Existen 3 tipos de quejas, pero solo una te será útil

Dedicamos dos días al año a quejarnos. [Foto: Getty]
Dedicamos dos días al año a quejarnos. [Foto: Getty]

1 300 veces al año. No son las veces que sonreímos o los abrazos que damos sino a la cantidad de veces que nos quejamos. Todos los días dedicamos una media de 8 minutos y 46 segundos a quejarnos, lo cual significa que al final del año las quejas habrán ocupado unas 53 horas (más de 2 días) de nuestro tiempo, según reveló una encuesta.

Pasamos demasiado tiempo – mucho más del que aconseja la prudencia, el sentido común y nuestro equilibrio mental - quejándonos. Nos sumergimos - más o menos gustosos - en el mar de la negatividad y las quejas, sin darnos cuenta de que nadar en esas aguas puede pasarnos factura.

Desplázate para ir al contenido
Anuncio

¿Cuál es tu “umbral de la queja”?

 “El hombre inventó el lenguaje para satisfacer su profunda necesidad de quejarse”- Lily Tomlin [Foto: Getty]
 “El hombre inventó el lenguaje para satisfacer su profunda necesidad de quejarse”- Lily Tomlin [Foto: Getty]

Escenario: Atasco en hora punta. Cientos de vehículos avanzan lentamente en una fila que parece no tener fin.

Conductor 1: Se enfada y maldice. Su irritación va en aumento con cada minuto que pasa, pero no por ello consigue avanzar más rápido. Llega a casa extremadamente frustrado y se queja con su pareja del terrible atasco que acaba de dejar atrás.

Conductor 2: Toma un respiro. No le gusta estar atrapado en el atasco pero asume que no puede hacer nada para ir más rápido. Piensa en cómo puede pasar mejor el tiempo. Escucha música. Llega a casa, le menciona el atasco a su pareja y acto seguido le cuenta cuán bien le fue la jornada de trabajo.

Misma situación, diferentes modos de afrontarla. Para algunos, los motivos de queja son infinitos, desde el tráfico y el tiempo hasta el trabajo y la política, sin olvidar la familia. Otros se quejan poco, no porque sean más afortunados, sino porque lidian de manera diferente con los contratiempos, problemas y conflictos.  

Las quejas siempre encierran una insatisfacción, pero esa insatisfacción no viene dada únicamente por las circunstancias externas, sino que está mediada por nuestras expectativas y nivel de sensibilidad.

En el ámbito médico existe lo que se conoce como “umbral de la queja”, una medida que indica el grado de sensibilidad de los pacientes a partir del cual los síntomas comienzan a producir molestias que necesitan externalizar. En Psicología, el umbral de la queja es el nivel a partir del cual nos incomodamos y expresamos ese malestar. Ese umbral es distinto para cada persona. De hecho, mientras algunas personas se quejan por todo, otras parecen sobrellevar mejor los contratiempos de la vida.

Hay quienes tienen un umbral de la queja muy bajo, de manera que los menores reveses o incluso hechos que tienen muy poco que ver con ellas dan pie a un rosario de lamentaciones infinito. Estas personas suelen tener expectativas irreales o demasiado elevadas, por lo que es fácil que la realidad termine decepcionándolas. También tienen una escasa tolerancia al conflicto y a la incertidumbre, por lo que cualquier contratiempo tiene el potencial para desatar la queja.

Se trata de personas que pierden la objetividad con facilidad y se dejan inundar por las emociones negativas. Al no ser capaces de canalizar esas emociones de manera asertiva, estas se traducen en quejas, sin que medie reflexión alguna. Así la queja, que inicialmente era un mecanismo de desahogo emocional, termina convirtiéndose en un hábito que matiza su forma de relacionarse con el mundo y vivir.

