Europa League: Marsella quiere fiesta catorce años después

Aficionados del Olympique de Marsella en el estadio Velodrome. (Foto: AP Photo/Thibault Camus)
Aficionados del Olympique de Marsella en el estadio Velodrome. (Foto: AP Photo/Thibault Camus)

Cuando aquel grupo de tributo a ABBA subió al escenario antes de la final de la Copa de la UEFA contra el Valencia, los del Marsella no imaginaban que aquellos minutos de pop recauchutado e inofensivo serían un preámbulo engañoso. Era 2004 y después del azúcar llegaron la expulsión de Barthez por derribar a Mista y un latigazo con el exterior del propio delantero che. El Olympique encabritado del joven Drogba al hoyo. Algún marsellés pudo pensar entonces que la derrota no era para tanto. Que aquel trofeo eran migajas comparadas con la Copa de Europa que habían ganado en el 93. Alguno pensó que regresarían pronto y se equivocó.  “The winner takes it all” se hizo partido y después travesía en el desierto. Los del Velodrome han tardado catorce años en regresar a la final. Ahora pueden enterrar Waterloo frente al Atlético de Madrid pero el camino de regreso ha sido durísimo.

Perder duele pero se lleva mejor cuando el que celebra durante toda la noche en la fuente no es tu eterno rival. Después del Saint-Etienne, el OM es el equipo más laureado de Francia. También el más popular y el único que ha ganado una Copa de Europa. Conviene valorar ese escenario para entender el mosqueo de sus aficionados durante las últimas décadas. Salvo el paréntesis que supuso la liga de 2010 con Deschamps en el banquillo, Marsella mastica polvo mientras sus rivales históricos beben vino. Olympique de Lyon primero y Paris Saint-Germain los han sometido sin desmayo en Francia desde principios de los años noventa.

Aquel Marsella del trilero Tapie que ganaba ligas en lote y peleaba la gloria europea con jugadores inolvidables dio paso a un equipo ramplón que apenas se ha echado a la boca un par de caramelitos como la Copa de la Liga. Donde Papin y Boksic han jugado Koji Nakata o Torrisi. Mirar a la grada y ver fuego, mirar al césped y ver cenizas. De ser una potencia de mercado a despedir demasiado pronto a sus mejores cromos. Drogba, Ribéry, Nasri, Ben Arfa, Valbuena y ahora Batshuayi abandonaron Marsella sin besar laureles.

Frank McCourt (con gafas y camisa azul), dueño del Olympique de Marsella, el palco tras Michel Platini (Foto: REUTERS/Eric Gaillard)
Frank McCourt (con gafas y camisa azul), dueño del Olympique de Marsella, el palco tras Michel Platini (Foto: REUTERS/Eric Gaillard)

Sin embargo, algo se ha movido en los últimos dos años. El magnate estadounidense Frank McCourt compró el equipo en 2016 y desde el principio quiso recuperar el estilo ambicioso que siempre caracterizó al club. En 20 años de la familia Louis-Dreyfus al frente, el club solo pudo celebrar una liga y tres Copas de la Liga; McCourt ambiciona piezas mayores. “Mi objetivo número uno es acabar entre los tres primeros de la Ligue 1 todos los años, el segundo es ganar la liga más veces que perderla. El tercero es ganar la Champions League”, anunció el nuevo dueño. Aquella declaración seguirá sonando a boutade mientras Catar siga alimentando los sueños del PSG pero también a soplo de aire fresco tras dos décadas de mediocridad.

Para competir con el músculo financiero de París, McCourt ha sustentado su proyecto en tres pilares robustos: Andoni Zubizarreta, Rudi García y Dimitri Payet. El regreso a casa de Payet por 30 millones ha sido el mascarón de proa en el campo (Mitroglu, Rami o Luiz Gustavo también llegaron para aportar su experiencia) y mientras que la pareja Zubizarreta-García busca el prestigio y la estabilidad en el liderazgo que se tragó el sumidero en anteriores etapas con Bielsa, Míchel o Passi en el banquillo.

Dimitri Payet, estrella indiscutible del Olympique (Foto: REUTERS/Philippe Laurenson)
Dimitri Payet, estrella indiscutible del Olympique (Foto: REUTERS/Philippe Laurenson)

La primera temporada de la era McCourt les vio acabar en discreto quinto puesto, pero en la segunda les tiene peleando por el subcampeonato en Francia y por un título europeo. En liga, el equipo de Rudi García se ha mostrado solvente frente a equipos modestos pero ha pinchado en los enfrentamientos directos. En Europa, en cambio, su evolución ha sido notable, imponiéndose con claridad al Athletic y jugando una eliminatoria muy inteligente en semifinales frente al Salzburgo. Lo ha hecho, además, honrando el lema más reconocible del club. Con el ultraofensivo García el Marsella va ‘droit au but’, directo al gol.

Thauvin pone los goles y Payet la creatividad, laterales como Sakai, Amavi y Sarr el vértigo y el veinteañero Maxime López esa extraña efervescencia que precede solo a los futbolistas con ángel. El Marsella llega a la final en un estado de forma óptimo y con un equipo que, por fin, puede mirar a los ojos a los que hicieron historia para el club. La UEFA ha confirmado que esta ocasión no habrá sucedáneos sobre el escenario. Antes del partido actuaran Ofenbach, una pareja de DJs franceses cuyo último éxito se titula de manera inequívoca ‘Party’ Marsella se muere por celebrar una tras catorce años de abstinencia.

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