¿Es Guardiola un fracasado por no ganar la Champions?

Luis Tejo
Manchester City's manager Pep Guardiola poses for a picture as lifts the trophy after winning the English FA Cup Final soccer match between Manchester City and Watford at Wembley stadium in London, Saturday, May 18, 2019. Manchester City won 6-0. (AP Photo/Tim Ireland)
Guardiola con el trofeo de la FA Cup. Foto: AP Photo/Tim Ireland.

Ojo, que no lo sugerimos nosotros. Son palabras suyas, del propio Pep Guardiola, el entrenador del Manchester City inglés. “Sé que al final seremos juzgados por ganar o no la Champions League. Sé que si no lo conseguimos, nada será suficiente”, dijo en declaraciones que recoge la BBC.

Y no lo afirma en cualquier momento, sino justo después de que su equipo se proclame campeón de la FA Cup, el equivalente inglés a la Copa del Rey, tras derrotar el pasado sábado al Watford por un aparatoso 6-0. Este título se suma al de la Copa de la Liga (el torneo que, por motivos de patrocinio, se conoce como Carabao Cup) que logró en febrero superando al Chelsea, y sobre todo a la Premier League conquistada en la última jornada, tras llegar a una cifra realmente impresionante: 98 puntos, con 32 partidos ganados de 38.

Tres títulos oficiales en una temporada. Escrito de forma más breve, “triplete”, impresiona más todavía. Y sin embargo los críticos se centran en que en la Champions League no pasó de cuartos de final, al caer eliminado contra el Tottenham por el valor doble de los goles en campo contrario.

Un solo gol le dejó fuera de los cuatro mejores de Europa. Entre eso y sus éxitos nacionales, cualquiera podría pensar que la campaña 2018/19 del City ha sido todo un éxito. Y sin embargo, la palabra “fracaso” se ha escuchado alguna que otra vez, aunque su propio entrenador intente vender lo contrario.

Una situación similar vive uno de sus sucesores en el Barcelona: Ernesto Valverde. El extremeño lleva dos campañas al frente de los azulgranas, con quienes ha conseguido otras tantas Ligas, una Copa y está en la final de otra. En España no hay quien tosa a su equipo. Y sin embargo, como en la Champions ha caído, la prensa especializada y muchos aficionados claman contra él y exigen que alguien le sustituya cuanto antes en el banquillo.

Ocurren cosas parecidas en Alemania, donde el Bayern tiene una autoridad incontestable, pero como llevan sin levantar la Orejona desde 2013 se considera que gente como Ancelotti o el propio Guardiola no han triunfado. Tres cuartos de lo mismo en la Juventus o el PSG, que dominan Italia y Francia con mano de hierro pero no logran el trofeo internacional. Hemos llegado a un punto en el que si no ganas la Champions parece que no eres nadie.

En rigor, aunque parezca que lo estén comprando hasta los propios profesionales del fútbol, el planteamiento es bastante injusto. Por definición, la Champions League, como todo campeonato, solo la puede ganar un equipo. Lo normal, aunque sea por pura estadística, es no ganarla. La derrota es lo habitual.

Tildar de fracasados a todos los demás equipos es un abuso que acaba con la esencia del deporte. Todos queremos que nuestro equipo favorito triunfe, por supuesto, pero estamos llegando a un punto en que la victoria nos genera auténtica ansiedad. Ya no disfrutamos de los triunfos, sino que los asumimos como lo mínimo aceptable y nos indignamos si no lo logran.

Con la cantidad de dinero que se mueve en el fútbol, esta forma de pensar puede llegar a ser comprensible de cara a los aficionados. Es difícil explicarle a alguien que su club se ha gastado 150 millones de euros en fichajes y aun así no consigue “ser el mejor”. Lo que pasa es que a menudo nos olvidamos de que, aunque nosotros derrochemos 150, a lo mejor el vecino de al lado tira 200 en un mercado que se está convirtiendo en una escalada de dispendio sin sentido que todos tenemos claro que algún día terminará, pero nadie se atreve a ponerle fecha. Un ejemplo claro en este sentido es el Atlético de Madrid, cuyos recursos económicos siguen siendo muy inferiores a los de sus competidores... pero aun así, incluso desde dentro se le exige con vehemencia levantar trofeos.

Por otra parte, seamos claros. La Champions League es, sin duda, el trofeo que tiene más prestigio en el panorama futbolístico actual, pero no necesariamente el que determina al mejor equipo del año. Como en cualquier competición por eliminatorias, no se premia la regularidad y la constancia, no se valora ser el más brillante durante todo el curso. Un solo día malo, un despiste puntual, un córner mal defendido, te puede dejar fuera y cargarse el trabajo de toda la temporada. Y al contrario, un día o dos de inspiración, o de fortuna, o de árbitros despistados, pueden bastar para alcanzar la gloria sin ser los más potentes.

Sería deseable que nos relajáramos un poco y dejáramos de abusar de la palabra “fracaso”. Es cruel, poco rigurosa y desmerece el resto de méritos conseguidos a lo largo del año. Y además nos vendría muy bien para nuestra salud mental y para evitar vivir siempre amargados por decepciones que, si nos paramos a pensarlo, no tienen fundamento.

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