De las quejas destructivas a las constructivas

“No debe el hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues no le servirá de nada. Su poder radica en mejorarlos” - Thomas Carlyle [Foto: Getty]
“No debe el hombre lamentarse de los tiempos en que vive, pues no le servirá de nada. Su poder radica en mejorarlos” - Thomas Carlyle [Foto: Getty]

El hombre inventó el lenguaje para satisfacer su profunda necesidad de quejarse”, dijo la actriz Lily Tomlin. Todos nos quejamos. No es necesario emprender una cruzada contra las quejas. Pero necesitamos ser conscientes de que existen algunas quejas que nos sumen en un bucle de negatividad que de poco o nada nos sirve mientras otras pueden ayudarnos a salir de la situación que nos incomoda. El psicólogo Robert Biswas-Diener afirma que existen tres tipos de quejas, dos de las cuales son dañinas:

1.    Quejas crónicas

Hay personas que nunca están satisfechas. No importa cuánto tengan, cuán lejos hayan llegado en la vida o cuánto les sonría la suerte. Se centran en lo que les falta, en vez de valorar lo que tienen. Ven los retrocesos en lugar de centrarse en el progreso. Como resultado, siempre encuentran algún motivo para quejarse, de manera que sus quejas se convierten en un problema crónico.

Esa visión sesgada y pesimista del mundo, sostenida a lo largo del tiempo, puede terminar alterando sus redes neuronales, alimentando el estrés y la depresión, emociones que se reflejan en el cuerpo, como comprobaron investigadores de la Universidad de Aalto, y pueden desencadenar diferentes enfermedades psicosomáticas.

2.     Quejas de desahogo

A veces el desahogo viene en forma de quejas, las cuales expresan una insatisfacción emocional. A diferencia de las quejas crónicas, que abarcan todo el espectro de lamentos posible, las quejas para desahogarse suelen estar centradas en la persona y sus experiencias directas. Expresan rabia, frustración, resentimiento y/o decepción, generalmente para recibir atención y validación de quienes las escuchan. De hecho, el objetivo de estas quejas no es resolver el problema, sino simplemente ventilarlo.

Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad Estatal de California confirmó que, si bien ventilar nuestras emociones a través de las quejas puede ser liberador a corto plazo, se convierte en un boomerang que nos hace sentir mal a largo plazo ya que solo sirve para reforzar los estados negativos. Estas quejas no cambian las emociones que las generaron, sino que a menudo solo las amplifican, haciendo que caigamos en un círculo vicioso marcado por la desesperanza.

3.     Quejas instrumentales

Nos quejamos mucho, pero solo el 25% de nuestras quejas tienen una finalidad instrumental. Las quejas instrumentales son aquellas que se dirigen a resolver el problema o cambiar la situación que nos molesta. Son quejas que, si bien pueden ser catárticas, no solo expresan un malestar, sino que también buscan una salida. Quejarnos con la persona que está a nuestro lado en la mesa porque el chef no cocinó lo suficiente la carne no cambiará nada. Quejarnos con el camarero y pedirle que nos cocinen un poco más la carne nos permitirá obtener lo que deseamos.

Las quejas en sí no son un problema, el problema es que no hagamos nada para resolver lo que nos molesta y nos quedemos atrapados en un bucle de insatisfacción. No es casual que investigadores de la Clemson University revelaran que las personas felices se quejan menos por cosas pequeñas y tienen un mayor nivel de autoconciencia, el cual les ayuda a quejarse de forma más estratégica y gestionar mejor las emociones que generan las decepciones para resolver los problemas.

Por tanto, la solución no es volvernos masoquistas o sufrir estoicamente con las cosas que no nos agradan o nos causan daño, sino decidir conscientemente cómo vamos a reaccionar para resolver el problema.

Un estudio desarrollado en la Universidad de Eindhoven reveló que cuando dejamos de quejarnos, al menos por un tiempo, podemos gestionar mejor nuestras preocupaciones porque nos deshacemos del estado de desesperanza, malestar y desilusión permanente en el que nos sumen las quejas. Si no está en nuestras manos solucionar lo que nos molesta, necesitamos aprender a mirar lo que nos ocurre con otros ojos. Una carga es más ligera cuando la llevamos con calma que cuando nos quejamos de su peso a casa paso

Como dijera el emperador romano Marco Aurelio: “Recuerda que todo lo que escuchamos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no es la verdad […] Si estás afligido por algo externo, ese dolor no se debe al acontecimiento en sí, sino al significado que le das, y tienes el poder de eliminarlo en cualquier momento […] Tú tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos. Date cuenta de esto y encontrarás la fuerza”.


¿Quieres seguir leyendo? Los daños terribles que causa la hipersensibilidad emocional

Otras historias