Qué le enseñó Gallardo a Driussi?

Mirando videos de Suárez y de Teo, aprendió a ir al vacío. De los 43 partidos de River en la temporada, estuvo los 43. La historia en Disney.

Ramón Díaz estaba en el vestuario y no lo vio, pero se lo contaron. El 24 de noviembre de 2014, la Reserva de River, en el Cilindro, le había ganado a la Academia 3-1. A los doce minutos del segundo tiempo, como si hiciera molinete con su propia cintura, Sebastián Driussi, un pibito de 17 años, agarró de volea un centro de izquierda a derecha y lo liquidó. Antes, había ya metido otro gol. Con un grito de Bruno Zuculini, el Racing de Mostaza Merlo ganó 1-0 y los de la banda roja quedaron decimoséptimos en la tabla, con 17 puntos. Enojado, a días de haber quedado fuera de la Copa Sudamericana, el entrenador Millonario se enojó, borró algunos futbolistas y metió de titular, para la fecha 18, contra Argentinos, en el Monumental, al pibe. En el cuello, tres años después, el goleador de River tiene grabado con agujas el 1/12/2013.


Driussi, aún así, no le guarda un especial afecto a Ramón Díaz. Lo puso ese día y no lo incorporó más. Su estadía en el club empezó a desfallecer, estuvo al borde de irse a pelear el descenso con Vélez y Marcelo Gallardo le pidió que se quedara. Días más tarde, empezó a mostrarle videos de Luis Suárez. A él y a Lucas Alario. Pocas cosas fastidian más al Muñeco que los jugadores que sólo piden al pie y no buscan que la pelota que les llegue buscando en el vacío. Entonces, le enseñó lo que ya tenía incorporado en los días en que, junto a Augusto Batalla y a Leandro Vega, salieron campeones de una categoría ganando los 23 partidos disputados: arrancar como falso nueve hasta llegar, con el equipo en movimento, al espacio de centrodelantero. Ahí está su mayor talento: en imaginar adónde la pelota le puede caer más cómoda para terminar en gol -pese a que asegura disfrutar de retrasarse y armar juego con Ariel Rojas y con Nacho Fernández-.

La metió sin parar y llegó a 17 gritos, un paso atrás de Darío Benedetto. No es una cosa de hoy: ya la temporada pasada la rompió. Pero para Gallardo la historia viene de mucho antes. Porque la primera vez en que su plantel fue a Disney a hacer la pretemporada, el Muñeco se quedó con dos jugadores que lo sorprendieron: Ramiro Funes Mori y Driussi. Un año después, cuando el pibe se iba, otra vez, en la ciudad de los sueños animados, decidió declararle su valoración, para que no se fuera. Desde que comenzó esta temporada, River jugó 43 partidos: el delantero jugó los 43.

Siempre es una historia rara la de los goleadores de inferiores de River. Muchos llegan, muchos no. Driussi es el caso de los que eran cracks desde chicos: “Tenía mucha precisión con la pelota, le pegaba fuerte, era goleador y era decisivo”, cuenta Bruno Quinteros, que ahora está en el club de Nuñez, pero conoció al delantero en los torneos de baby de Mataderos, donde el pibe jugaba para Brisas del sur.

Pero en el manual para no perderse, Driussi eligió el camino del orden: parido en las zonas marginales de Isidro Casanova, se fue a los 17 años a vivir a Ramos Mejía con su representante. “Los hijos de él me tenían celos, pero me acomodé. Tiempo después pude sacar a mi familia de ahí”, confiesa, ahora, que ya se emancipó, vive solo. Sin, por eso, perder paternidades que lo controlan: Gallardo, para él y para el resto del plantel, prohiben el uso de celulares en las comidas y, si te ven, hay multa.

En el living de su casa, Driussi tiene colgadas las camisetas que cambió en la final del Mundial de clubes: la de Neymar y la de Dani Alves. Gallardo le mostró videos de Suárez, pero también de Teófilo Gutiérrez en River. Recibió ofertas de la Roma, de Turquía y de España. Tiene 21 años, pero debutó hace tanto que parece tener mil. Aún así, nada es lo mismo. Aunque Ramón lo hizo debutar, señala a Gallardo como su referente. La respuesta la detalla en la sed tan goleadora como insaciable que acumula: “Marcelo nos pide que siempre estemos con la sangre en el ojo”. 


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