La estrella que se convirtió en una causa perdida

Albert Ortega
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GETAFE, SPAIN - OCTOBER 17: Ousmane Dembele of FC Barcelona salutes Ronald Koeman after being substituted during the La Liga Santader match between Getafe CF and FC Barcelona at Coliseum Alfonso Perez on October 17, 2020 in Getafe, Spain. (Photo by Mateo Villalba/Quality Sport Images/Getty Images)
Ousmane Dembélé sale sustituido tras otra actuación gris. (Foto Mateo Villalba/Quality Sport Images/Getty Images)

¿Se imaginan a un conductor novel al volante de un Ferrari que va 200 km/h por la zona peatonal de un pueblo? Ver jugar a Ousmane Dembélé produce una sensación similar. El espectador sabe que cuando el francés controla el balón, si es que se le puede llamar así a ese primer contacto irregular con el que acompaña el cuero, algo anormal va a suceder. Algo que no está en los planes. Y es que el galo es la definición por antonomasia de la imprevisibilidad. Tanto para el rival como para sus compañeros. Potencia sin control. Caballo grande ande o no ande. Sea como fuere, Dembélé está muy lejos de lo que prometía en su día.

Tres años después de su fichaje por el Barça a consecuencia de la marcha de Neymar al PSG, el francés sigue presentando las mismas virtudes y defectos en su hoja de servicios. Es una obviedad que no ha mejorado en ninguno de los principales aspectos que le impedían marcar la diferencia en su día y que, en la actualidad, también le impiden convertirse en una estrella. Hablar de Ousmane Dembélé es sinónimo de mencionar esperanza y proyecto. Desafortunadamente, cada vez queda menos lugar para la esperanza; mientras que sobre el proyecto de crack tampoco hay brotes verdes. Y es que, como Nélson Semedo en su día, el francés no ha evolucionado futbolísticamente desde que aterrizó en el Camp Nou. Todo el mundo espera a un jugador que nunca llega. Un quiero y no puedo constante.

Las pérdidas de balón de Ousmane Dembélé ante el Getafe.
Las pérdidas de balón de Ousmane Dembélé ante el Getafe.

Ousmane posee condiciones como para convertirse en uno de los jugadores más decisivos del planeta desde una posición donde cada vez hay menos especialistas, el extremo regateador, pero no hay manera. Golpeo de balón, dominio de las dos piernas, velocidad, zancada, desborde, amenaza al espacio y potencia...todo esto se queda en nada. Al galo se le apagan las luces cuando se acerca al área y debe tomar una decisión importante; de las que pesan de verdad en la élite. De las que te encumbran a ganar partidos. Capítulo a parte merece su historial de lesiones y su díscolo comportamiento.

Ante el Getafe tuvo la llave del encuentro. Mientras Griezmann pululaba por dentro en el flanco derecho, Dembélé pudo abrir el campo desde la izquierda. Generar ventajas a través del desborde frente a su par, la aglutinación de rivales y la generación de ventajas que solucionaran problemas colectivos, pero otra vez se quedó por el camino hasta desquiciar a propios y extraños. O le sobraba un regate o no levantaba la cabeza cuando tocaba antes de enviar el pase. De hecho, registró tan solo una pérdida de balón menos que Griezmann, Pedri y Messi juntos (8) según el portal de datos Whoscored.

Capaz de lo mejor y de lo peor, sus compañeros tampoco acaban de entender el fútbol individualista de Dembélé. O mejor dicho, Ousmane no sabe cómo adaptar su juego al del colectivo. Ni con Messi ni con Griezmann. Hasta Pedri ha encajado más rápido en el conjunto catalán. Paradigma de la individualidad, el francés juega su propio encuentro en cada partido que disputa como azulgrana. A veces supera a su marcador y arranca una sonrisa en la cara de los aficionados, pero todo se evapora cuando llega el momento de la verdad. ¿Hasta cuándo te esperarán, Ousmane?. Quizás esta sea tu última oportunidad.

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